Como corresponde: la pata negra en el cuarto oscuro

Política

Escándalo por falta de boletas, anomalía que jamás había ocurrido. Siempre hubo irregularidades después de los comicios, nunca antes. Hubo que extender una hora la consulta y se anuncian impugnaciones y protestas.

Tempranas declaraciones del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y de la responsable electoral -la jueza María Servini de Cubría-, indicaban pasado el mediodía de ayer el tema principal que ocuparía la primera plana de los comicios, al margen del resultado: la irregularidad de la falta de boletas, sobre todo en la provincia de Buenos Aires y en Capital Federal (aunque ese proceso también se advirtió en algunas provincias). Dos distritos clave para la determinación de los números finales, un hecho que planteaba una anomalía (la oposición hablará de fraude, sin duda) antes y durante los comicios, cuando siempre las rarezas electorales históricamente ocurrieron luego de cerrada la hora de votación.

Quitándose el sayo por cualquier imputación, tanto Fernández como la Servini les trasladaron la responsabilidad a las distintas agrupaciones partidarias por su falta de atención en cubrir las mesas con boletas. Un descargo legal, obvio sin duda, aunque la multiplicación de episodios parecía demostrar una premeditada acción de sectores vinculados al oficialismo para desalojar de opciones electorales a los votantes en el cuarto oscuro. Para deslindar aún más responsabilidades y evitar complicaciones mayores (¿nadie saldrá a protestar, nadie constituirá una dirección para enumerar todos los casos de exclusión?), luego se decidió en la Capital, Buenos Aires y Mendoza la prolongación de los comicios una hora más cuando la propia jueza -a las tres de la tarde- consideraba que ella no iba a conceder ningún plazo adicional. Nunca, en la Argentina, se habían advertido este tipo de complejidades (cuyo tamaño y disgusto hasta pueden generar protestas en los próximos días), que significó máculas de toda coloratura para el triunfo de la candidata Kirchner.

El episodio concertado para hacer desaparecer boletas revela una inconducta -por lo menos- en los punteros a sueldo del matrimonio oficial, aprovechándose de la poca organización e incompetencia de sus adversarios. Y de otra realidad: la falta de recursos en la oposición, cualquiera sea el sector, para enfrentar una poderosa organización paraestatal. Esta elección demostró que el espíritu cívico no anima el propósito oficialista (ya demostrado en conservadores de antaño, cuando «se obligaban moralmente a hacer fraude»), aunque el dato más interesante es que sin dinero -al revés de la canción mexicana- no se puede ser rey. Ni reina.

Han sido escandalosos los incidentes en las colas, las demoras y deserciones, más el avasallamiento de quienes -encargados de las mesas- sugerían «si no te gusta, votá en blanco» o «voten lo que hay dentro del cuarto oscuro». Por no mencionar a los policías que, nadie sabe bajo qué imperio, pretendían determinar hasta dónde podría llegar la hilera de ciudadanos para votar, quiénes lo harían o no. Si no se hubiera ufanado Elisa Carrió (también otros candidatos) de que disponía de 40 mil fiscales para controlar el proceso y el escrutinio, la responsabilidad del gobierno podía haber estado más comprometida. Porque las boletas que faltaban, en general, pertenecían a la ex titular del ARI y también de Alberto Rodríguez Saá.

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Era previsible que pasaría lo que pasó. El anuncio anticipado de que faltaban autoridades de mesa para empezar la jornada con normalidad hizo que, efectivamente, no sólo los comicios comenzaran con retrasos. También que quienes lo hacen habitualmente a primera hora se quedasen en casa por miedo a que los sentasen de prepo como autoridad de mesa y perdieran «un día de su vida».

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Subsanado (o sorteado) el primer inconveniente, los mañaneros se fueron acercando a las mesas despaciosamente, tanto que al mediodía la cifra de votantes no llegaba siquiera a 30%, cifra pobre si se la compara con elecciones anteriores. Y como si fuera poco, sobrevino el segundo inconveniente: el corte de boleta, que hizo que las filas se fueran alargando con el pasar de las horas hasta límites rayanos en lo intolerable para los votantes.

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Hubo mesas, como una del partido de Morón, en Buenos Aires, en la que tomaron a una periodista desprevenida e intentaron sentarla en la titularidad de la mesa cuando faltaban apenas algunos minutos para que el reloj marcase el mediodía. Ante la explicación de que debía cumplir con sus funciones profesionales debió comparecer en una comisaría, juez electoral de por medio, donde finalmente entendieron razones y pudo llegar -aunque tarde- a cumplir con sus tareas.

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Otro hecho que se repitió en muchísimas mesas fue la falta de boletas. Se tomó nota especialmente de ausencia de papeletas de Elisa Carrió, Roberto Lavagna y Alberto Rodríguez Saá, aunque las protestas también llegaron del riñón izquierdista de Vilma Ripoll y «Pino» Solanas. * * * Actuaron también los graciosos, los mal intencionados y los desinformados, que hacían que a cada rato los presidentes de mesa y su séquito de vocales debieran ingresar al cuarto oscuro para ordenar las boletas desparramadas, reponer las faltantes (llamar a los fiscales de partido si los había), reponerlas y limpiar los sobrantes de los cortes que quedaban en el suelo o encimados a otras boletas.

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El problema se agravó en el primer y el segundo cordón del conurbano de Buenos Aires. Muchas boletas llevaban el mismo candidato (presidentey gobernador) y diferían -por ejemplo-en el postulante a intendente. Sólo la tarea de buscar entre cerca de treinta boletas para escoger (en algunas más y en otras menos) demandaba un largo tiempo en el caso de que todo funcionara como las autoridades pretendían. Casi un imposible ante tanto despliegue.

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En la Capital Federal hubo, además de demoras y escenas de mal humor, situaciones irregulares como la que ocurrió en la Escuela de Psicología de la Universidad del Salvador. Un ciudadano que se presentó a emitir su voto se encontró con que alguien con su mismo nombre ya había entrado al cuarto oscuro y había votado, con sellado de DNI incluido. Ante la sorpresa y el feroz enojo del recién llegado, el presidente de mesa accedió finalmente a habilitarle el voto (en teoría por segunda vez). «Bueno, bueno, está bien, no se enoje, vote y después cuando cerremos vemos cómo lo arreglamos», intentó tranquilizar. Lamentable.

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En la escuela 130 de González Catán se registró otro hecho insólito que fue denunciado a la Junta Electoral. Según el diputado provincial por el espacio de Margarita Stolbizer, Juan Carlos Morán, autoridades de mesa promovían el voto en cadena. «La gente llegaba a la mesa y los fiscales ya tenían preparadas las listas para entregárselas antes de pasar al cuarto oscuro», se sorprendió Morán, quien dijo además que cuatro actas penales ya habían sido labradas en la Justicia Electoral provincial, presidida por el juez Manuel Blanco, acusando al Correo Central por las irregularidades cometidas con las boletas de su sector. «Cuando entraban veían que a la lista de la Coalición le faltaba la parte del candidato a presidente, por lo cual muchos tomaban lo que quedaba y sin darse cuenta votaban en blanco para el máximo cargo», disparó el diputado provincial.

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La ONG Poder Ciudadano se animó a presentar acciones judiciales aludiendo que muchos electores se quejaban de que a la hora de entrar a las aulas se encontraban con que sólo estaban las boletas de Cristina de Kirchner. Más de 200 denuncias fueron recibidas por esa institución. * * * Juan Carlos Blumberg fue otro que sufrió la quita de boletas en distintos distritos del conurbano, así como también el empresario Francisco de Narváez, candidato por Unión-PRO. En tanto, el cineasta y también presidenciable Fernando Solanas denunció por la mañana y como casi toda la oposición que tanto en Vicente López, San Fernando y Lomas de Zamora se registraron irregularidades con la ausencia de sus boletas.

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Si bien el día se prestaba para una fiesta, la temperatura no se apiadó de los pacientes que debieron soportar largas filas al rayo del sol. Mientras, los policías contagiaban dudas ante cualquier pregunta, evidenciando un desconocimiento tal que incluso en un caso terminó con la paciencia de cierto efectivo de la Federal, que arengó: «¡Ma' sí! ¡Hagan lo que quieran, total yo estoy pintado!».

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No faltó la nota risueña. Una presidente de mesa de Castelar había discutido en hora temprana con sus ayudantes y fiscales. Tan evidente era el enojo que llegó un momento en que se vio obligada a ir al baño. Tomó la urna entre sus brazos e intentó llevársela consigo para que «no me hagan ninguna macana», gritó, exaltada. La actitud despertó la rechifla de los ocasionales colegas y los votantes. Finalmente, la mujer desistió del intento.

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Al viejo truco electoral de esconder boletas del contrincante (o hacerlas desaparecer), en varios distritos del conurbano se notó otra modalidad: cortar el tramo de la boleta con el nombre del candidato/a presidencial, de modo que quien optó por esa boleta terminó votando en blanco para presidente. Aunque para el juez competente electoral de la provincia de Buenos Aires (Manuel Blanco), «todo se desarrolló con normalidad».

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Hasta en la mesa de La Platadonde votó Ofelia, la madre de Cristina de Kirchner, se produjo un hecho anormal. Cerca de las 10 aún no se habían abierto las mesas. Llegó la primera persona a votar y un policía intento que se haga cargo de la mesa. Discusión por medio, el hombre salió corriendo. Hicieron el intento con el segundo y tampoco pudieron disuadirlo. Con el tercero impusieron la fuerza y a pesar que la esposa lo esperaba en el auto para ir a Quilmes, debió viajar sola. El hecho ocurrió en la escuela platense de 527 y 16.

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Un diálogo imperdible: mesa 5082 de Mataderos. Un hombre que tenía en mano un portadocumentos con un gran escudo de Boca se trenzó en amena charla con el hombre que lo precedía: «Sabe qué pasa, la gente tarda porque está indecisa...». «Bueno, podría estarlo hasta el momento de llegar a la fila, pero ahora ya tendría que saberlo». «Bueno... pero ése le aseguro que es mi caso (mientras el hijo tironeaba su bermuda)». Por lo menos los que estaban en la fila ya sabían a quién no votaba. ¡Se habrá perdido un voto Cristina de Kirchner?

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