Son casi mecánicas las apariciones de Eduardo Duhalde, casi siempre por radio. Cada tanto se expresa, como si no estuviera en campaña electoral, seguramente por consejo de sus asesores (quienes sin demasiada imaginación repiten el consejo que siguió Fernando de la Rúa para llegar a la Presidencia: «Hacer la plancha»). Para no tentarse con improvisaciones, el ex gobernador hasta se distancia físicamente de Buenos Aires, viaja, se guía en el exterior de lo que le cuentan por teléfono. Pero ayer, aprovechando el vacío político -también consejo de sus asesores-, con María Luján Batallán produjo un extenso diálogo tipo Día del Padre y con las reiteraciones habituales de Duhalde sobre la producción, el trabajo, lo mal que está la gente y lo bueno que son sus competidores políticos al Senado (Raúl Alfonsín y el cura Luis Farinello) porque están debajo suyo en las encuestas (otra, sin duda, sería la actitud, si alguno lo superara en los sondeos).
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Pero en el reportaje radial, casi sin advertirlo, Duhalde objetó al apellido Cavallo por partida doble, en referencia al actual ministro (Domingo) y al juez federal (Gabriel). Es que al comentar la prisión de Carlos Menem, dijo que era necesario descubrir si el Estado había perdido dinero, ya que parecía que se habían vendido armas por $ 100 millones de dólares y sólo se percibieron $ 40 millones (o sea, que hubo un faltante de $ 60 millones por ingresar al erario). Si es cierta esta afirmación, la responsabilidad del ministro Cavallo -de acuerdo con los dichos de Duhalde-no sería tan menor como hasta ahora se ha llevado en la causa: se supone que él debía controlar el cumplimiento de los pagos correspondientes y que éstos, por otra parte, tuvieran relación con los valores de mercado. Porque hasta ahora mucho se habló sobre la venta de armas pero se desconoce si ésta se ajustaba a los precios que normalmente se oblaban en plaza o, por el contrario, si se asemeja a otra operación escandalosa como la del affaire IBM-Banco Nación, donde el Estado se comprometía a pagar un monto sensiblemente superior por algo que valía mucho menos. Esto, que involucra al hoy y entonces ministro, es quizás a lo que se refería Duhalde.
Otro punto sensible de su conversación radial fue cuando el ahora candidato a senador por la provincia afirmó que no se hace nada en la investigación por el caso de los sobornos en el Senado, criticando implícitamente la acción del magistrado Cavallo, quien sucedió al ya destituido Carlos Liporaci pero que hasta ahora no produjo ninguna novedad al respecto (nadie sabe dónde fueron a parar los indicios graves, precisos y concordantes de los que había hablado su antecesor). Inclusive, esta semana -y eso debe haber molestado a Duhalde, el juez señaló que estaba dispuesto a recibir a cualquier «arrepentido» en la causa, cuestión por demás obvia, que en alguna medida pareció una suerte de provocación. En ese aspecto, al ex gobernador también le interesa saber cómo hará el presidente Fernando de la Rúa para ascender a Cavallo a camarista ya que, hasta ahora, él siempre eligió al primero de la terna y el actual magistrado figura como segundo. Un tema que dará para hablar en el futuro.
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