2 de octubre 2002 - 00:00

Duhalde suma a Walsh, Bergoglio y Marín para convencer a Reutemann

Eduardo Duhalde, terco como pocos y en ocasiones preocupado por su futuro, sigue solitario con una obsesión: convencer a Carlos Reutemann de que se presente como candidato. Movió sus piezas desde hace 7 días y hoy tendrá la primera aproximación: el gobernador pampeano Rubén Marín, al que le encomendó la última misión, se entrevistará con su colega santafesino. A Marín también le interesa el encuentro: supone que si Lole acepta, él sería su número dos en la fórmula. Casi tiene más interés que el propio Duhalde.

El Presidente, al margen de los esfuerzos personales que hizo sobre Reutemann, tomó otras medidas: hizo contactos con la Iglesia, vía el arzobispo Jorge Bergoglio -no olvidar que Lole fue alumno de los jesuitas-y le pidió que intercediera. Hizo lo mismo con el embajador norteamericano James Walsh, a quien entrevistó el viernes pasado, quien parece que piensa igual que su jefe Otto Reich, aunque saque varios desmentidos. Es que Reutemann, sin haberlo expresado, habría deslizado que él se presentaría siempre y cuando Carlos Menem se bajara de la candidatura. O sea que, si a Menem lo bajan de afuera, le queda la pista libre al santafesino, para decirlo en su lenguaje.

Lo de Walsh, más allá de la coincidencia con Reich -un sorprendente caso de injerencia en la vida interna política de un país, a menos que se la considere una «republiqueta», como Lula-, se apoya en otra realidad: él confesó públicamente que uno de sus mejores amigos en la Argentina es Carlos Ruckauf, hombre de cuya lealtad puede dar fe el propio Menem. Por otra parte, Walsh está amortizado: de Buenos Aires se va a su casa, de modo que puede coronar el retiro satisfaciendo a su jerarquía y a los amigos.

En Gobierno son sólo unos pocos los que conocen el movimiento de Duhalde: se ha prescindido de todos adrede, quizás hasta por desconfianza (notable el apartamiento que hizo de Jorge Matzkin y de su propio secretario personal, José Pampuro, a quien considera un tanto lenguaraz). Sólo él pilotea la operación -podría contar con la asistencia del matrimonio Barrionuevo que este fin de semana viaja a Santa Fey, curiosamente, parece más convencido de que Menem se puede bajar que de que Reutemann finalmente le otorgue el «sí». Duhalde cree que ya hizo todo lo que reclamaba Reutemann, que cumplió con las condiciones. Para otros, no puede saldar la más importante: Lole ha dicho que no quiere parecer títere de nadie, que su postulación sea obra de la gente y no del aparato, mucho menos del duhaldista. Igual, si no alcanzan Walsh y sus operativos, la diplomacia jesuítica de Bergoglio ni la terapia de Marín, está en marcha una procesión, una marcha sobre Santa Fe para que el elegido sienta un calor popular diferente del piquete que hoy le asedia a tres cuadras su casa de gobierno.

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