En dos años Kirchner perdió 5 gobernadores

Política

La renuncia de Carlos Sancho implica que en menos de dos años han caído cinco gobernadores de distritos kirchneristas. En diciembre de 2005, la Legislatura de Tierra del Fuego desplazó mediante juicio político al gobernador Jorge Colazo, quien tenía origen radical y era, en consecuencia, el primer gobernador estrictamente «transversal».

Hay otro dato: en las últimas dos décadas, Néstor Kirchner fue el único gobernador que cumplió con su mandato en Santa Cruz, ya que el resto fue destituido o renunció. Por caso, el peronista Ricardo del Val, que había sucedido a Arturo Puricelli en 1987, fue destituido en 1990, vía juicio político, como consecuencia de sospechas por irregularidades en el manejo de fondos públicos.

Ese juicio político fue impulsado por Cristina Fernández de Kirchner y tras la caída de Del Val se sucedieron en el cargo el vicegobernador Ramón Granero, que renunció, y el diputado Héctor García.

  • Otros fracasos

    Antes de desembarcar en la Casa Rosada, Kirchner tomó las riendas del gobierno santacruceño en 1991 y no sólo concluyó ese mandato, sino que lo repitió en 1995 y 1999.

    Pero como presidente, Kirchner anotó otros fracasos:

  • El 7 de marzo de 2006, fue destituido mediante juicio político el jefe Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, a quien el gobierno nacional intentó mantener en el cargo infructuosamente. Una semana después, renunció el gobernador kirchnerista de Santa Cruz, Sergio Acevedo, a quien, pese a las diferencias, el Presidente hubiera preferido mantener en el cargo.

  • El 13 de marzo de este año, el riojano Angel Maza, otro mandatario fiel al Presidente, cayó en desgracia como consecuencia de un prolongado conflicto con su vicegobernador, Luis Beder Herrera, por la reelección en la provincia.

    «Estos hechos en tan poco tiempo muestran que el gobierno nacional tiene dificultades de articulación política, dado que el gran poder puesto en evidencia para aprobar en la Cámara de Diputados la reforma del Consejo de la Magistratura no logra articularse para resolver problemas políticos de distrito», analizó Rosendo Fraga.

    Más atrás en el tiempo sobran los casos. Un rápido recuento desde 1990 hasta la fecha muestra que, en promedio, se produjo el reemplazo forzado de casi un gobernador por año. Hay casos, como Santiago del Estero, que redoblaron la apuesta con tres recambios en cuestiónde meses, en medio de una profunda crisis institucional que terminó con el gobierno del caudillo peronista Carlos Juárez y de su esposa Mercedes Aragonés y derivó en un controvertido proceso de intervención federal encarnado por el ex fiscal de Estado Pablo Lanusse.

  • Fragilidad

    Esta fragilidad institucional fue común, por ejemplo, en varios estados, como Jujuy, Corrientes, Catamarca, Tierra del Fuego, San Juan y la propia Santa Cruz, con un historial altamente profuso de juicios políticos y escándalos sociales. Escaparon a este escenario provincias como Córdoba, Mendoza, Salta, Neuquén, San Luis y hasta la populosa Buenos Aires.

    Hay nombres que no se olvidan. En 1998, Jujuy estaba virtualmente paralizada por las huelgas y movilizaciones de los empleados públicos y maestros que reclamaban al entonces gobernador Carlos Ferraro (PJ) el pago de salarios atrasados. La situación empeoró al conocerse irregularidades en el manejo de los fondos públicos, lo que motivó que en la Legislatura se diese curso al proceso de juicio político al primer mandatario. Acorralado y sin poder sortear esta situación, Ferraro renunció a su cargo el 27 de noviembre de ese año. Inmediatamente, la Legislatura aceptó su renuncia y nombró gobernador al vicepresidente primero, en ejercicio de la presidencia, Eduardo Fellner, actual gobernador.

    Tampoco la memoria reciente borra la destitución del sanjuanino Alfredo Avelín (Cruzada Renovadora), en 2002, removido de su cargo, vía juicio político iniciado como consecuencia de sucesivas denuncias por irregularidades en el manejo de fondos públicos y sostenidos argumentos sobre su incapacidad para seguir gobernando.
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