El gobierno eludió las críticas de obispo y las endosó a la oposición
El gobierno en pleno escuchó ayer en la Catedral la homilía del cardenal Jorge Bergoglio durante el tedéum por la conmemoración de un nuevo aniversario del 25 de Mayo. Néstor Kirchner junto a Cristina Fernández y Daniel Scioli, acompañado de Karina Rabolini, todos en primera fila, recibieron las palabras de Bergoglio con gesto adusto. El prelado criticó el «facilismo», la «nostalgia formal del pasado» y recurrió en una decena de ocasiones a la palabra « mediocridad» para definir costumbres sociales y políticas de la Argentina. La homilía fue interpretada por algunos como una fuerte crítica al gobierno. Otros salieron desorientados de la Catedral al no entender acabadamente los giros bíblicos que utilizó para definir a la política argentina. El gobierno prefirió interpretar que se refería a la oposición.
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«Nadie puede quedar afuera -decía Bergoglio-; toda transformación profunda que se encamine hacia la serenidad de espíritu, hacia la convivencia y hacia una mayor dignidad y armonía en nuestra patria, solamente puede lograrse desde nuestras raíces», refirmó en un tramo recibido con calma por no parecer una crítica al gobierno.
Luego volvió con «también hay espejismos» y por ello «hoy como siempre los argentinos debemos optar: o elegimos el espejismo de la adhesión a la mediocridad que nos enceguece y esclaviza o nos miramos en el espejo de nuestra historia». En ese momento Cristina Kirchner tampoco se inmutó, pero continuó con el gesto serio que mantuvo desde el principio.
• Diferenciación
La homilía se basó en el evangelio de San Lucas, en los versículos donde expresa que Jesús «lleva la buena noticia a los pobres, anuncia la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, da la libertad a los oprimidos y proclama un año de gracia del Señor», aunque debe abandonar esta misión en Nazaret al ser «sacado a empujones» por su condición de hijo de un carpintero.
En otra de sus reinterpretaciones bíblicas, Bergoglio hizo una diferenciación entre «lo sabio y lo ilustrado» y advirtió que este último «puede correr el riesgo de dejarse empapar de ideologías, de prejuicios, de facciosidad; la impaciencia de la elites ilustradas no entiende el laborioso y cotidiano caminar de un pueblo».
Uno de los momentos de mayor confusión, entre tanta alegoría mezclada con supuesta crítica política, fue cuando el cardenal sentenció: «Nos hallamos estancados en nuestros discursos y contradiscursos, dispuestos a acusar a los otros, antes que a revisar lo propio. El miedo ciego... lleva a despreciar lo distinto, a no ver lo complementario, a ridiculizar y censurar al que piensa diferente, lo cual es una nueva forma de presionar y lograr poder». El párrafo podía estar destinado tanto a Aníbal Fernández como a Elisa Carrió o al propio Kirchner.




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