17 de junio 2004 - 00:00

Divorcio sí, pero se dilata la separación

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
P asó unas tres horas Eduardo Duhalde por la Cámara de Diputados, se entrevistó con su trío más mentado (Atanasof, Camaño y Díaz Bancalari).

También con otros, justo en el momento culminante de su batalla con Néstor Kirchner. Para ilusos o bromistas fue la respuesta de quienes hablaron con él: dijeron que les explicó la importancia del puente Punta Lara-Montevideo. Graciosos porque, en la mayor parte de las charlas, Duhalde se concentró en otros temas más candentes e importantes. Por ejemplo, la óptima performance de Banfield, el club de sus desvelos, que por la cantidad de puntos este año ingresa a una competencia sudamericana. Parece que hartó a sus interlocutores con fanatismo de ocasión, inclusive burlándose de sus testigos, hinchas de otros equipos de menor cuantía o Primera B. Casi por razones de identidad, ningún duhaldista adscribe a un equipo grande.

Aun así, hubo otras cuestiones, también limitadas pues no todos los que lo escuchan en grupo gozan de la misma confianza. Es decir, que los sospecha transmisores de sus opiniones a otros oyentes interesados. Igual sostuvo que le costaba entender las reacciones de Kirchner, también que no esperaba en este momento que el Presidente desatara la guerra (la esperaba para más adelante). Uno de sus visitantes, le comentó que la irascibilidad de Kirchner obedecía a que ahora lamenta no haber aprovechado la oportunidad de enfrentar al bonaerense cuando las encuestas lo beneficiaban con 80% de adhesiones, mientras que los números actuales lo ubican en 46%. Duhalde escuchaba, más bien se supuso que aguantó en Diputados -hasta pidió unos sándwiches, postergando unas horas su viaje a Uruguay-por si debía morigerar las declaraciones de su esposa Chiche (Kirchner está cerca de la dictadura y que la entusiasmaría competir con Cristina en la provincia, de mujer a mujer).

Hubo, como es de imaginar, ensañamiento oral con Aníbal Fernández, al que por trasvasado al kirchnerismo le han inventado infinidad de apodos (el más sutil es el de «visitador médico», ya que en su valija tiene folletos para explicar todo). Rescataron una anécdota de devaluación, cuando el ministro dijo unas palabras en una reunión con intendentes y Kirchner lo dejó con la voz colgada, sin prestarle atención. Se piensa que el divorcio es definitivo entre las partes, pero está claro que Duhalde quiere atrasar la fecha de la separación legal. Dos razones lo gobiernan: 1) quiere que quede claro que él ya no es el « padre» del Presidente (proceso acelerado y al que el Presidente aporta elementos del ADN) y 2) no mostrarse confrontando ante una sociedad que le desconfía y sospecha por anteriores desenlaces traumáticos, como la salida de Fernando de la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá.

• Banco Provincia

Las carpetas sobre la investigación del Banco Provincia no parecen inquietarlo, pero en su lista de invitados también incluyó al diputado Rodolfo Frigeri, ex titular de la institución. Todos estiman que desempolvar carpetas personales puede ser perjudicial para todos. Cuando hablan de todos, claro, no se refieren al resto de los ciudadanos, sino al peronismo que estuvo en el poder y que está en el poder. No ignora Duhalde, por otra parte, que se habla de la existencia de un testimonio televisivo de más de tres horas, al estilo Pontacuarto, que enumera una lista casi interminable de personajes partidarios y hasta de un empresario que -por ser buen cliente, sin duda primero le entregan el dinero y unos días más tarde se anotaba el crédito. Detalles menores, por supuesto, como el informe de cómo la SIDE --en apariencia-ha enchufado los principales teléfonos de los dirigentes duhaldistas, seguramente para alguna pesquisa superior. Todos están atentos.

• Jarana

Una sola rispidez se escuchó cuando, al hablarse de lo que demanda el gobierno (la mitad de los cargos el año próximo, en las listas bonaerenses), alguien comentó: «Creo que a Kirchner le corresponde lo mismo que a Carlos Menem en su tiempo, dos diputados. O uno y medio, ya que pusimos a César Arias mientras el otro era agente doble».
Clima de jarana, como se advertirá, segura inasistencia de Duhalde a cualquier compromiso con el gobierno (léase entrevista), regreso al Congreso -al Senado, más precisamente, la semana próxima-para conversar con legisladores propios, de la oposición y hasta del menemismo (¿es Eduardo Menem un intermediario entre el bonaerense y el recluido hermano en Chile?), y, entonces, la seguridad de que para el público se hablará en esos encuentros del puente Punta Lara-Montevideo, cuando en secreto se discutirá la integración del equipo de Banfield. Parte de la historia argentina.

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