30 de enero 2001 - 00:00

Denuncias de Álvarez enrarecen otra vez relación con De la Rúa

Había mal clima ayer en el gobierno por las últimas declaraciones de Carlos Chacho Alvarez, quien salió a señalar a senadores radicales, como el riojano Raúl Galván, que no pueden -según el criterio ético del frepasista-aspirar a la reelección por el escándalo en el Senado. Hasta Federico Storani debió aclarar que nadie estaba en condiciones de imponer o sacar nombres de las listas.

Está claro que el ministro del Interior, lo mismo que Raúl Alfonsín y Chrystian Colombo, se siente defraudado porque tiende puentes de conciliación hacia Chacho y el ex vicepresidente sale de una reunión con Fernando de la Rúa y descarga mandobles sobre el oficialismo. Parece que Alvarez buscara sacar del medio a los candidatos del radicalismo para nominar los propios, aún en distritos donde el Frepaso no existe como La Rioja.

En la misma semana en que debutaría la mesa de la Alianza, Chacho le hizo ayer otro favor al gobierno y confesó por radio que «no volvería a estar en una fórmula presidencial» con De la Rúa. En sus ejercicios matinales frente al micrófono argumentó que, si el Presidente y el vice «muestran tensiones hacia la sociedad, es evidente que se puede ir a una crisis de carácter institucional o de gobernabilidad, y eso no es bueno para un sistema presidencialista como el argentino».

Con su habitual terminología, explicó que «en las circunstancias» de 1999 la dupla compartida con De la Rúa era un pedido «de la gente». Sin agregar demasiada claridad, apuntó que «mi visión fue para atrás, no para adelante». «Además, no volvería a estar en una fórmula presidencial porque acota mucho la posibilidad de crítica constructiva o de diferenciación con el Presidente», subrayó.

En diálogo con radio «La Red», Alvarez volvió a cargar sobre el ala del Congreso que le tocó conducir. Mientras De la Rúa «necesitaba las leyes de este Senado», «yo impugnaba» a los integrantes de la Cámara alta, recordó. Y, a continuación, cuestionó la posibilidad de que algunos senadores salpicados en el escándalo por el presunto pago de sobornos en la Cámara alta se presenten a la reelección. Según Chacho, «no sería muy buena señal». «Que se puedan presentar miembros de este Senado a las candidaturas muestra que funcionaba como una cosa rutinaria o cuasi normal lo que pasaba allí», agregó como si se hubieran probado las coimas por la reforma laboral. «Eso es una demostración de cómo funciona el sistema político», afirmó Alvarez.

Defensa

El senador riojano Galván (UCR), que pretende la reelección, salió ayer a defenderse de las sospechas de Chacho. «Yo voy a continuar en esto (su reelección), no por un capricho sino porque me voy a poner a consideración de los afiliados y de los ciudadanos», enfatizó. Galván consideró que «sería muy grave que ante una simple acusación arbitraria e injusta y aberrante que se me ha formulado, paralizáramos la actividad política», y no descartó que ese juicio «podría estar prefabricado para eso».

El legislador aseguró que
«hay otra cosa de fondo» porque ésta es «una lucha contra la infamia» y que «estoy seguro que hay un par de infames detrás de estos procesos». A continuación, acusó al peronista Antonio Cafiero de «encubridor e irresponsable» por no dar los nombres de los involucrados en el supuesto cobro de sobornos en el Senado, en tanto que negó estar imputado en la causa. Galván le advirtió a Cafiero que si no presenta pruebas ante la Justicia se las va a solicitar «en el juicio y en la primera sesión que tenga el Congreso de la Nación».

Sin demasiado ánimo de ayudar al oficialismo, el frepasista siguió en su raid por el éter con un análisis sociológico.
«La gente está harta» y sostuvo que si bien la Alianza durante la campaña presidencial prometió que iba a «mejorar la calidad institucional» del país y a «construir instituciones que el menemismo había degradado», éstas «siguen funcionando igual que en la etapa anterior». Por otro lado, consideró que los ataques que recibió durante el ejercicio de su función como presidente de la Cámara alta por parte de radicales y justicialistas «son los costos que se pagan por la coherencia de cumplir con lo que se dice en la tribuna electoral».

En su afán opositor
Alvarez incursionó en la casa presidencial. «Lamentablemente, el clima electoral empieza con mucha anticipación y la gente recién se va a comprometer cuando falten 20 días para la elección», expresó el dirigente y añadió que «una elección legislativa no le cambia la vida a nadie». Consultado sobre los dichos de miembros de la familia De la Rúa sobre la reelección presidencial, consideró que se trató de «un comentario marginal, la opinión familiar».

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