10 de octubre 2001 - 00:00

De $ 100 a $ 10 mil por comer con candidatos

La zona preferida fue el Sur, quizá porque el Sur existe para los políticos en tiempos de elecciones. En la zona de Puerto Madero y en San Telmo: esos barrios fueron los elegidos por muchos dirigentes políticos para celebrar encuentros y recaudar fondos para sus campañas. Precavido por la falta de seguridad, el periodismo evitó informar sobre estas cenas benéficas o justificadoras de blanqueo de otros ingresos, no fuera a ser que un grupo de vándalos se apersonara en esos sitios y se llevara el aporte de los voluntarios para los candidatos.

Bienvenida resultó la voluntad de los políticos para elegir restoranes, hoteles y centros de recreación, hoy fuertemente castigados por la recesión. En Puerto Madero, donde encontrar clientes significa casi ganarse el Loto, se estacionaron Eduardo Duhalde y Carlos Reutemann, mientras Elisa Carrió y sus huestes -con la excusa de que Susana Rinaldi nunca más volverá a cantar, si la eligen para el Senado, clarose ubicaron en el tanguero Michelangelo (cerca de La Trastienda, santuario preferido de Carlos Chacho Alvarez y Aníbal Ibarra, lugar además donde inevitablemente terminan actuando todos los artistas extranjeros contratados por el Gobierno de la Ciudad).

Se supone que el precio de la entrada se vinculaba a las potenciales expectativas de los aspirantes. Así, Piperno -sitio de buen comer y no en vano visitado por elementos del ruckaufismo-se convirtió en imán para los aportantes a Duhalde, quienes por un óptimo servicio, varias azafatas espléndidas que los atendieron y un discurso somnoliento de Jorge Remes Lenicov pagaron 10 mil pesos. Aun así, la mayoría de los asistentes que provenía del ámbito bonaerense estuvo satisfecha ante el ex gobernador recién salido de un sauna vecino.

Exactamente la mitad de precio fue, en cambio, la suma que se pagó por asistir a una comida en el Hotel Intercontinental, convocatoria realizada bajo el nombre de Reutemann y que organizó un controvertido empresario, antiguo íntimo de Carlos Menem, el rosarino Carlos Sergi.

Una nutrida y connotada delegación empresaria se llegó al lugar (el santafesino registra una avidez notable en ese sector, producto de su eficiente gestión), muestra segura de que todos pagaron los 5 mil pesos requeridos: hubo una copa previa, dilaciones, susurros y, finalmente, una explicación inaudita del candidato santafesino Oscar Lamberto: el gobernador no podrá venir, se complicó el vuelo. Fue tal la decepción que la mayoría se retiró y ni siquiera hubo comida.

Otros postulantes, tipo Gustavo Béliz -quien gasta en la campaña como no se había imaginado-y Raúl Alfonsín evitaron las tenidas gastronómicas: ellos se arreglan «con lo nuestro». En cambio, la Carrió y su ARI se comprometieron a una convocatoria más modesta, a pesar de contar con número vivo, y reclamaban nada más que $ 100 para la campaña. Hubo empanadas (dos) y una cazuela, cantó obviamente la Rinaldi y hasta se mostró el Salieri de Charly (como él mismo se identifica), León Giecco. No fue demasiada la presencia de voluntades, sea por escasos recursos o porque desestiman las posibilidades del ARI, razón por la cual la recaudación apenas si cubrió los gastos. Pero igual la chaqueña diputada estaba exultante: su nuevo rol en la política la ha acercado al mundo de la farándula y eso, como ya lo demostró Menem, es una tentación que obra maravillas en los candidatos hombres o mujeres bendecidos. Por más que Baylac o Lopérfido aparezcan en Tinelli, el elenco estable contempla sólo a pocos: y ella está allí.

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