Habrá que poner atención, en términos políticos, a la renuncia de Jorge Sarghini como ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires. Como se recordará, este sucesor de Jorge Remes Lenicov en ese cargo fue el responsable de todo el proceso económico bonaerense con Eduardo Duhalde y también con Carlos Ruckauf. Su salida, entonces, implica una posibilidad: el distanciamiento del actual gobernador, Felipe Solá, de la conducción política de la Casa Rosada. O sea, Duhalde, quien ayer cerró su boca para no opinar sobre la deserción.
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«No aguanto más», les confesaba a sus amigos desde hace más de 15 días y, al parecer, su capacidad de resistencia se terminó en una última reunión en la escuela Vucetich con otros miembros del gobierno provincial y varios legisladores. A esa altura, ya eran demasiado obvias las referencias de Solá a la pésima conducción anterior de Ruckauf y al fuerte endeudamiento que había recibido de la gestión. Que Solá ponga al desnudo a Ruckauf también significa que mueve las aguas bonaerenses de todo el aparato duhaldista, incluyendo intendentes y todo el aparato parlamentario.
La salida de Sarghini pone en blanco y negro otro episodio en que distintos dirigentes se habían quejado no sólo de Ruckauf y su megalomanía, sino también del propio Duhalde, a quien le reprochaban propensión a cobijar alcahuetes. Esta reunión, un almuerzo en verdad, llegó a los oídos del Presidente vía Mabel Müller, a quien no le falta información: su esposo, un ex intendente, es el segundo de la SIDE.
Aunque no sea de alto nivel, este conflicto es el que más conmueve a Duhalde: nada hay peor que alguien le ingrese por el fondo de la casa.
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