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Maqueda luego dio sus explicaciones: «Yo no hago los títulos de los diarios, miren lo que dije en el reportaje antes de juzgarme», comenzó. De todas formas aclaró: «Si un diario conocido sostiene una información y el periodista me despierta no tengo por qué pensar que están mintiendo», dijo por haber sostenido su frase «algo pasó» en informaciones de prensa.
La Comisión citó también a declarar a Manuel Sacerdote, BankBoston, Michael Smith y Emilio Cárdenas del HSBC y Carlos Giovanelli del Citibank, quienes se habrían reunido con los embajadores de EE.UU. y Gran Bretaña.
Para los senadores peronistas las declaraciones de Maqueda llevaron la situación a un límite de difícil retorno. Frente a la sospechas y el convencimiento popular de la existencia de pedidos de sobornos, algo alimentado por los medios hasta el infinito, cualquier legislador que pida una rectificación al presidente del cuerpo o llegue a insinuar la posibilidad de su destitución, pasaría inmediatamente a ocupar el lugar de un sospechoso que intenta tapar la verdad o hacer callar a quien quiere ventilarla.
• Remake
Todos los integrantes del Senado están convencidos, y no les falta razón en esto, de que la calle ya los ha juzgado y son culpables una vez más, más allá de la existencia o no de pruebas o si los sobornos existieron o no.
Los nombres han cambiado, pero los personajes repiten en forma sospechosa la historia que se conoció sobre las todavía supuestas coimas para aprobar la reforma laboral de Fernando de la Rúa en 2000. La remake es tan similar como para hacer dudar de la realidad al analista más avezado:
• Maqueda desde sus declaraciones de ayer, cuando insinuó que «algo hubo», ocupa el papel que tan bien inauguró para estos casos Carlos Chacho Alvarez, también presidente de la Cámara Alta. Le costó una renuncia que desestabilizó el gobierno radical y disparó el riesgo-país, algo que ahora Maqueda no lograría.
• La tucumana Malvina Seguí es la nueva versión del personaje que entonces representó Antonio Cafiero -principal promotor de las versiones de sobornos y reproductor, como Seguí, de diálogos escuchados en los pasillos de la bancada-.
• A José Luis Gioja le toca el triste privilegio de presidir el bloque PJ en estas circunstancias, lo que en algún sentido lo equipara a Augusto Alasino. Si Seguí insiste en mencionar a Gioja en sus declaraciones, posiblemente termine asimilándolo más al papel de Alasino.
• Infaltable es el rol del responsable de archivar o impulsar el proyecto en comisión. Tal como actuara Alberto Tell, como presidente de la Comisión del Trabajo y redactor de las modificaciones a la reforma laboral, ahora lo hizo Luis Barrionuevo, jefe de la misma comisión, con la diferencia de haber sido impulsor de la ley ahora en cuestión y coautor con el bancario Juan José Zanola. El grado de participación del gastronómico lo comprometería aún más que a Tell.
Falta, y esto puede ser un error de la nueva trama, una pluma que redactara un anónimo. Aunque esta falta se puede subsanar ya que en el Senado existe la convicción de que fue un vocero de prensa de un bloque de Diputados quién le indicó a un periodista radial que había que mirar a Seguí o algún asesor de la senadora para encontrar responsabilidades. Esto alimenta la hipótesis de que algo de guerra entre Cámaras también se está colando en el escándalo.
• Similar es también el protagonismo y la pasión mediática que tuvo el juez Carlos Liporace en el caso de las supuestas coimas laborales, que el mostrado ahora por Bonadío.




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