La pelea interna del justicialismo en el congreso partidario del viernes ya amenaza con desbaratar el equilibrio de fuerzas dentro de la Cámara de Diputados, que se había terminado de armar menos de una semana antes. Néstor Kirchner está enojado hasta con los únicos diputados con que mantiene diálogo dentro de la bancada: José María Díaz Bancalari y el propio Eduardo Camaño, presidente del cuerpo, por ser ellos, junto con el jujeño Eduardo Fellner, los organizadores del congreso. Para el Presidente, los duhaldistas les tendieron una emboscada a los kirchneristas en el congreso -sospecha de la sincronización que hubo en los abucheos a su esposa y Sergio Acevedo-y se acusa de esa acción a varios diputados.
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La primera reacción fue desestabilizantepara la mesa de conducción del bloque PJ. Ya se cuestionaba desde la Casa Rosada el fin de semana hasta la presidencia del bloque, lo que complica a Kirchner, que por aplicar su teoría de negarse a dialogar con «corporaciones» -varias veces calificó así al bloque PJ-sólo tiene diálogo con Díaz Bancalari y no recibe a ningún otro legislador de la Cámara baja, salvo Camaño. Sólo esta actitud tiene a todo el peronismo no kirchnerista unido contra los estilos de la Casa de Gobierno.
Que el bloque justicialista de Diputados se haya mantenido unido hasta ahora es casi un milagro, atendiendo a que conviven allí dentro desde los más cercanos seguidores de Néstor Kirchner hasta una abrumadora mayoría de duhaldistas que controlan comisiones y cargos, y lo que quedó en pie del menemismo. En medio están también los santafesinos que, salvo alguna excepción que también se está rompiendo, no tienen buena relación con los kirchneristas.
Así las cosas, dividir hoy al bloque PJ es mucho más fácil que mantenerlo unido. Ya en las últimas reuniones de la bancada, había comenzado a imperar una conducta peligrosa: muchos diputados optaban por el silencio frente a presentaciones del Ejecutivo -como las visitas de Roberto Lavagna o Alberto Fernández-antes que confrontar. Pero eso no significa que las divergencias estuvieran calmadas. Con el catalizador de la discusión con los gobernadores peronistas por el acto en la ESMA más la pelea de Parque Norte, nadie aseguraba el fin de semana el éxito de algunas de las leyes que pidió y pedirá el Ejecutivo.
• Resistencia
Una prueba de esto se vio la semana pasada, ESMA por medio, pero aún sin el escándalo en el congreso partidario, cuando los diputados se reunieron en la Comisión de Presupuesto y Hacienda para debatir el proyecto de modificación al IVA que elimina todas las exenciones no establecidas directamente en la ley de ese tributo -es decir fijadas por otras normas-y que al mismo tiempo le da poder al presidente de la Nación para restablecer las que considere convenientes por decreto.
Allí los cordobeses y los santafesinos se resisten a aprobar esos poderes especiales a Kirchner y Lavagna. Justamente son dos grupos que han quedado marginados de los principales puestos de conducción en el bloque y comisiones, y varios de esos diputados integran lo que se conoce como el «nuevo Barrio Chino». Algunos notables de otro tiempo en el bloque, como Oscar Lamberto y Humberto Roggero, más toda la oposición radical y de izquierda fueron claros: «Si quieren que le entreguemos poderes especiales para reponer exenciones que primero el ministro de Economía nos envíe una lista de las que estamos derogando. No podemos votar una ley sin saber a quiénes involucra». Como esa información no existe todavía en el Congreso, el proyecto está demorado y aunque se firme el dictamen, su futuro en el recinto es todavía incierto. Es una pequeña muestra de lo que puede pasarle al gobierno y fue tomada cuando la tormenta todavía no arreciaba.
Pero hay otras. Los santafesinos -son ocho en total-se negaron a bajar al recinto para sancionar el proyecto que instruía a Camaño presentarse a la Justicia a pedir la inconstitucionalidad de los indultos. Sólo ingresaron en la sesión después de largas explicaciones de Camaño.
Son actitudes por el momento solitarias pero que comenzarán a tener el acompañamiento desde ahora de duhaldistas, cordobeses y, por supuesto, menemistas. El saldo del Congreso este año, de todas formas, es elocuente: hasta este fin de semana se había aprobado sólo una ley desde el 1 de enero: la derogación de la reforma laboral.
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