26 de mayo 2004 - 00:00

El gobierno eludió las críticas de obispo y las endosó a la oposición

El gobierno en pleno escuchó ayer en la Catedral la homilía del cardenal Jorge Bergoglio durante el tedéum por la conmemoración de un nuevo aniversario del 25 de Mayo. Néstor Kirchner junto a Cristina Fernández y Daniel Scioli, acompañado de Karina Rabolini, todos en primera fila, recibieron las palabras de Bergoglio con gesto adusto. El prelado criticó el «facilismo», la «nostalgia formal del pasado» y recurrió en una decena de ocasiones a la palabra « mediocridad» para definir costumbres sociales y políticas de la Argentina. La homilía fue interpretada por algunos como una fuerte crítica al gobierno. Otros salieron desorientados de la Catedral al no entender acabadamente los giros bíblicos que utilizó para definir a la política argentina. El gobierno prefirió interpretar que se refería a la oposición.

El gobierno eludió las críticas de obispo y las endosó a la oposición
Néstor Kirchner conoció con anticipación la homilíaque el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, pronunció ayer durante el tedéum en la Catedral por la conmemoración del 25 de Mayo. A pesar de eso, el Presidente y su esposa mantuvieron un gesto adusto en el templo, al igual que el resto del gobierno, y hasta pudo verse incluso a algunos ministros casi dormidos. En general primó la desorientación frente las alusiones de Bergoglio a «estratagemas mentirosas y mediocres» o la falsedad de «soluciones mágicas». Le costaba al gobierno entender si las críticas incluidas en el lenguaje vaticano del prelado iban dirigidas al actual elenco o a las malas prácticas políticas en general. En las declaraciones de circunstancia que la prensa le pidió a alguno de los ministros, esa desorientación quedó en evidencia. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, la calificó de «interesante» y explicó que «llama a la reflexión de los argentinos; simplemente nos pide terminar con la miseria del diálogo que tenemos los argentinos muchas veces y con las difamaciones y diatribas, aceptar la tolerancia y aportar ideas, que es algo que falta en la oposición».

Para algunos, la homilía estuvo dirigida directamente al gobierno, a la falta de autocrítica y diálogo y a las soluciones facilistas. Sobre todo se recalcó la insistencia en el uso de la palabra «mediocridad», pero todo es cuestión de interpretación.

Comenzó el cardenal con un llamado formal a «retornar a las fuentes de Mayo» y no ejercitar «nostalgias formales».

Fue ese estilo genérico, sin focalizarse en ninguna persona en especial, el que desorientó a los presentes en la Catedral.

Ya había pasado un largo tramo del sermón cuando Bergoglio mencionó que «este pueblo no cree en las estratagemas mentirosas y mediocres, tiene esperanzas, pero no se deja ilusionar con soluciones mágicas. No lo confunden los discursos, se va cansando de la narcosis del vértigo, el consumismo, el exhibicionismo y los anuncios estridentes». Nuevamente ese sayo le cabía a cualquiera.

Para ese entonces, los camarógrafos de «Canal 7» se desesperaban por encontrar imágenes de funcionarios que no aparecieran enojados o dormidos. Como el caso de Rafael Bielsa, que se salvó de aparecer con los ojos cerrados cuando se frenó a tiempo un «fundido encadenado» de imágenes que iba de Kirchner al canciller.

«Nadie
puede quedar afuera -decía Bergoglio-; toda transformación profunda que se encamine hacia la serenidad de espíritu, hacia la convivencia y hacia una mayor dignidad y armonía en nuestra patria, solamente puede lograrse desde nuestras raíces», refirmó en un tramo recibido con calma por no parecer una crítica al gobierno.

Luego volvió con «también
hay espejismos» y por ello «hoy como siempre los argentinos debemos optar: o elegimos el espejismo de la adhesión a la mediocridad que nos enceguece y esclaviza o nos miramos en el espejo de nuestra historia». En ese momento Cristina Kirchner tampoco se inmutó, pero continuó con el gesto serio que mantuvo desde el principio.

• Diferenciación

La homilía se basó en el evangelio de San Lucas, en los versículos donde expresa que Jesús «lleva la buena noticia a los pobres, anuncia la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, da la libertad a los oprimidos y proclama un año de gracia del Señor», aunque debe abandonar esta misión en Nazaret al ser «sacado a empujones» por su condición de hijo de un carpintero.

En otra de sus reinterpretaciones bíblicas, Bergoglio hizo una diferenciación entre «lo
sabio y lo ilustrado» y advirtió que este último «puede correr el riesgo de dejarse empapar de ideologías, de prejuicios, de facciosidad; la impaciencia de la elites ilustradas no entiende el laborioso y cotidiano caminar de un pueblo».

Uno de los momentos de mayor confusión, entre tanta alegoría mezclada con supuesta crítica política, fue cuando el cardenal sentenció: «Nos hallamos estancados en nuestros discursos y contradiscursos, dispuestos a acusar a los otros, antes que a revisar lo propio. El miedo ciego... lleva a despreciar lo distinto, a no ver lo complementario, a ridiculizar y censurar al que piensa diferente, lo cual es una nueva forma de presionar y lograr poder». El párrafo podía estar destinado tanto a Aníbal Fernández como a Elisa Carrió o al propio Kirchner.

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