7 de mayo 2004 - 00:00

Duhalde: "No crean en la novela de pelea"

Entre sonrisas, Eduardo Duhalde se deja abrazar por Osvaldo Mércuri, que en un restaurante lomense anotó órdenes del expresidente y las trasmitió entre los peronistas. Tanto que quedó afónico.
Entre sonrisas, Eduardo Duhalde se deja abrazar por Osvaldo Mércuri, que en un restaurante lomense anotó órdenes del expresidente y las trasmitió entre los peronistas. Tanto que quedó afónico.
Abusó de gestos Eduardo Duhalde, en las últimas 48 horas, para amortiguar el ruido de guerra que instaló el lunes pasado en San Vicente con una foto de caciques del peronismo que reniegan por el maltrato -o destrato- de Néstor Kirchner y su artificio transversal.

Recurrió Duhalde a dos vías paralelas: una pública, oficial; otra privada, íntima. En ambos casos, el relato y la actitud fueron similares: de conciliación con el gobierno, de pedido de respaldo al patagónico y de lo inoportuno de acelerar la interna del PJ.

Ayer, desde Bogotá, luego de contarle a Alvaro Uribe su proyecto de Unión Sudamericana, envió el mensaje masivo. «Todos mis amigos deben apoyar al Presidente», dijo el bonaerense y le sugirió que no crea « las novelas que se escriben» sobre su tirantez con Kirchner.

Pero más sugerente fue lo que, de trasnoche, contó el martes en el restorán Rescoldo, de Lomas de Zamora. Allí se cruzó, casualmente, con Osvaldo Mércuri y aprovechó para dictar un catálogo de comportamiento para los duhaldistas que Mércuri se encargará de transmitir.

«Hay que salir de la crisis energética, hay que resolver la cuestión de la deuda. Para las elecciones falta mucho, no hay que hablar de interna todavía»
, le contó al jefe de Diputados que tanto se dedicó a difundir ese libreto que ayer lo atacó una disfonía.

Sobremesa con café y ensalada de fruta, en un rincón del restorán. Duhalde incluyó en la ronda otro nombre que ante su mínima mención acostumbran a gruñir los duhaldistas: Felipe Solá. «Hay que votarle las leyes que mandó Felipe por la inseguridad», pidió.

Se trata, en rigor, de los superpoderes que reclamó para sí León Arslanian. Horas después, el Senado aprobó esa ley con reformas -menos plazo y un control legislativo-. Anoche, Diputados completó la sanción. Igual medió una promesa de Arslanian que reveló Horacio Román. «Juró que no va a perseguir a los polis.»

Con Mércuri anotando todas las sugerencias, Duhalde reforzó el mensaje. «No voy a hacer nada que perjudique la gestión del Presidente, ni la de Felipe», repitió con una locuacidaz que no mostró en San Vicente, donde José Manuel de la Sota y Jorge Obeid ametrallaron a Kirchner ante su sintomático silencio.

• Esperando un guiño

El mensaje que Duhalde detalló ante Mércuri, el martes, en Lomas de Zamora, también sonó -pero con menos ostentación- en los oídos de otros dirigentes bonaerenses. Claro que éstos más que señales de paz esperan un guiño liberador para avanzar sobre el kirchnerismo.

Por eso, la pregunta recurrente es: ¿qué pasa con la interna?
«No es el momento: hay que salir de la crisis energética, resolver el problema de la deuda. Para las elecciones todavía falta mucho tiempo, para la interna hay que esperar que todo madure», avisó.

Esa frase, que
Duhalde mencionó al pasar, alimenta a los comandantes más críticos con el gobierno. La entienden como un aviso de esperar el momento oportuno para dar el zarpazo. Hasta, sin elementos sólidos, interpretan que Duhalde podría pelear por la jefatura del PJ.

Pero el bonaerense volvió a avisar que no será candidato, ni para presidir el peronismo ni, en 2005, como senador nacional. Cada tanto, el ex presidente debe calmar la ansiedad de los suyos, que se tientan con mandar a imprimir afiches con la consigna «Duhalde 2005».

A ellos se dirigió desde Colombia cuando afirmó que «
todos mis amigos deben apoyar al Presidente», porque está « haciendo las cosas bien y debemos apoyarlo». Lo mismo cuando destacó la reacción del gobierno ante la crisis energética y evaluó que la inflación de abril, de 0,9%, es producto del « crecimiento».

Tanta gentileza quizá tenga un motivo médico: los mareos que le produjo la altura de Bogotá, ciudad construida a 2.600 metros del nivel del mar.

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