17 de septiembre 2004 - 00:00

Creen en la CGT que Rueda pega por orden de Kirchner

Susana Rueda
Susana Rueda
Hugo Moyano parece haber sido llevado por el oficialismo al centro de la escena para reemplazar allí a piqueteros incómodos, como Raúl Castells y el propio Luis D'Elía. Susana Rueda parece haber sido llevada por el oficialismo al centro de la escena para reemplazar allí a sindicalistas incómodos, como Hugo Moyano. ¿Habrá llegado la hora de que también la Casa Rosada busque cómo eclipsar a Rueda, quien se ha revelado más combativa de lo que hasta sus mismos padrinos sindicales supusieron? Este interrogante constituía ayer un misterio hasta para los sindicalistas más expertos.

Es cierto que los sindicalistas son pendencieros por naturaleza. Bastó que uno de los factores de discordia, Rueda, se marchara por una semana a México, para que ya aparecieran chisporroteos entre los otros dos triunviros: José Luis Lingieri le hizo un planteo a Moyano, como anticipó este diario, por la proliferación de agresivas barras bravas en el edificio de Azopardo 802, sobre todo en la cochera.

• Tormentas

Con Rueda, es cierto, las relaciones son más tormentosas. Sobre todo porque esta dirigente de Sanidad hizo lo que no es costumbre: pidió por el cumplimiento de la ley. Cuando se formó el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, en el que ella por error quedó autoexcluida (cedió su butaca a SMATA), Rueda buscó ingresar con el argumento del cupo femenino.

Se dirigió al Ministerio de Trabajo y reclamó allí para que le dieran un lugar. Todo el secretariado de la CGT esperó esa señal desde lo alto. Lo que hiciera Carlos Tomada con el caso sería una señal de lo que piensa y pretende Néstor Kirchner. Pero Tomada se hizo a un lado y, a través de sus técnicos, hizo notar que en el Consejo del Salario no está prevista la «discriminación positiva». La interesada ya estaba en México, enredada en una peripecia en la que no resultaría vencedora.

A su regreso, Rueda se enteró de que no sólo no había conseguido el cupo para integrarse al Consejo sino que los otros triunviros habían gestionado en su ausencia una audiencia con el Presidente. La sanitarista montó en cólera y se requirieron los buenos oficios de un par de dirigentes de buen trato para aplacarla. Como no dieron abasto Gerardo Martínez ni Armando Cavalieri, en la CGT recurrieron al «psicoanalista» Oscar Lescano, quien con paciencia fue devolviendo a la secretaria general a la armonía. Lo de Lescano pareció un éxito hasta el miércoles por la noche. Había conseguido que José Luis Lingieri se reuniera con Rueda en una entrevista a solas, conciliatoria.

• Daga

Todo se desbarató ayer, cuando la disidente llamó a un par de diarios para ventilar el clima de discordia en el que convive con los demás sindicalistas. Bastante prudente en sus juicios, clavó sin embargo una daga en el «combativo» Moyano: «Yo nunca levanté un paro por lluvia» recordó, en alusión a un gesto que el camionero había tenido en favor de Eduardo Duhalde.

Obviamente, la reunión gestionada con Lingieri no se hizo y el representante de Obras Sanitarias explicó la disidencia burlándose del apellido de la triunvira: «La rueda se salió del eje». Abrazado a la misma metáfora, Lingieri se preguntó: «¿Quién le pone presión a la rueda?».

Este es el misterio en la CGT. Porque si bien Tomada no contestó favorablemente al reclamo de la gremialista, en la Casa Rosada la reciben de manera inmediata ni bien pide la entrevista. Al parecer el contacto con Kirchner es el solícito Oscar Parrilli, a quien la sindicalista le pidió un encuentro más con el Presidente para que sea el gobierno el que intervenga en la polémica interna. Más allá de este vínculo, las fantasías atormentan al consejo directivo. Hasta suponen que Rueda está discretamente influida por el matrimonio presidencial a través de una asesora que también ejerce funciones al lado de Cristina Kirchner en el Senado. Paranoia o realismo, el test de este sistema de vínculos se producirá en las próximas horas, cuando se sepa si el Presidente concedió la entrevista antes de partir hacia Nueva York.

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