Dividir para mandar: qué gana Kirchner si se parte bloque PJ

Política

Lejos de haberse calmado los ánimos, esta semana puede haber un nuevo estallido en la primera guerra política en la Cámara de Diputados que podría hacerle perder la hegemonía al duhaldismo a manos de los diputados kirchneristas. Lo que comenzó con una orden de la Casa Rosada para diferenciar la tropa propia del gobierno -a través de un comunicado sobre la coparticipación- de los seguidores de Eduardo Duhalde -imbatibles hasta ahora en cuando a control de la Cámara baja- puede terminar en un cambio de manos del poder en el Congreso impensado hace un mes.

Esta crisis del bloque peronista tiene alternativas diferentes de otras -es imposible contar cuántas hay por año-, por los protagonistas, la cantidad de diputados involucrados y el momento en que se da:

• Es, sin duda, la pelea con más posibilidades de herir el poder del duhaldismo en Diputados y hasta puede hacerle perder el control de la bancada o dividir a los peronistas en, al menos, dos bloques.

Uno de los elementos considerados más graves dentro de la pelea es que los diputados kirchneristas recibieron la orden directa de
Néstor Kirchner de avanzar sobre el control de Diputados. Hasta ahora las discusiones dentro del bloque se habían dado entre los distintos grupos kirchneristas con algún sector del duhaldismo, en acciones descoordinadas por parte del oficialismo de la Casa Rosada.

Esta vez el Presidente consiguió reunir a 52 diputados en la declaración de apoyo al gobierno sobre las disputas en la Ley de Coparticipación,
lo que puso por primera vez al duhaldismo en minoría, si se comprueba a futuro que todos los firmantes están dispuestos a responder a una nueva conducción dentro o fuera de lo que hoy se conoce como bloque peronista.

• Dato peligroso

El segundo dato peligroso para la unidad del PJ en el Congreso es que si el propio Kirchner alentó una división interna, aunque en esta ocasión no llegue a materializarse, se abre la puerta para que otros sectores del peronismo decidan independizarse. La única experiencia reciente formal de ruptura la había protagonizado Adolfo Rodríguez Saá, pero existieron crisis que terminaron creando subloques con lo que se mantenía cierta idea de unidad a pesar de las divisiones. Ahora la situación podría cambiar.

• El kirchnerismo consiguió reunir, en total,
a 52 diputados que apoyaron la postura oficial. La integración de ese grupo demuestra que el Presidente trabajó con algunos gobernadores aliados, pero que una gran mayoría no le respondió por ahora, por lo menos, incorporando a esa lista a todos sus diputados.

Dentro de ese demostración de fuerzas se cuentan todas las ramas del kirchnerismo en Diputados, más el aporte de los legisladores de gobernadores como
Jorge Busti, Eduardo Fellner y los misioneros que responden a Carlos Rovira, más el clásico apoyo de santacruceños y chubutenses.

¿Pero qué pasaría
si Kirchner decide presionar más fuerte sobre el resto de los gobernadores apurando una definición?, en un momento clave de negociación por fondos federales como es la discusión de la Ley de Responsabilidad Fiscal y la Coparticipación. Esta es la pregunta que se hacían los diputados «independientes» del bloque -los que todavía no responden definidamente a uno u otro grupo- y que suman unos 40 legisladores.

Por ejemplo. El duhaldismo tiene algunos problemas con los santafesinos. Algunos seguidores de Jorge Obeid firmaron la declaración del kirchnerismo, pero no es seguro que el resto, en buena medida «lolistas» de
Carlos Reutemann vayan a acordar mantenerse unidos al grupo de Duhalde.

Por eso es que
la alternativa de una división del bloque plantea más seguridades hoy para los bonaerenses que la posibilidad de mantener el bloque unido bajo una nueva conducción negociada. En caso de ruptura de la bancada, los duhaldistas confían en poder sumar dentro del PJ antioficialista a los diputados del salteño Juan Carlos Romero, el resto de los santafesinos -que no están cómodos ni con el actual gobierno ni con el funcionamiento del bloque- y a los pampeanos de Rubén Marín, entre otros. A esta estructura le suman otra apuesta: convencer a Adolfo Rodríguez Saá de que vuelva al bloque peronista -olvidando sus fantasmas sobre el final de su semana de mandato presidencial-, ya sin los seguidores de Kirchner. Sólo en esas condiciones Duhalde podría contar nuevamente con un grupo de diputados suficientemente fuerte para complicar al gobierno.

• Los kirchneristas declararon abiertamente que no tienen intenciones de romper el bloque peronista. Pero la fuerza de los hechos podría indicar lo contrario.

En el caso de una división a los actuales diputados justicialistas de «
la Casa Rosada» se le sumarían los « transversales» que hoy están afuera del PJ como Miguel Bonasso, Alicia Castro o Nilda Garré, e incluso sueñan con mantener un acuerdo con el cordobés Luis Juez.

Apuestan también a mantener como propio a un duhaldista que, hasta ahora, consiguió mantener en el medio de las aguas conservando la confianza de
Kirchner: José María Díaz Bancalari, presidente del bloque. Creen que podría transitar el mismo camino hacia el kirchnerismo ortodoxo que hicieron Aníbal Fernández o José Pampuro. Esta sería la combinación perfecta, sumada a la presión que el Presidente podría ejercer sobre más gobernadores, para enfrentar a quienes hoy consideran los más enemigos dentro del duhaldismo: Hilda Chiche González y Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara.

• La estrategia del oficialismo tiene en medio dos puntos débiles:
involucra a una creciente pelea por la conducción de la Cámara baja y carece de una «cara mediática conocida» para conducir al grupo que puede surgir de la división del bloque PJ, según confiesan los mismos kirchneristas.

• Arquitectura del poder

Por eso el duhaldismo hablaba alegremente la semana pasada en una chicana directa: «Si se juntan van a terminar todos bajo el mando de Bonasso, es el jefe natural, el que más sale en televisión», decían.

Un sector de los «
diputados K» quiere sacar a Camaño de la conducción del cuerpo y mover a ese puesto a Díaz Bancalari. Esa arquitectura del poder en Diputados se completa colocando al santafesino Julio Gutiérrez -kirchnerista que a pesar de todo se mantiene con buenas relaciones con el resto de la bancada- en la presidencia del bloque. ¿Es posible cambiar de presidente de la Cámara de Diputados en medio de un período legislativo? Técnicamente el reglamento no lo prohíbe, pero el oficialismo sólo con la intención estaría declarando una guerra que involucraría al resto de los partidos a la hora de alinearse en la votación. Prueba de eso fueron la declaraciones del ultrakirchnerista chaqueño José Mongelo: «Camaño se tiene que ir cuando nosotros digamos». Mientras tanto la conducción del bloque, curiosamente, sigue diciendo que la pelea no existe.

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