13 de noviembre 2003 - 00:00

Duhalde se pertrecha en el Congreso vs. gobierno

"¿Para qué quiere sus propios diputados si tiene los nuestros, que son como 120?" Esa pregunta, formulada con el tono de un «padrino» bonachón, pero implacable, salió de los labios de Eduardo Duhalde durante la presentación de la lista de diputados nacionales que encabezó su esposa e integró su yerno, además de la mayoría de sus ex ministros. Bastó un par de meses para que se entendiera la dimensión plena del interrogante.

Desde que Gustavo Béliz denunció que la dirigencia política bonaerense -en decir, el duhaldismo- se financia de manera espuria con ingresos provenientes de la delincuencia a través de la Policía del distrito, en el Congreso comenzaron a verificarse movimientos de disidencia y disgusto.

Eduardo Camaño
, el presidente de la Cámara de Diputados y uno de los dos hombres que hoy están más cerca de Duhalde (el otro es Alfredo Atanasof), se lo anticipó al jefe de Gabinete, Alberto Fernández: «Como siga habiendo este tipo de tensiones, será difícil sacar algunas leyes y tenemos una importante, el Presupuesto». Dicho y hecho. La sanción de esa norma peligra por el malestar del duhaldismo, que sirve como excusa también para que otros diputados descontentos pasen la cuenta de sus propias cuitas con el Poder Ejecutivo.

En el Senado, las aguas no están más calmas. Desde hace tiempo, la crónica sobre esa Cámara se escribe en los tribunales federales. La jueza María Romilda Servini de Cubría espera hasta el lunes para que un grupo de «padres de la Patria» declare si es verdad que el presidente provisional del cuerpo, José Luis Gioja, sostuvo delante de sus pares que a Eduardo Moliné O'Connor había que condenarlo por haber querido avanzar en contra de la pesificación dispuesta durante la administración Duhalde.

¿Habrá una cinta, como dicen, en la que está registrada la voz del sanjuanino y también las de otros senadores? ¿Es cierto que se grabó una reunión del bloque PJ completa y también la sesión en la cual se suspendió a Moliné O'Connor? Todo es posible: incluso, que esas grabaciones no existan y sean sólo versiones para intimidar a quienes hablaron de más y ahora piensan negar sus dichos ante la jueza. La doctora Servini de Cubría, quien suele ser una hábil negociadora, habría advertido a quienes están preocupados por esta causa que ella avanzará siempre y cuando no enreden en las acusaciones a Cristina Fernández de Kirchner. También para voltear ese límite se habla de aquellas cintas y se sostiene que conservarían la voz de la esposa del Presidente diciendo, en un corrillo que se formó en el recinto aquella noche del 8 de octubre: «El que no vote que sepa que le corto los grifos».

La causa que lleva adelante Servini se denomina «Gioja Luis, sobre instigación a cometer delitos; prevaricato» y fue iniciada a partir de la denuncia de dos personas sin notoriedad pública, Tomás Saavedra y Alicia Novais. Si se llega a demostrar que las acusaciones sobre Gioja son ciertas, podría anularse, por vicios de procedimiento, la suspensión que se aplicó a Moliné. Depende de lo que digan ante la Justicia los senadores Angel Pardo, Eduardo Menem, Luis Barrionuevo, Nancy Avelín (enemistada con el acusado por disputas sanjuaninas), entre otros.

¿Renunciará Gioja a la presidencia provisional del Senado para recluirse en San Juan, donde pronto ocupará el lugar del gobernador? Un amigo senador le aconsejó esa salida antes del escándalo. Así como es difícil establecer un límite entre las habladurías y las pruebas, tampoco se conoce bien hasta qué punto el Congreso se dirige a chocar contra el Ejecutivo o si, en cambio, sólo se ha desatado un juego de presiones que tendría como desenlace no más que una negociación entre Kirchner y Duhalde para restablecer las condiciones de la paz. El ex presidente simula pasar sus días en unas eternas vacaciones que lo tienen hoy en una playa y mañana en un spa. Pero ninguno de esos destinos le impide estar informado al minuto sobre las amenazas que se ciernen sobre él y los suyos.

• Frialdad

El enfriamiento en el Congreso comenzó el martes por la noche: José María Díaz Bancalari sólo pudo sentar a una venintena de diputados en la habitual reunión de bloque. Desde las filas de Duhalde, a las que pertenece sin demasiada convicción, le hicieron saber que «en adelante las leyes las aprobaremos, pero la defensa debe hacerla Kirchner con su gente; a nosotros ni nos reciben en Olivos», como dijo un gravitante diputado del interior del país que orbita alrededor de Duhalde. En rigor, en el malestar que comienza a advertirse en la Cámara baja pesan distintos factores. Uno de ellos es la reacción de la provincia de Buenos Aires ante el trato agresivo que le plantea Kirchner.

Pero también existen problemas de carácter -llamémosle así- gremial, de aquellos legisladores que están por abandonar las bancas y no recibieron todavía ni un saludo del poder. Por decirlo con los términos que el «librero»
Roberto Lavagna aplicó a los empresarios, también los legisladores «están mimosos». Sea cual fuere el cóctel de motivaciones que enrarece las relaciones entre el Ejecutivo y el Congreso, el efecto está claro: hoy peligran dos operaciones importantes de Kirchner en las cámaras. Estas son la aprobación del Presupuesto y la remoción del juez Moliné O'Connor.

Ya hubo antecedentes para encrucijadas como éstas, si bien más leves: Duhalde debió hablar personalmente con sus legisladores para que el gobierno viera anuladas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y para que
Raúl Zaffaroni ingresara en la Corte. El ex presidente mira de nuevo su teléfono esperando que lo convoquen desde la Casa Rosada. Cree, como todo su entorno, que existe una jugada de Kirchner para dividir el poder bonaerense.

Festeja, sin embargo, que
Felipe Solá no sea la cuña más adecuada para abrir esa herida: el gobernador no logró hasta ahora armar su propia liga de intendentes y tampoco pudo entregar la cabeza de Juan José Alvarez, como pidió en su momento el Presidente. Alvarez es el hombre con el que Duhalde le intervino a Solá la política de seguridad y la relación con la Policía Bonaerense. ¿Avanzará por sus propios medios Kirchner en este duelo?

Hay, por lo menos, tres gobernadores que miran con recelo un detalle de la ley del Presupuesto Nacional. Se trata de una cláusula por la cual, a pedido del senador
Jorge Yoma, se dispone que la coparticipación que se le envía a La Rioja se canalizará oficialmente a través de municipios y organizaciones no gubernamentales. Angel Maza, el gobernador, está enardecido. Sus colegas, preocupados. Kirchner podría tentarse con aplicar el mismo método con varias provincias, aun cuando la de Buenos Aires le quede grande. ¿Hará lo mismo con el Congreso? La composición de una nueva Corte le permitiría recurrir con más soltura a los decretos de necesidad y urgencia, y eludir de esa manera el trámite parlamentario. ¿O irá el Presidente un paso más allá?

Así como existen amenazas veladas con grabaciones desde las Cámaras, el Ejecutivo ha lanzado a correr una versión también inquietante: la de un plebiscito que tendría como principal designio si no suspender, por lo menos acorralar al Parlamento. Abierta en la crisis de seguridad bonaerense, la escalada entre Kirchner y quienes lo llevaron al poder aumenta con las horas. Para ambos bandos, cada vez aparece más urgente una negociación.

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