24 de diciembre 2002 - 00:00

Crónica breve de las internas lerdas

A nueve días de una elección interna que prometía transparencia, los radicales siguen sin resultados. Quizás el viernes haya novedades, dijo ayer el titular de la junta electoral, Norberto Rinaldi. Una promesa que se había hecho para ayer y tampoco se cumplió. Casi dos semanas les llevará a los radicales tener los resultados, discutidos e impugnados, de una escandalosa primera elección interna abierta de su historia. Internas abiertas que, bueno es recordarlo, formaron parte de una todavía inexistente y festejada reforma política. Se imaginó que la participación del electorado independiente podía llegar a voltear la influencia de maquinarias electorales y punteros. Algo acerca de lo cual esos independientes siguen sin advertirlo con claridad; por lo menos es lo que muestran las urnas con sus ausencias.

Pero el forcejeo de los radicales, con ser el de más larga duración, está lejos de ser el único conflicto partidario por diferencias en las urnas y sospecha de fraudes. Por citar sólo los enfrentamientos contemporáneos, vale recordar otras elecciones discutidas.

•Recuerdos

En el '95 una interna decidió la ubicación en la fórmula presidencial del Frepaso de José Octavio Bordón y Carlos Chacho Alvarez. Y este último aceptó sin discusión la declaración del vocero de Bordón, primereando, Carlos Campolongo, de que el ex gobernador mendocino había ganado. Quedó instalado un ganador y de nada valieron los lamentos. Aun cuando los amigos de Chacho, como Darío Alessandro, reclamaron, ni su jefe les hizo caso. Los votos de esa interna finalmente no se conocieron nunca y los chachistas siguieron afirmando por un tiempo que su jefe era en realidad quien había ganado.

• Otra elección que sirvió para la pantalla caliente de la televisión fue la que enfrentó, por la Jefatura del Gobierno de la Ciudad, a Aníbal Ibarra y Domingo Cavallo. Que mostró al ex ministro de Economía desencajado, denunciando el fraude al que lo estaban sometiendo. Quienes recuerdan esas jornadas lo primero que enarbolan es que sólo votó 70 por ciento de los porteños. Que hubo 30 por ciento que le dio la espalda a las elecciones, iniciando una actitud creciente de desprecio hacia la dirigencia política y los partidos. El desborde de Cavallo fue porque a él también le clavaron algunas púas. La razón que le esgrimían es que eran activistas del Frepaso los que estaban a cargo del sector informático municipal, encargado del escrutinio. Una alternativa que para un tecnócrata, un hombre sin pasado de militancia partidista como Cavallo, por muy politizado que estuviera, sonaba inaceptable.

Los peronistas porteños tuvieron un choque memorable cuando se enfrentaron las para entonces distintas capillas menemistas. Se debían resolver en internas las candidaturas a senador y primer diputado del PJ. Que eran dos bancas seguras: la primera porque aunque fuera por minoría el candidato del PJ entraba; la segunda porque resultados anteriores vaticinaban que por lo menos una banca de la Cámara baja era posible obtener.

Se enfrentaron, para el Senado y Diputados, Carlos Corach y Miguel Angel Toma por un lado, y Claudia Bello -que el viernes pasado se recibió de abogada en la UBA-y Antonio Erman González por el otro. Mario Pacho O'Donnell y Daniel Scioli se alinearon con los primeros y Raúl Granillo Ocampo con Bello y Erman. Por entonces Corach aún era el ministro del Interior de Carlos Menem, lo mismo que Granillo Ocampo lo era también pero desde la cartera de Justicia. Todavía se recuerda en el PJ la presencia de la Policía Federal en la puerta del comité de la calle Alsina, impidiendo entre forcejeos el ingreso de Bello y los fiscales de su lista. No pudieron acceder al escrutinio provisorio. Terminaron impugnando la elección ante la jueza Servini de Cubría, recordándole que el Código Nacional Electoral dice, taxativamente, que ante la presencia de un mínimo de cinco irregularidades los comicios deben anularse. Se probó, por cruzamiento de los padrones electoral y el de la ANSeS, que habían votado no menos de 20 muertos. Hubo hasta urnas con los precintos rotos. Y, sin embargo, Corach terminó electo como senador nacional -hasta 2001 en que se eligieron en su totalidad los senadores por voto directo-y Toma renovó una vez más la banca de diputado nacional hasta 2003
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