Con ingenio, se votará con lemas sin necesida de aprobar una nueva ley
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En ese repaso de los tantos para la Asamblea, apareció el principal escollo: si enviaban un proyecto de ley de lemas al Congreso, el peronismo no tenía el quórum para arrancar la sesión en diputados (la mitad más un legislador).
Con ese expediente, se evitaba la falta de quórum en Diputados, conocida ya la oposición de menemistas, duhaldistas, radicales, aristas y provinciales.
Puerta pidió consejos. Maqueda le acercó al peronista Alberto García Lema (ex funcionario de Antonio Cafiero). Cuando leyó la minuta, ante la mesa de gobernadores ya recompuesta con un De la Sota más calmado, la aprobó. «Necesito un radical», señaló Puerta. Le acercaron el teléfono con una voz conocida en Casa de Gobierno, Jorge Reinaldo Vanossi. Pidió el proyecto por fax, se lo enviaron y respondió de inmediato. «Es impecable», dicen que dijo. Le pidieron reaseguros. «Si quieren; hablo con Raúl», expresó confiado el constitucionalista radical. A Puerta le gustó, pero quería más. Pidió por Héctor Masnatta. Lo encontró cenando en un departamento de amigos en el barrio de Palermo. «Está en los poderes implícitos del Congreso», sancionó el constitucionalista. Puerta, que es ingeniero, se entusiasmó con ánimo de abogado y anunció que había ley de lemas, sin ley, pero con votos.
Comenzó a hacer circular el texto del proyecto con sus modificaciones, y le acercaron otro teléfono. Era Alfonsín, que simuló ira: «¡Cómo van a votar esto, señor Presidente!». Puerta le explicó lo que había entendido, el apoyo de un radical como Vanossi. El ex presidente le recordó que este abogado había apoyado el pacto de Olivos en diciembre de 1993, pero que en 48 horas se había desdicho para convertirse en un encendido opositor. «¿Qué quiere que pase, presidente?», se endureció Puerta. Alfonsín hizo un silencio y cerró el diálogo: «Nos vamos a oponer, ingeniero, pero quédese tranquilo, que en ésta juego de paloma».
La mesa festejó con risas y aplausos. José Luis Manzano apareció por otro teléfono y tranquilizó a Puerta. «Están los votos para arrancar la sesión.» El misionero le había encargado personalmente al «Cototo» mendocino (llamado «Chupete» por quienes no lo conocen) que le hiciera un recorrido de voluntades dentro del peronismo. Fruto de esa auditoría había sido un llamado que Puerta ocultó a todos, de Carlos Menem, que le insistió en una idea y en una recriminación: es malo llamar a elecciones, pero, si el peronismo lo decide por mayoría, los menemistas van a apoyar. La recriminación fue: «Ramón, tratá de quedarte vos los dos meses, que si te va bien después no hay quién te saque», y el presidente provisional le agradeció con una sonrisa y una oferta. Por eso, Daniel Scioli, que más que un funcionario parece una política de estado, pasó a ser secretario del nuevo gobierno. El riojano, antes de darle la feliz Navidad a Puerta, intentó levantarle el ánimo: «Métanle a fondo que la cosa está que arde. Me acaba de llamar por teléfono desde Venezuela Hugo Chávez, preocupado por el país. Cómo estaremos como para que Chávez esté inquieto».
Maqueda esperó el final de las firmas y partió al Congreso. La minicrisis ya estaba en las pantallas de algunos canales de cable, que decían que Puerta podría reemplazar a Rodríguez Saá.
Este, inquieto, se ocupó de llamar a dos propietarios de emisoras pidiendo «fair play». «Por favor, no nos presionen con operaciones», pidió desde un teléfono manos libres junto a Puerta. El sanluiseño, cuando se levantaban los gobernadores para salir de la Casa de Gobierno, le pidió a Puerta ayuda. «Necesito un aguantadero en el Senado, ¿me prestás la oficina?» Recibió consignas, llaves y acompañantes para que montaran, en la sede de la presidencia del senado que ejerce este cacique, los «federales» del PJ un dormitorio de urgencia donde el «Adolfo» terminó pasando la noche junto con su familia hasta la mañana de ayer. Dormitaba sobre un sillón, sin siquiera desanudarse la corbata cuando un ujier lo desperezó: «Tiene que jurar, Adolfo».




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