Diputados contra gobierno y jueces por reforma penal
-
La Justicia desestimó una denuncia contra Ricardo Quintela por inexistencia de delito
-
Entre Adorni y el malestar por la economía: la imagen de Milei cayó siete puntos en marzo
León Arslanian
Mussa articuló toda una defensa de la nueva ley basada en la pasión que tienen algunos jueces de mantener rehenes a los procesados por conveniencia mediática o política: «Existía un concepto que permitía a los magistrados determinar cuándo se podía interrumpir el período de prescripción según la jurisprudencia, y los jueces federales se molestaron porque ya no tienen la atribución de discrecionalidad pura», dijo.
Para Durrieu unas 25.000 causas podrían pasar a archivo con la nueva norma, y esos efectos ya no podrán ser remediados ni siquiera con la votación de una nueva ley ya que rige el principio retroactivo de aplicación de la ley más benigna.
El gobierno, a pesar de apoyar supuestamente una reforma, sostuvo en ese encuentro con Blumberg un argumento similar al esgrimido por el Congreso: «Ellos dicen que a veces están durmiendo las causas, que muchos jueces federales que ahora se quejan son los que están actuando más», tal como relató ayer el propio Blumberg por radio.
Cerca de esos argumentos, la pregunta que se hacen en el Congreso es directa: «¿Es apresurado pensar que el lapso lógico para la duración de una causa penal deba ser bastante inferior a la pena máxima que se puede aplicar por la comisión del delito que se imputa al procesado?».
• Rankings
Esta afirmación se sustenta en los rankings que indican que la Argentina tiene índices de demora en resolución de juicios que superan a cualquier otro país de América.
«Es muy difícil saber si la Justicia aplica mano dura o no, cuando no se sabe si el supuesto ladrón u homicida es culpable después de esperar 4 o 5 años por una sentencia», se argumenta. Se sabe del placer que existe en algunos fueros por mantener procesados rehenes de las decisiones judiciales, como forma sublime de manejar poder. Lo han hecho siempre algunos jueces con políticos, banqueros e incluso periodistas.
Por otro lado, abogados e incluso algunos jueces reconocieron que la modificación de los plazos de prescripción que corre a partir de la nueva ley puede acelerar el fin de grandes causas, o -por su necesaria aplicación retroactiva en el derecho penal al ser ley más benigna- directamente mandar algunas al archivo. Pero contra esa posibilidad está también la de reactivar esas causas en peligro de extinción, y no es mucho lo que un juez debe hacer para reavivarlas: en algunos casos con sólo convocar a una ampliación de indagatoria se corta ese plazo de prescripción.
El penalista Elías Neumann opinó incluso que la norma «está bien porque facilita la selección penal», aunque criticó que las reformas al Código Penal se hagan por la técnica del «parche», una realidad inobjetable después de las más de cien reformas existentes que ha precipitado a juristas de todas las bibliotecas a pedir directamente la redacción de un nuevo código.
Todos los argumentos, a favor y en contra, pueden resumirse en las declaraciones de una sola persona, León Arslanian. El lunes declaró que «muchos delincuentes procesados con prisión preventiva saldrán en libertad. El sentido de la oportunidad no ha sido el mejor. Viene a contrapelo de la lucha contra el delito en la provincia», sentenció. Y el martes dijo: «Estoy totalmente de acuerdo con la reforma al Código Penal aprobada por el Congreso. Si la ley es buena intrínsecamente, cualquier momento es bueno, por más que se diga que va a tener tal o cual consecuencia no querida», y terminó: «Estoy preocupado por el sesgo que ha tomado este debate. Es un avance extraordinario, hasta ahora había una gran incertidumbre entre los propios jueces, por decisiones judiciales absolutamente contradictorias».




Dejá tu comentario