19 de marzo 2003 - 00:00

El hombre del riel

Néstor Kirchner nació al conocimiento masivo del electorado argentino gracias a su pasión por el riel. Fue durante el lanzamiento de su candidatura, en Lanús (FC Roca, antiguamente conocido como Sud, ramal Temperley), cuando anunció su intención de reestatizar los servicios ferroviarios para, según su punto de vista, mejorarlos. Desató un debate entre los candidatos y también en el seno del gobierno, en el que los funcionarios se alinearon a favor y en contra de su pretensión. Resultado de esa embestida fue la inspección que se realizó en toda el área metropolitana, la presión sobre las empresas para que levanten su performance y el convenio para que se vean mejoras objetivas en pocas semanas. Se habló de renuncias (Guillermo López del Punta), cambios, pero todo quedó en promesas y, para el candidato, su actuación fue un fiasco.

Pero hay testigos más antiguos de la pasión ferroviaria de «Lupín». Curiosidades de la política, uno de ellos es Carlos Menem. En 1999, cuando el riojano ya se estaba retirando del poder, Kirchner emprendió una insistente militancia para conseguir que el gobierno nacional le concediera un ramal en su Santa Cruz natal. Se trataba de reactivar el tramo Puerto Deseado-Colonia Las Heras, para lo que se sancionó la Ley 24.408 y se dispuso la transferencia de esa línea férrea a la provincia. El convenio lo firmaron el entonces secretario de Transportes de la Nación, Armando Canossa, y el propio Kirchner como gobernador santacruceño. Si bien no se le extendía subsidio alguno, la provincia tampoco debía pagar por la concesión y estaba habilitada para subcontratar empresas privadas para que ese ferrocarril circulara.

Al cabo de cuatro años, el resultado de la visión ferroviaria de Kirchner no fue el mejor. El ramal Puerto Deseado-Colonia Las Heras sigue siendo estatal, como le gusta a él. Pero no funciona. Ni funcionó jamás. Apenas si la Municipalidad de Deseado hizo unas mejoras en la estación para embellecerla y darle alguna utilidad comercial. Pero nada de locomotoras y vagones circulando. O la de «Lupín» es una mirada extraña sobre la política de transportes o sus pasiones pierden energía una vez conseguido el objetivo de llamar la atención, como logró hacer con Menem en aquel momento. Cualquiera de las alternativas pinta bien a un candidato a quien se lo sigue conociendo, a pesar suyo, por sus relaciones con el riel.

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