Consignas violentas en el sepelio de Gorriarán

Política

Enrique Gorriarán Merlo, quien pasó casi la mitad de su vida prófugo o en la cárcel, fue sepultado ayer en el cementerio de la Chacarita. Reivindicado por sus seguidores como un líder guerrillero de los 70, la trayectoria del cabecilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) lo encuadra en el presente como un líder terrorista que organizó atentados mortales por encargo.

Gorriarán Merlo, que lideró el grupo que en 1980 asesinó en Paraguay al ex presidente nicaragüense Anastasio Somoza, murió el viernes cuando iba a ser sometido a una operación en un hospital público de Buenos Aires. Sufrió un aneurisma de aorta torácica abdominal que le causó un paro cardiorrespiratorio.

Nacido en la ciudad bonaerense de San Nicolás, Gorriarán Merlo desestabilizó el incipiente régimen democrático al encabezar en 1989 el asalto al cuartel militar de La Tablada, a las afueras de Buenos Aires, cuya recuperación costó la vida a 11 miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad y a 31 guerrilleros.

En una entrevista realizada en 2002 con un medio español, cuando tenía 60 años y cumplía una condena a reclusión perpetua por el ataque a La Tablada, destacó que acumulaba «32 años consecutivos entre la clandestinidad y la cárcel». Gorriarán Merlo fue uno de los jefes del grupo terrorista ERP en los años 70 y después de la última dictadura militar (1976-1983) formó la agrupación política de izquierda Movimiento Todos por la Patria (MTP). La última operación violenta de esta agrupación, según fuentes policiales, habría sido el incendio y destrozo de la histórica estación de trenes de Haedo, a mediados de este año.

Un día antes de morir, estuvo reunido con diplomáticos venezolanos en la sede de la empresa PDVSA en la Capital. Así lo reveló Daniel de Santis, amigo de Gorriarán Merlo, quien también participó de esa reunión. Según de Santis, «en el encuentro se debatió la posición de la izquierda argentina respecto de Venezuela y del imperialismo», y durante la reunión, Gorriarán Merlo «comentó que estaba a gusto con el acercamiento entre los gobiernos de Kirchner y de Chávez».

Su perfil, más orientado a la acción directa que a la doctrina, lo llevó a hacerse cargo de la primera incursión armada del ERP en el norte argentino, en 1971, por lo que fue encarcelado.

Pero al año siguiente logró escapar a Chile y después a Cuba. Si bien Gorriarán Merlo fue separado de la dirección del grupo terrorista por disidencias con su líder, Mario Santucho, tras la muerte de éste, en 1976, volvió a la organización.

Luego se incorporó a la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua.

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    Condenado a reclusión perpetua por el asalto a La Tablada, el ex guerrillero pasó ocho años en la cárcel, hasta que en 2003 fue liberado a raíz de un indulto que Eduardo Duhalde concedió a 25 civiles y militares condenados por alzamientos armados.

    Al entierro de ayer concurrieron dos de sus hijas, que residen en Nicaragua. Asistieron aproximadamente 150 personas, la gran mayoría familiares y militantes de su agrupación política, además del dirigente comunista Patricio Echegaray; el ex montonero Fernando Vaca Narvaja; el embajador de Venezuela, Roger Capella Mateo, y delegados de grupos afines a Gorriarán de Nicaragua y Guatemala. El féretro estaba cubierto con un emblema del nicaragüense Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la bandera argentina, y un militante exhibía periódicamente una bandera del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

    Algunos asistentes llevaron carteles con imágenes de «líderes revolucionarios» de América latina y una gran pancarta que exigía «condena a los genocidas civiles y militares, 1976-2006». Varios oradores recordaron al líder del MTP como «un gran revolucionario de América latina», y Vaca Narvaja respondió a los que criticaron el accionar de Gorriarán: «¿Cómo puede ser que se exija una autocrítica, cuando hay tantas cicatrices de los años de lucha?».

    Para cerrar el acto, un guitarrista interpretó una canción en homenaje al Che Guevara, que desencadenó un momento de incomodidad porque la ceremonia se extendía demasiado y un grupo de personas esperaba a pocos metros inhumar a un familiar.
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