La presentación de Marcos Peña ante el recinto de Diputados ayer fue un minué de gestos, protestas y afirmaciones más que previsibles, habida cuenta la agenda de temas que tiene el Gobierno entre manos. Peña justificó el acuerdo "preventivo" con el FMI, confirmó que no será enviado a los recintos y explicó que "ahora el desafío histórico es lograr una mayor velocidad en el camino hacia el equilibrio fiscal". Ahí vino el primer reconocimiento del ajuste: "Lo que ha planteado el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, es que hay una parte del Presupuesto que no se va a ejecutar este año, pero que todas las obras que están en marcha se continuarán". Explicó la "situación de inestabilidad cambiaria" como una combinación de "factores externos e internos" que dejaron en evidencia una baja de la confianza motivando la necesidad de ir en forma preventiva al Fondo. "En 2011 Argentina se llegó a endeudar en bonos a cuatro años, el BODEN 2015 a una tasa de casi el 15% de tasa de interés. Ahora estamos discutiendo una del 4 %", se defendió. Todo dentro de un marco general de defensa del gradualismo que, afirmó, continuará. En medio de las criticas del Frente Renovador, el kirchnerismo y el PJ Peña reconoció que Argentina "es uno de los pocos países del mundo que quedan con una inflación de dos dígitos", pero aseguró que el actual rumbo de la economía permitirá volver a niveles de "un dígito", por más que "tardemos uno o dos año más de lo previsto originalmente".
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