1 de marzo 2006 - 00:00

Defensores hablaron de indefensión

Los defensores de Aníbal Ibarra solicitaron «la inmediata restitución de su cargo al jefe de Gobierno» y acusaron a «quienes urdieron una maniobra política desestabilizadora». Ese fue el principal argumento ayer, de los abogados del suspendido mandatario de la Capital Federal, ante la Sala Juzgadora de la Legislatura porteña. Los alegatos siguieron a los de la fiscalía, que solicitó la destitución de Ibarra (ver nota aparte) y se pronunciaron por la tarde. La lectura la inició Julio Strassera, le siguió Julio Golodny, luego César Castejón para terminar nuevamente Strassera. Es decir, los defensores leyeron párrafos de un mismo discurso, cuyas partes esenciales fueron:

«Todo lo que voy a decir no son meros argumentos defensistas, se trata de hechos probados, verificados y de los cuales existen constancias televisivas y versiones taquigráficas

• «Esta dureza, debo aclararlo a fin de evitar malos entendidos ni herir susceptibilidades, no debe entenderse como dirigida a esta Sala Juzgadora.
¡No! Porque ustedes, señores jueces de esta sala son la consecuencia necesaria de una maniobra infame, urdida por una de las derechas más recalcitrante y antidemocrática que registra la historia política de nuestro país.»

«No investigaron la relación de los que administraban el local de Cromañón con los policías de la Comisaría 7ª. No dedicaron siquiera un renglón al uso de bengalas en lugares cerrados. Ni mencionaron el hecho de que la puerta de emergencia estuviera cerrada con candado

• «Para averiguar el manejo de la emergencia no citaron a un solo policía y solamente a dos bomberos.»

«Sigamos señores legisladores, veamos cómo se llegó al voto número 30 -el voto Farías Gómez- obtenido bajo presión y amenazas. Esto está reconocido por los propios amenazadores. Repasen los tapes de TV donde alguien aquí presente dice que en el futuro el Chango Farías Gómez va a tener más público en sus recitales

• «Y a esta altura, señores legisladores, quiero recordar una defensa hecha por el insigne maestro del Derecho Penal Francesco Carrara, que fue escrita a mediados del siglo XIX, pero parece que lo hubiera sido para Aníbal Ibarra. Citando a Horacio nos recuerda que
«al hombre justo nada lo conmueve: ni la furia de los ciudadanos que ordena el mal, ni el ceño de un tirano que amenaza dominar su espíritu.»

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