4 de julio 2001 - 00:00

Delicado momento político

El desbarajuste fiscal bonaerense tocó ayer un límite, cuando Carlos Ruckauf ofreció su renuncia a la gobernación si la Nación no cumplía con los fondos que, según él, le deben. Fue el resultado de negociaciones con bancos con sede en el país que se negaron a adelantarle $ 190 millones si la provincia no presenta un plan de racionalización aceptable. El mandatario bonaerense, al amenazar con su renuncia, pidió también la de Fernando de la Rúa a cambio y agregó así un factor más de incertidumbre a un momento político excesivamente convulsionado. No fue sólo una embestida en medio de una negociación sino la expresión de un plan concreto: la convocatoria a elecciones anticipadas de presidente que le permitan al propio Ruckauf huir de la provincia -que jamás quiso administrar-y evitar dos situaciones peligrosas: que le estalle el gobierno en las manos y que, en octubre, Duhalde se alce con los votos peronistas y reavive su sueño presidencial. Curioso castigo el de Duhalde sobre Ruckauf: lo dejó sin dinero -por el aumento descontrolado del gasto que produjo durante su mandato bonaerense-y promete dejarlo sin los votos.

"Si la Nación no cumple con los compromisos asumidos y genera una situación de ingobernabilidad en la provincia, yo renuncio al cargo de gobernador. Pero voy a exigir la renuncia de Fernando de la Rúa a la Presidencia de la Nación." Así se expresó Carlos Ruckauf, anoche, delante de los demás gobernadores peronistas, en plena negociación del acuerdo Nación-provincias. Con la ecuación de dos renuncias que propuso terminó por hacer explícita y visible una jugada que se le atribuye desde hace casi un año, que ventiló en su momento Hugo Moyano y que se convirtió en conspiración o plan durante los últimos días. El plan de Ruckauf consiste en que se adelanten las elecciones presidenciales por ausencia del Presidente, lo que lo encontraría a él en condiciones de favorecerse de la buena imagen con que lo halagan las encuestas (sobre todo las que él contrata).

El gobernador de Buenos Aires puso su dimisión sobre la mesa y pidió la de De la Rúa en medio del fragor de la discusión fiscal que se mantenía viva anoche entre las provincias y la Nación. Pero fue el jueves cuando comentó por primera vez un plan que terminaría, si se lleva a la práctica, en el alejamiento del Presidente. Fue en el sindicato de los gastronómicos, donde dialogó con la cúpula de la CGT de Rodolfo Daer. Esa noche Ruckauf admitió argumentos y aportó sus razones a la tesis de que «ya no hace falta buscar otro ministro de Economía sino otro Presidente». Escuchó con atención las explicaciones del titular del gremio de la Sanidad, Carlos West Ocampo, sobre el mal de Alzheimer: «Tengo informes médicos; De la Rúa tiene ese problema que le hace olvidar lo que hizo cinco minutos antes». La salida que se imaginó esa noche fue tender un puente hacia Raúl Alfonsín y la dirigencia de la UCR y, con ellos, encontrar una salida institucional mediante el recurso a la Ley de Acefalía o al adelanto de los comicios de sucesión presidencial. Sería una especie de Pacto de Olivos al revés: no para agregarle, sino para quitarle tiempo de poder a un mandatario.

Ruckauf analizó esta perspectiva con Eduardo Duhalde durante el fin de semana. El ex gobernador dejó entrever que estaba envuelto en esta trama en sus declaraciones al diario «La Nueva Provincia» del domingo, donde dijo que «el país está en una situación preanárquica» y que «éste De la Rúa no es el que yo conocí» suponiendo que «tiene un problema que lo puede tener cualquier ser humano».

Los sindicalistas avalaron todo el plan, inspirados en sus propios motivos, que son siempre «de bolsillo»: se les quitó poder en el PAMI con el nuevo interventor, Raúl Pistorio; se abre un proceso de paritarias que los tiene inquietos y, además, no vieron todavía los 200 millones de pesos que el Presidente les había prometido, en presencia del secretario de Hacienda Jorge Baldrich, para las obras sociales.

A pesar de ser gente en general desinformada, algunos funcionarios del gobierno sabían de estas maquinaciones y creyeron verlas en la superficie cuando ayer Angel Rozas señaló que «De la Rúa se vio superado por las circunstancias». En Olivos se supuso por un instante que el gobernador del Chaco formaba parte de un plan que, en su desenlace, lo beneficiaría. Con un poco de sentimiento persecutorio y juntando algunos fragmentos de información se podía llegar a pensar, erróneamente, que el radical estaba aliado a Ruckauf y Duhalde y que el pacto con Alfonsín ya se había realizado.

En rigor, Rozas no hizo más que señalar -de manera imprudente para el rol que ejerce y el partido en que milita-lo que cualquier persona sensata advierte. Este diario describió en la tapa de ayer la descomposición política que se registra en el país y consignó, obviamente, las salidas de las que se habla si la crisis se agudiza y termina por desbordar al Presidente. Entre esas alternativas está la aplicación de la Ley de Acefalía y la renuncia presidencial, que haría recaer el poder en un senador, diputado o gobernador: entre los radicales el nombre que se sugiere para un caso así es el de Rozas, a quien elegirán presidente del partido, si es que su «gaffe» de ayer no termina perjudicándolo.

El primero que quiso aclarar que no tenía nada que ver con los dichos de Rozas y mucho menos con la conspiración del peronismo bonaerense aliado a los sindicalistas fue Raúl Alfonsín. Ayer almorzó con el jefe de Gabinete Chrystian Colombo y hoy va a hacer lo mismo con De la Rúa: a todos les manifiesta su enojo con Rozas, «un muchacho que resultó tan imprudente».

Ruckauf, en cambio, puso ayer el pie en el acelerador, arrinconado en la negociación por más recursos fiscales. La provincia de Buenos Aires reclamaba ayer $ 180 millones de urgencia, para hoy. Hasta fin de año la necesidad de financiamiento es mayor: le faltan $ 1.200 millones. Ayer se negoció con tres bancos (Galicia, BBVA-Francés y Río) y ninguno quiso abrir la mano a la gobernación si no era a cambio de un severo plan de racionalización del gasto. «Pero eso lo podremos ofrecer para la semana que viene, no para mañana que es cuando necesitamos el dinero» confesaba un allegado al gobernador, anoche. Fue en el momento en que Ruckauf se abrazó a las columnas del templo acusando a la Nación por sus penurias.

En rigor, lo que se cumplió en Buenos Aires es una ley que Duhalde expone con sorna cuando se burla del trance de su sucesor: «En Buenos Aires siempre hay un gobernador que hace obras y otro que las paga. Así fue con Oscar Alende y Anselmo Marini y también es el caso mío y de Ruckauf». Pero la diferencia es que el actual gobernador no ha querido hacer la parte del que paga y no realizó el ajuste correspondiente. Duhalde sí cumplió su papel: elevó el gasto primario en $ 4.000 millones de pesos con salariazos y aumentos de personal de 1998 y 1999, durante su campaña hacia la Casa Rosada. «No hay provincia que aguante dos candidaturas presidenciales seguidas» reflexionó ayer uno de los contertulios del Consejo Federal de Inversiones, donde sesionaron los gobernadores del PJ.

Pero la idea de interrumpir todos los procesos institucionales y producir renuncias múltiples está pensada también para eludir otro problema: Ruckauf debería evitar que Duhalde gane las elecciones de octubre con un margen importante y que, de ese modo, reavive su sueño presidencial. Si se adelantan los comicios para presidente, el gobernador actual despejaría ese inconveniente.

De tejer paros y cortes de ruta con Hugo Moyano, Ruckauf ha pasado a imaginar desplazamientos presidenciales con los «gordos» de la CGT oficial. Ayer puso su plan sobre la mesa, en medio de una conmoción propia que, por malos entendidos y torpezas de Rozas, quedó nacionalizada.

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