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Hilda Molina es una prestigiosa neuróloga cubana que alcanzó renombre internacional en los años 80. Miembro por muchos años del Partido Comunista, su prestigio la convirtió en un cuadro muy respetado dentro del régimen castrista, al punto de que dirigió el Centro Internacional de Restauración Neurológica de Cuba y fue diputada en la Asamblea Nacional. Sin embargo, sus crecientes diferencias con el régimen hicieron que cayera en desgracia, tanto que desde hace 12 años la dictadura castrista le impide reunirse con su hijo y sus nietos, quienes residen en la Argentina.
Su caso fue de alto perfil en nuestro país hasta hace un par de años, cuando en diciembre de 2004, el presidente Néstor Kirchner le pidió a Castro a través de una carta personal un permiso especial de viaje para la médica. La respuesta de La Habana fue una invitación a que su hijo, Roberto Quiñones, viaje a la isla, algo a lo que éste se niega alegando temer por su seguridad.
La situación estuvo a puntode convertirse en una crisis bilateral de importancia cuando Molina pasó 24 horas junto a su madre, de 85 años, en la embajada argentina en La Habana, en medio de versiones sobre un supuesto pedido de asilo, que no se concretó. El reemplazo del entonces embajador argentino, Raúl Taleb, y del jefe de Gabinete de Bielsa, Eduardo Valdés, cerró la cuestión y, en buena medida, las esperanzas de la familia.




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