La AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) le pidió ayer la renuncia al presidente interino de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), Jorge Kirszenbaum; y al secretario de esa entidad, Julio Toker, en razón de que ambos suscribieron un comunicado que cuestionaba la premiación a Néstor Kirchner por parte del American Jewish Committee en ocasión de su visita a Washington. El titular de la DAIA ha dicho a los suyos que no piensa renunciar. Y si bien hay viejos rencores entre esos dirigentes y la conducción de la AMIA (que preside Abraham Kaúl), lo cierto es que esas diferencias afloran justamente luego de que la DAIA intentara tímidamente cuestionar la actuación del Ejecutivo en temas tan sensibles como la investigación de los atentados, la remoción de los fiscales de la causa, el despido del comisario Jorge «Fino» Palacios y el voto adverso de la Argentina contra Israel en la ONU en el tema de la construcción del muro. «Como entidad miembro de la DAIA, tenemos derecho a pedir la remoción de sus autoridades», dijo Kaúl a este diario. De hecho, Mario Trumper, representante invitado de la AMIA en el Consejo Directivo de la DAIA, concurrió ayer al séptimo piso del edificio que comparten en la calle Pasteur al 600 para comunicarle a Kirszenbaum la decisión tomada ayer en la reunión que mantuvo la directiva de la mutual.
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Se sabe desde hace una década que Kirszenbaum (porque el propio involucrado nunca lo ocultó) es amigo de Rubén Beraja, ex titular de la entidad y hoy preso por el caso Banco Mayo. Kaúl niega esta «coincidencia»: «Lo que hicieron nos dio vergüenza, porque su comunicado contra el presidente argentino, estando en el exterior e invitados por el AJC, tuvo términos muy poco felices y descomedidos.»
Ahora, según Kaúl, pedirán que se convoque a elecciones en un plazo no mayor de los sesenta días. De renunciar ambos dirigentes, la DAIA quedaría casi acéfala porque su presidente natural, Gilbert Lewi -como adelantó este diario en su oportunidad- debió dejar el cargo hace algo más de un mes, aquejado de una enfermedad que le impide en lo inmediato reasumir de manera plena sus actividades. Sería entonces la oportunidad que viene esperando el partido Avodá (laborismo, centroizquierda) al que pertenece Kaúl para recuperar la conducción de la DAIA, perdida hace más de una década y media a manos de una coalición de derecha y de partidos religiosos que encumbró a Beraja. La misma que puso a Lewi y a Kirszenbaum como presidente y vice. «Hoy las elecciones no las ganan los partidos sino las personas, los dirigentes. Pero con el actual sistema que rige en DAIA para elegir autoridades, difícilmente pueda producirse un cambio», dice Kaúl. Por eso, adelanta, pedirán la reforma de las elecciones para que los votos sean 50% de las entidades, 50% de los afiliados.
Las autoridades de la DAIA son electas una por una por los representantes de 140 entidades comunitarias (clubes, escuelas, templos, etc.) que tienen entre dos y cuatro votos cada una, de acuerdo con su tamaño y número de adherentes. Desde hace años, Avodá viene pidiendo para las elecciones en la DAIA «un socio de entidad judía, un voto» -como se elige en AMIA-, propuesta que fue recurrentemente rechazada por la mayoría.
Está claro, sin embargo, que al margen de lo que mueve esta pelea entre entidades judías -enconos personales, diferencias ideológicas, acusaciones sobre el pasado de dirigentes-, la misma es funcional al gobierno, porque se demostraría una vez más que quien ose atacarlo estará en peligro de perderlo todo. S.D.
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