4 de diciembre 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Daniel Scioli y Rey Juan Carlos
Daniel Scioli y Rey Juan Carlos
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Con aire algo nietzscheano, el columnista proclama: «Ya no hay muchos dioses» (el autor de «Así habló Zaratustra» había cantado «Dios ha muerto»). En la línea de revisión de la historia eclesiástica -algo que permea también en algunos colegas como Horacio Verbitsky, ya un consumado historiador eclesiástico-, Grondona busca alguna interpretación en el escandaloso discurso del papa Benedicto XVI en Ratisbona, que le valió una querella no terminada con el islamismo, al que calificó de violento reflotando argumentos del siglo XV.

¿Fue un error del Santo Padre -se preguntael columnista- o una parábola que tiene un propósito estratégico que heredó de Juan Pablo II? Sería, afirma, una manera de encapsular la violencia de las tres iglesias históricas (cristiana, judía, el islam) en el pasado y explorar alguna forma de comunión en estos años reflotando a los sectores no violentos de esas tres confesiones.

Según Grondona, eso es posible -de ser cierta esta interpretación- porque «ya no hay muchos dioses», ha muerto el monoteísmo de manual y en realidad hay grandes conglomerados de fieles que adoran a un Dios sin apellido que puede consolar a todas las confesiones. Interesante aporte de periodismo teológico que habrá consolado a más de un creyente lector de «La Nación» preocupado por esa imagen que el columnista señala como el comienzo de una nueva era: Benedicto XVI orando en Estambul en la mezquita Azul junto a un imán mirando hacia la Meca.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Corre el riesgo este periodista de que sus colegas le apliquen el nuevo código de ética si no les dice a los lectores que las palabras del Presidente que reproduce en la columna de ayer se las dijo Néstor Kirchner a él o al jefe de los diputados españoles que visitó el despacho del santacruceño, o a un testigo del encuentro. Igual, vale retener lo principal de esos dichos kirchneristas porque traducen el temperamento del mandatario en algunas cuestiones de la hora:

- Sobre la crisis de las papeleras con el Uruguay: «No estoy cerrado a un acuerdo con Uruguay». La presencia desde mañana del delegado del rey de España puede redundar en una tregua, que ya se intentó en Chile, de la cual podrían surgir un levantamiento de los cortes y una paralización de las obras en la finlandesa Botnia. ¿Por qué ocurriría ahora lo que fracasó antes? No lo explica nadie en esa peña que relata el periodista, que se da cuenta del voluntarismo de estas palabras: «El rey puede más que nosotros dos juntos». Arrinconado, el Presidente repite los diarios cuando acumula en la charla soluciones: desde derivar fluidos a una zona lejana del río Uruguay hasta la fantasiosa ligustrina para tapar la pipa de Botnia que imaginó un arquitecto.

- Sobre política: «Lavagna se equivocó. Pudo ser jefe de Gobierno de la Ciudad en 2007 y presidente en 2011. Yo sé que la política no es eterna para nadie». Interesante confirmación de algo que había contado el propio Lavagna, que lo despidieron cuando se negó a ser el candidato porteño del gobierno. El ex ministro nunca dijo por qué rechazó esa tentación del poder. «¿Carrió? Me sorprendió. Es más amplia de lo que yo creía. Puede crear ahora una alternativa de centro importante», la halaga a la musa del ARI. De Macri confiesa temor a su incursión en la provincia de Buenos Aires, que está en el origen de su lanzamiento del Scioli bonaerense: «No sé qué hará ahora con Scioli de candidato, pero yo tenía información de que se preparaba para desembarcar en la provincia. Esta vez, lo sorprendí yo a él».

- Sobre la huelga del campo, lo obvio, repite argumentos conocidos: «No me opongo a que la gente gane toda la plata que pueda, pero hay un margen de solidaridad que no puede olvidarse. Nadie en el campo está perdiendo plata. Los ganaderos están exportando ya 70% de lo que exportaban, pero ganan en dólares lo mismo que el año pasado. Es difícil un diálogo racional cuando quieren la liberación de todas las exportaciones y de los precios del mercado interno. Ellos también están subsidiados. ¿Qué son si no subsidios el precio del gasoil y el dólar alto? El precio internacional del trigo está por las nubes. Australia y Ucrania han cerrado las exportaciones para abastecer a sus sociedades. Los Estados Unidos las bajaron con el mismo propósito. Yo no puedo permitir que se duplique aquí el precio del pan».

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Con insolencia poco usual en el monopolio, el columnista trata de definir roles en la movediza crónica política. A Néstor Kirchner lo califica de «avezado simulador», una descalificación que puede sonar a elogio como el mote de «acróbata consumado» que le propina a Daniel Scioli.

La pirueta de la instalación de nuevo candidato del oficialismo en Buenos Aires habilita a una especulación que sobrevuela todos los mentideros: que Cristina Fernández sería la candidata a la presidencia del oficialismo. Lo que no explica el columnista es cómo haría esta candidata para ganar la elección del año que viene. La negativa a competir de su esposo la presume por el rechazo que hay en la sociedad hacia las reelecciones, argumento que dice haber escuchado de bocas entornistas calificados como Julio De Vido o Alberto Fernández.

El resto es información conocida: reproduce el diálogo de escenario en San Justo entre los Kirchner y Scioli que reveló este diario hace una semana y de donde surgió la idea de la candidatura del vicepresidente en Buenos Aires. También, la alusión a las buenas encuestas de Scioli, algo que trata de imponer el gobierno como la clave de la decisión. Una inocentada, ya que Scioli siempre arriba en las encuestas en todos los distritos, aun cuando los Kirchner trataron en vano de defenestrarlo del poder. ¿Será candidato ahora por ser más fuerte que antes? Seguro que no; lo será por la debilidad del gobierno, que ha fracasado hasta ahora en encontrar un candidato ganador en Buenos Aires -y no sólo en ese distrito-, tanto que todavía está a la búsqueda de un postulante con chance para la presidencial.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


La ira del columnista-asesor del Presidente por la elección de Daniel Scioli como candidato a la gobernación de Buenos Aires alcanza cimas poco vistas en el oficialismo. Interesa retener los conceptos de Verbitsky porque explican la ruptura en las cercanías del gobierno, que se manifiesta en los insultos ayer de Luis D'Elía a Alberto Fernández en un diario de San Luis, la salida del embajador de Venezuela, en cómo tambalea la delegada del presidente en ese país o en la ausencia de representantes del gobierno de algún nivel en las algaradas caribeñas de La Habana por los 80 años de Fidel Castro. Todo esto parece el final del romance de Kirchner, un peronismo conservador (como todos ellos), con la izquierda, a la que ilusionó con juego de manos y alguna prebenda.

Haber elegido a Scioli como su candidato en Buenos Aires le parece a Verbitsky un intento de batir al adversario pareciéndosele. ¿Habrá algún adversario, cabe preguntarse, o éste sólo existe en el caletre del columnista?

Elegir a Scioli, se lamenta, es inevitable por la debilidad de la construcción kirchnerista, que se consuela en compañía de los Díaz Bancalari y los Ishii ( intendente de José C. Paz a cuya burocracia ha llegado la pesquisa sobre un secuestro aún no resuelto). Implica, además, una renuncia a todo cambio, una reprobable muestra de pragmatismo, una broma de mal gusto que el propio Kirchner parece acompañar con lo que Verbitsky designa como « discurso blumbergiano», referencia irónica a la condena que hizo el Presidente el jueves del garantismo judicial. Destilando inquina ideológica, llega a comparar a Scioli con Carlos Rovira.

Todo ocurre porque la aversión del público hacia el Presidente, dice, «no es desdeñable» y poco ayuda a recuperar imagen esta elección sciolista que es, junto con la negativa a darle personería a la CTA, la prueba de que Kirchner ha dejado de creer en que la movilización es la fuente de transformación de la realidad. ¿Pensó alguna vez en esta quimera este presidente cuya lejanía lamenta con tanto dolor Verbitsky? Ilusionado, el columnistaasesor se consuela con la promesa de que si Kirchner no se presenta a la reelección en 2007 se dedicará -desembarazado de las servidumbres de la gestión- desde 2008 a la construcción de un nuevo espacio de centroizquierda. Inexplicable desde el sentido común que un político dedique su vida para llegar a ser presidente y una vez desde la silla deje todo para empezar de nuevo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar