De la Rúa recibió adelanto sobre Senado de EEUU y examina a Pou
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Denuncia penal
Otra posibilidad que presentó González ante el Presidente es que los propios senadores norteamericanos realicen alguna denuncia penal ante la Justicia de su país. En tal caso, podrían remitirse citaciones para que ciudadanos argentinos tengan que declarar ante los tribunales norteamericanos. Entre la Argentina y los Estados Unidos existe un acuerdo de cooperación judicial que obliga a esas presentaciones, aunque es de cumplimiento laxo: cuando fueron citados a declarar, según el mismo tratado, ciudadanos estadounidenses en la causa IBM-Banco Nación, se negaron a hacerlo sin indemnización alguna.
Las afirmaciones del embajador coincidieron con algunos indicios que tiene el gobierno sobre la orientación que los diputados que agitan la investigación les vienen dando a sus declaraciones. Al parecer, Elisa Carrió y Gustavo Gutiérrez aconsejan a «buscar la información en la Argentina».
En el gabinete se analizó en los últimos días la posibilidad de que un par de diputados concurra a la sesión de la comisión senatorial norteamericana.
Se había pensado en Horacio Pernasetti y Jesús Rodríguez. Pero pronto se evaporó la ocurrencia: «Una participación de ese tipo sólo permitiría que el gobierno quede asociado, sin razón alguna, a los acusados por Carrió y Gutiérrez».
Si al Ejecutivo le interesa conocer la dimensión de lo que se ventilará en los Estados Unidos, es porque de esa información depende también la suerte de Pedro Pou. El presidente del Banco Central sigue siendo blanco de una serie de acusaciones de carácter político e ideológico más que técnico. Por un lado, los que lo quieren envuelto en las operaciones de lavado que se denuncian sin que exista respecto de ellas pronunciamiento de la Justicia. Por otro, por la ortodoxia que afecta a los que prefieren una política monetaria más blanda, con reducción de encajes e, inclusive, liquidación de divisas.
De la Rúa observa atentamente esos movimientos, la salud política de Pou y también la sugerencia que el mismo economista le hizo hace un mes: «En abril, en un contexto más tranquilo, podría pensar en retirarme». Ante esa alternativa, De la Rúa tiene dos propuestas. Una, promover a Ricardo López Murphy al cargo. El ministro de Defensa se niega rotundamente a ese cambio, sobre todo por temor a los riesgos penales que corren los presidentes del Central «que en las corridas juegan rugby para que, después, los juzguen con las reglas del tenis», como dijo un economista ayer a este diario. Además, De la Rúa pretende que nadie lo acuse de «hacer con el Central lo que Menem hizo con la Corte, es decir, poner una conducción 'adicta'» explicó un funcionario.
Por eso se sentiría más cómodo si, ante una eventual vacante en la presidencia del Banco, se designa a Lagos y no a un economista ortodoxo y capaz pero radical e integrante del equipo presidencial como López Murphy.




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