22 de julio 2003 - 00:00

Es difícil para la Argentina entrar en la agenda de Bush

En el ejercicio de buscar comprender el estado de las relaciones de nuestro país con Estados Unidos, de cara al encuentro de Néstor Kirchner con George W. Bush, existen distintos factores que no pueden obviarse para trazar un marco inicial de referencia.

Primero, la imagen de la Argentina en Estados Unidos no logra despegarse de los eventos dramáticos de fines de 2001 y el desorden y la desorientación duhaldista de la primera parte de 2002. Esa Argentina era un país donde no había derechos de propiedad ni seguridad jurídica y que era gobernada por una clase política tramposa y corrupta (en buena medida éste fue el signo que ha estado presente desde la restauración de la democracia en 1983, pero que hizo eclosión aquel fatídico final de 2001 con cinco presidentes en dos semanas). No porque ya haya pasado un año y medio de ello sin quiebres institucionales ni nuevos saqueos, aquella imagen se ha enterrado.

El segundo factor ha sido la política exterior de Eduardo Duhalde, promotor de la llegada del actual presidente al poder. El jefe del peronismo era un ícono de aquella clase política desacreditada, y tenía una filosofía relativamente antinorteamericana y de rechazo natural al mundo capitalista dominado por Estados Unidos. Además, sobre el final de su mandato se dieron tres hechos puntuales que deterioraron aun más las relaciones de la Argentina duhaldista con los Estados Unidos republicanos: la posición argentina de rechazo a la guerra en Irak, el voto a favor del dictador Fidel Castro en cuestiones de violaciones a los derechos humanos (gestionado por Kirchner) y fuertes declaraciones explícitas y públicas de Duhalde contra la campaña norteamericana en el Golfo Pérsico y su presión para condenar a Cuba (fue el único presidente latino que criticó abiertamente a Bush por estas dos cuestiones).

El tercer factor se llama Kirchner: el santacruceño es desconocido en Estados Unidos. Por lo poco que se lo conocía (sus mandatos ininterrumpidos en Santa Cruz y un manejo poco afecto al respeto por las instituciones republicanas), no se lo apreciaba. A ello se le agrega que llegó como el delfín de Duhalde, alguien rechazado en Washington. Se entiende, además, que Kirchner no tiene un pensamiento claro de orientación del sistema económico que triunfa en el mundo: el capitalismo competitivo. Las dudas de los capitales norteamericanos sobre el presidente argentino mayormente no se han despejado desde que asumió. Kirchner les ha dado pocos motivos para que salgan de su postura «ver y esperar».

Teniendo en cuenta estos factores, entramos en la política exterior de Estados Unidos para ver dónde puede posicionarse la Argentina dentro de ésta. Principalmente está ocupada en la guerra internacional contra el terrorismo (que incluye actividades en todo el planeta de defensa de la seguridad nacional norteamericana) y, especialmente, en la reconstrucción de Irak. América latina tiene una importancia menor en estas ocupaciones. No es irrelevante, pero tampoco es lo opuesto a ello. Dentro de este enfoque, Estados Unidos plantea una vinculación con el hemisferio a partir de relaciones bilaterales con los distintos países en base a ciertos principios políticos, comerciales y económicos generales. Estos incluyen el citado ataque globalizado al terrorismo y requieren ayuda de los países latinos en el área de inteligencia, manifestaciones políticas a favor de esas iniciativas (públicas y privadas), votos en los foros internacionales que intervengan en la cuestión y aportes de fuerzas de paz en territorios liberados del terrorismo. A ello se le suma la colaboración norteamericana en la lucha contra el narcotráfico y la corrupción, en la defensa de los derechos humanos, y el fortalecimiento de la democracia y de la seguridad jurídica en el continente. La agenda comercial es ALCA y la protección de las inversiones de las empresas norteamericanas en territorio extranjero (fundamentalmente no se acepta la violación de sus derechos de propiedad). En el área económico-financiera, el mensaje no tiene muchas vueltas: no aceptan demasiadas distorsiones al capitalismo competitivo y se condena expresamente a los países fiscalmente irresponsables que violan los compromisos asumidos con la comunidad internacional, incluyendo el FMI. La administración republicana quiere que los países en crisis primero se ayuden a sí mismos y avancen en un programa económico basado en la economía de mercado. Si existe esta base, Estados Unidos se reserva el derecho de apoyar ante el Fondo. Pero al mismo tiempo, los republicanos fortalecen el principio de condicionalidad del organismo (desembolsos sólo si se cumplen las condiciones) y son muy críticos de la política que el Fondo implementó en los noventa cuando prestó sumas multimillonarias a países que no cumplían los compromisos asumidos. Kirchner opina lo mismo. Con la diferencia de que los republicanos lo hacen desde el centroderecha, es decir, piden más reformas pro mercado, y Kirchner lo hace desde la izquierda, es decir, se opone a esas reformas. Por ello, es posible que ante el pedido de Kirchner para que Bush medie ante el Fondo, éste dirá que esa mediación existirá en caso de que la Argentina implemente un programa que tienda claramente hacia la economía de mercado y, en concreto, avance en las reformas estructurales pendientes. Bush es crítico del salvataje de los países extranjeros con el dinero de los contribuyentes norteamericanos y, además, rechaza a los países que por no tomar ellos mismos las medidas que permitan un crecimiento sostenido, terminan mendigando plata en Washington. Sobre estas bases, Estados Unidos tiene amigos, socios y aliados (América Central, por ejemplo); socios comerciales plenos (México, Chile); aliados militares (Colombia); amigos (Ecuador, Perú); candidatos a ser socios, aliados y referentes estratégicos (Brasil); adversarios (Venezuela) y enemigos (Cuba). ¿Dónde se ubica la Argentina? No hay un lugar definido, aunque uno podría saber lo que no es. No es socio pleno, ni aliado militar ni amigo ni está construyendo una alianza de proporciones. Tampoco es adversario o enemigo. Es más bien un conocido (ex amigo) irrelevante.

La Argentina no tiene ningún asunto que figure en la agenda de Washington. El interés sobre la Argentina (mínimo) es colectivo, no individual, y tiene que ver con el ALCA. Pero sin la Argentina en el ALCA nada pasaría para Estados Unidos. Chile y México ya están en ese proyecto. Perú, Ecuador, Colombia y América Central avanzan hacia ello sin demoras. Brasil busca fortaleza para negociar el mejor ingreso posible. Al igual que sin Venezuela, nada pasaría para Estados Unidos si la Argentina se autoexcluye del ALCA. También hay interés sobre la Argentina para ver cómo hará el gobierno para que los intereses de las empresas norteamericanas no sigan deteriorándose a partir de la crisis de fines de 2001 y la falta de soluciones de fondo de Duhalde-Kirchner-Lavagna.

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Ahora bien, esto no quiere decir que Estados Unidos no esté interesado en avanzar hacia un mejor status argentino en aquellas escalas. A fin de cuentas, Carlos Menem dio vuelta la imagen de la Argentina de los saqueos y la hiperinflación de 1989 en poco tiempo (más allá de las críticas que uno puede tener con respecto a Menem por haber implementado de una manera deficiente las políticas que triunfan en el mundo; sí creo que tuvo una muy efectiva política exterior). Pero ello depende de cómo la Argentina haga jugar su propia agenda con la de Estados Unidos. Frente a ello, ¿cómo se para Kirchner frente a este desafío? Primero, ha dicho que no es partidario de una alianza estratégica, del estilo de la época de Menem. Segundo, ha criticado expresamente no sólo las políticas económicas liberales de Washington sino, más importante, la filosofía subyacente de las mismas. Y no ha indicado que se avanzará firmemente en el cumplimiento de las reformas estructurales de fondo que están pendientes. Su propia tropa (excluyendo al duhaldismo) es de centroizquierda. Por otro lado, ha dicho que la Argentina no colaborará en misiones de paz en Irak y ya se sabe su postura a favor del dictador cubano Castro. Ha mostrado firmeza en la defensa de los derechos humanos pero ha hecho poco por reparar la imagen de ausencia de seguridad jurídica del país en el campo de las inversiones. En materia comercial, no ha mostrado entusiasmo con respecto al ALCA, al punto de criticar al propio Lula Da Silva por la política del presidente brasileño de buscar estrechar fuertes lazos comerciales (y políticos) con Bush. Por ello no se ve que las agendas de Kirchner y Bush coincidan, a priori, demasiado. Si a ello se le agrega el status de la Argentina ante la política y los capitales norteamericanos (conocido por irrelevante), uno podría concluir que no será fácil obtener beneficios comerciales, financieros y políticos concretos derivados de la relación con Estados Unidos mientras Kirchner y Bush estén simultáneamente en el poder.

(*) Abogado

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