Es la hora del poroteo. Duhaldistas y felipistas se zambulleron ayer en la matemática electoral para testear cuánto tiene cada uno para encarar la pulseada del PJ que, antes de llegar a las urnas -si llega- tendrá una preliminar en los congresos paralelos convocados para la semana próxima.
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Sin Eduardo Duhalde -sigue de gira por Europa-, el PJ oficial montó múltiples minicumbres para urdir la contraofensiva a la jugada que ejecutó Felipe Solá al convocar a un congreso propio que sesionará 72 horas antes del llamado, para el domingo 29, por el ex presidente.
Ayer, el felipismo traspasó el umbral: el senador Juan Amondarain elevó a la Justicia electoral un escrito para notificar sobre la autoconvocatoria para el jueves 26 y pidió al juez Humberto Blanco que envíe veedores para «contar» a los congresales presentes.
Parece un detalle legal, pero es mucho más: una vez computados los asistentes, Solá definirá si concurre o no al congreso del PJ en Lanús. Si, como aguijonean sus operadores, suma 400 delegados, asistirá; si, en cambio, está lejos de esa cifra, el domingo se quedará en su casa.
En La Plata, hacen cuentas para decir que «su» piso es 380 congresales, con lo que no sólo podrían validar el congreso paralelo, sino que también tendrán el número para aparecer en la cumbre de Lanús a abortar la maniobra duhaldista e imponer posturas propias.
El escenario de máxima, definitivamente improbable, lo mencionan mostrando los caninos. «¿Y si logramos la mayoría, ponemos nuevas autoridades, cambiamos la junta electoral y después vamos por el PJ?», se embalaba ayer, colgado de una nube, un felipista. Sea como fuere, con número o sin él, el escenario es brumoso. Destino cantado: el duhaldismo desconocerá la autoconvocatoria felipista, y la pulseada terminará, inevitablemente, estancada en la Justicia. Una vez más, el PJ arrastrará a los tribunales sus pestes de entrecasa.
El duhaldismo dice tener el control de 600 congresales «como mínimo». «Si va a ir por fuera del PJ, ¿para qué se mete en el partido?», pensó ayer en voz alta un intendente duhaldista. «Quiere judicializar el partido para evitar que haya internas», se respondió como hablando ante el espejo.
Pero hay una mirada más llana: más allá del ropaje jurídico con que quieren vestir al congreso bis, la intentona del felipismo es dar un sablazo político mostrando que una porción -sea 25% o 50%- del PJ está alineada con Solá y decidida a toparse en el ring con Duhalde.
• Presencia simbólica
Como moño de ese montaje, el felipismo anuncia una presencia en principio simbólica: los congresales que se enrolan en el kirchnerismo.
Con ese contexto, los leales al gobernador empujarán sus cuatro consignas: apoyo a Kirchner y Solá, proclamación de Cristina Fernández como candidata a senadora, que el PJ adhiera al Frente para la Victoria y la renovación de las autoridades partidarias y de la junta electoral.
El jueves, en el club Atenas de La Plata, votarán esa agenda que, sin dan los números, llevarán tres días después a Lanús para poner al duhaldismo en un brete: tener que apoyar o despreciar la candidatura de la primera dama.
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