Duhalde se pertrecha en el Congreso vs. gobierno
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Eduardo Camaño, el presidente de la Cámara de Diputados y uno de los dos hombres que hoy están más cerca de Duhalde (el otro es Alfredo Atanasof), se lo anticipó al jefe de Gabinete, Alberto Fernández: «Como siga habiendo este tipo de tensiones, será difícil sacar algunas leyes y tenemos una importante, el Presupuesto». Dicho y hecho. La sanción de esa norma peligra por el malestar del duhaldismo, que sirve como excusa también para que otros diputados descontentos pasen la cuenta de sus propias cuitas con el Poder Ejecutivo.
• Frialdad
El enfriamiento en el Congreso comenzó el martes por la noche: José María Díaz Bancalari sólo pudo sentar a una venintena de diputados en la habitual reunión de bloque. Desde las filas de Duhalde, a las que pertenece sin demasiada convicción, le hicieron saber que «en adelante las leyes las aprobaremos, pero la defensa debe hacerla Kirchner con su gente; a nosotros ni nos reciben en Olivos», como dijo un gravitante diputado del interior del país que orbita alrededor de Duhalde. En rigor, en el malestar que comienza a advertirse en la Cámara baja pesan distintos factores. Uno de ellos es la reacción de la provincia de Buenos Aires ante el trato agresivo que le plantea Kirchner.
Pero también existen problemas de carácter -llamémosle así- gremial, de aquellos legisladores que están por abandonar las bancas y no recibieron todavía ni un saludo del poder. Por decirlo con los términos que el «librero» Roberto Lavagna aplicó a los empresarios, también los legisladores «están mimosos». Sea cual fuere el cóctel de motivaciones que enrarece las relaciones entre el Ejecutivo y el Congreso, el efecto está claro: hoy peligran dos operaciones importantes de Kirchner en las cámaras. Estas son la aprobación del Presupuesto y la remoción del juez Moliné O'Connor.
Ya hubo antecedentes para encrucijadas como éstas, si bien más leves: Duhalde debió hablar personalmente con sus legisladores para que el gobierno viera anuladas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y para que Raúl Zaffaroni ingresara en la Corte. El ex presidente mira de nuevo su teléfono esperando que lo convoquen desde la Casa Rosada. Cree, como todo su entorno, que existe una jugada de Kirchner para dividir el poder bonaerense.
Festeja, sin embargo, que Felipe Solá no sea la cuña más adecuada para abrir esa herida: el gobernador no logró hasta ahora armar su propia liga de intendentes y tampoco pudo entregar la cabeza de Juan José Alvarez, como pidió en su momento el Presidente. Alvarez es el hombre con el que Duhalde le intervino a Solá la política de seguridad y la relación con la Policía Bonaerense. ¿Avanzará por sus propios medios Kirchner en este duelo?
Hay, por lo menos, tres gobernadores que miran con recelo un detalle de la ley del Presupuesto Nacional. Se trata de una cláusula por la cual, a pedido del senador Jorge Yoma, se dispone que la coparticipación que se le envía a La Rioja se canalizará oficialmente a través de municipios y organizaciones no gubernamentales. Angel Maza, el gobernador, está enardecido. Sus colegas, preocupados. Kirchner podría tentarse con aplicar el mismo método con varias provincias, aun cuando la de Buenos Aires le quede grande. ¿Hará lo mismo con el Congreso? La composición de una nueva Corte le permitiría recurrir con más soltura a los decretos de necesidad y urgencia, y eludir de esa manera el trámite parlamentario. ¿O irá el Presidente un paso más allá?
Así como existen amenazas veladas con grabaciones desde las Cámaras, el Ejecutivo ha lanzado a correr una versión también inquietante: la de un plebiscito que tendría como principal designio si no suspender, por lo menos acorralar al Parlamento. Abierta en la crisis de seguridad bonaerense, la escalada entre Kirchner y quienes lo llevaron al poder aumenta con las horas. Para ambos bandos, cada vez aparece más urgente una negociación.



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