El regalo oculto del TOF 2

La administración fraudulenta -figura que los jueces rescataron del alegato fiscal para condenarla a 6 años de prisión- es un trago amargo para el kirchnerismo pero a su vez constituye la garantía, de cara a la apelación a la Cámara de Casación, de que la causa entra de la forma más jurídicamente endeble que sea posible.

Los jueces del TOF N° 2 que fallaron por la Causa Vialidad: Andrés Basso, Jorge Gorín y Rodrigo Giménez Uriburu.

Los jueces del TOF N° 2 que fallaron por la Causa Vialidad: Andrés Basso, Jorge Gorín y Rodrigo Giménez Uriburu.

La decisión por mayoría de los jueces del Tribunal Oral Federal N°2 de borrar el delito de asociación ilícita del veredicto para los acusados en el juicio Vialidad es, aunque parezca contradictorio, una inesperada buena noticia para Cristina de Kirchner. ¿Cómo? La administración fraudulenta -figura que los jueces rescataron del alegato fiscal para condenarla a 6 años de prisión- es un trago amargo para el kirchnerismo pero a su vez constituye la garantía, de cara a la apelación a la Cámara de Casación, de que la causa entra de la forma más jurídicamente endeble que sea posible. El reproche penal de la condena cabe para quien tiene en su cabeza los deberes de cuidado de los bienes o la administración de los mismos. Es algo que precisamente la organización del Estado deja por fuera de las obligaciones de un Presidente. Era una encrucijada imposible: la asociación ilícita aplicada a lo que se discutía en Vialidad no era ya una desmesura de los fiscales, era un pésimo precedente que parecía amañado y era lo que jurídicamente hería la lógica argumental de la acusación. Su única aptitud fue aplicarle un inflador a un expediente mal investigado en instrucción que se buscó transformar en una causa nacional que dirimía la justicia o la corrupción.

Pero al hacer esto de recortar por la defraudación, los jueces básicamente desenganchan a Cristina de lo reprochable de la maniobra y dejan librada su condena a evaluar con lupa la restrictiva responsabilidad objetiva. Los fiscales Luciani y Mola habían tirado la toalla mucho antes cuando en la etapa de réplicas habían dejado pasar la oportunidad de ver qué tan sólida era su acusación. No es habitual. El TOF le quitó el hilo conductor a la propia lógica que aplicaron y que veremos cómo plasman el 9 de marzo en los fundamentos. Queda así a merced de una brisa la caída de todo el expediente para lo que a la responsabilidad penal de la vice se refiere. Para agregarle un aliciente, la absolución de Julio De Vido también en la defraudación deja ya en el plano de la imaginación la forma en que se justificaría que la expresidenta tomó decisiones sobre patrimonio que administraban otros sin haber firmado un solo papel, sin haber dado alguna orden acreditable o vinculándose de alguna forma no especificada para cometer un delito con personas situadas jerárquicamente a años luz de sus funciones. Vialidad -en el relato de la acusación y tras un juicio esquivo desarrollo para la fiscalía- ingresa absolutamente borroneado a su etapa de revisión. Es un clásico de Comodoro Py de todas las épocas: el expertise de envolver perfectamente paquetes de humo cuya sobrevida empalidece en el mismo instante en que se abren.

La estrategia, por eso, giró de manera dramática pero desde el cariz político, con la exposición que Cristina de Kirchner realizó apenas conocida la sentencia. Lo político marca el inicio de una nueva era, tal como anticipó Ámbito. Una en la que la expectativa está en cómo pueda traccionar la etapa judicial. La oposición, en este escenario, termina masticando un caramelo de madera. Para quienes hayan leído entre líneas lo que pasó, en realidad, la celebración discurseada tiene gusto amargo y difiere -cuando no- una verdadera definición para más adelante. El tiempo, atado a la política, ha demostrado que en la Argentina nada es definitivo ni predecible.

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