Quizá el público en general no lo perciba, pero es delicada la crisis política que se vive en la Capital Federal, inclusive es histórica (nunca se le hizo juicio político a un jefe de Gobierno). Por eso sorprende descubrir a Aníbal Ibarra y a su suplente Jorge Telerman casi como protagonistas de un tironeo amoroso -en medio de la crisis- que puja por la bendición de Néstor Kirchner.
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El martes, Kirchner en un acto trató al suspendido jefe de Gobierno -quien acudió como público, claro- de «amigo Aníbal», lo que fue leído por muchos como el aval que faltaba para que los tres kirchneristas que hoy son juzgadores en la Comisión de Juicio Político levanten la mano a favor del regreso de Ibarra.
Ayer, fueron cercanísimos a Telerman los que se encargaron de difundir que el suplente y Kirchner habían mantenido el lunes una larga charla telefónica (referida a la gestión porteña, aseguran) y que incluso tuvieron una cita. Como heridos casi ante una infidelidad, del lado de Telerman además aseguraron que al acto aquel del martes Ibarra fue «colado» porque el invitado era el jefe porteño a cargo y que al enterarse, el suspendido levantó una mesa del café Tortoni y emprendió rápido el camino hacia la Casa de Gobierno.
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