20 de febrero 2003 - 00:00

Duhalde puso el ojo en gastos por sida

La tensión todavía no se disipó en el equipo de gobierno desde la última reunión de gabinete, la semana pasada. Presidía Eduardo Duhalde y el conflicto se desató a raíz de una resolución de la Jefatura de Gabinete. Se trata de una decisión administrativa por la cual a partir de que cada ministro consume 5% de las partidas que tiene asignadas, debe pedir autorización a esa dependencia para realizar nuevas erogaciones.

•Protesta

Quien primero puso el grito en el cielo fue Ginés González García, el ministro de Salud.

«Yo no puedo esperar a que me autoricen gastos donde va la vida de la gente. Hay que pagar los medicamentos para tratamientos contra el sida y todavía no me habilitaron la partida, por eso no se puede hacer la licitación», bramó González García. Atanasof, tímidamente, le preguntó: «¿Cuándo hiciste el pedido? ¿Hace mucho o hace una semana?». El médico se movió en la silla y admitió: «Sí, fue la semana pasada pero tengo que pagar los medicamentos y no está la plata».

Riesgosa afirmación la del ministro: «¿Cómo tenés que pagar los medicamentos si no hiciste la licitación?». Ginés pasó por encima de la contradicción tocando de nuevo el cable de 220: «Es que los medicamentos ya me los dieron y hay que pagarlos». Estaba hablando de $ 37 millones correspondientes a las compras de un bimestre.

De pronto Jorge Matzkin salió en su auxilio y se volvió administrativista. Es lógico: vienen las elecciones y él también tiene que hacer compras (urnas y sobres, especialmente). De allí que le interesaba fijar algunas premisas. «Para adquirir bienes del Estado hay varios criterios. Uno es el de los números fríos, puestos por el mercado -comenzó a razonar Matzkin, por momentos un sentimental-; otro parámetro es la urgencia por la adquisición del bien y, finalmente, el de la oportunidad, que obliga a ser flexible respecto de los números.»

•Pensativo

Duhalde había pasado todo el rato con el índice en el labio inferior, pose que en él indica meditación. Cuando Matzkin había concluido, agregó: «Te falta un criterio, el mío. Porque no me gustó nada cómo se gastó el año pasado. Así que decidí tener control sobre todos las decisiones en esa materia. El jefe de Gabinete debe autorizar después de informarme a mí, que voy a tomar en cuenta todos los antecedentes para cada caso». Sólo uno de los presentes respiró tranquilo. Fue Roberto Lavagna, quien, cuando le contó el episodio a uno de sus íntimos colaboradores, razonó: «Por fin en algún tema dejo de ser visto como el cretino».

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