Furia en Diputados por ausencia de Alberto Fernández
Es fatal que el peronismo, una vez que alcanza velocidad de crucero en el gobierno,comience a agotarseen peleas internas. Ni los alardes de dominio total que el Presidente hace por sobre sus subordinados de la administración alcanzan para que, como en la década anterior, buena parte de la agenda de los funcionarios se ocupe en peleas internas. Veamos algunas muestras.
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En esa lista de preguntas -son centenares que el funcionario responde en parte por escrito y otras in voce en el recinto- figuran desde las causas de la suspensión de las exportaciones de carne, la marcha de las obras públicas, los planes de combate a la inflación y el manejo del superávit presupuestario.
Pero hay un tema central que inquieta más al Congreso: las dudas sobre el decreto de necesidad y urgencia con el que Kirchner creó AySA, la sociedad anónima estatal que reemplaza a Aguas Argentinas, la forma en que creó esa empresa, el capital aportado, los controles estatales y la posibilidad de que sea manejada como una virtual empresa privada pero con fondos públicos.
La ratificación de AySA pasó por Diputados sin escuchar el oficialismo la más mínima sugerencia de la oposición, no sólo a las fallas de procedimiento, sino a errores de redacción en el Estatuto de AySA, que casi rayaron la broma como citar un artículo de la Ley de Administración Financiera y Organos de Control que no existe. Todos esas deficiencias fueron minimizadas por el kirchnerismo a la luz de la necesidad de «dar continuidad al servicio».
La presión de la oposición, en especial el radicalismo que hizo un completísimo trabajo con modificaciones para corregir esos errores, creció luego en el Senado ante la imposibilidad de conseguir que el peronismo allí escuchara alguna sugerencia. De hecho la ratificación del decreto pasará hoy por la Comisión de Presupuesto y Hacienda donde se emitirá el dictamen oficial sin cambios: «No se pueden modificar porque es la ratificación de decretos», se excusa el chaqueño Jorge Capitanich.
Son sólo ejemplos de una relación entre oficialismo y oposición que nunca fue buena, en parte porque Kirchner minimiza y desprecia al Congreso, y que empeoró sensiblemente este año.
Por eso, el faltazo de A. Fernández, fuera de ser una costumbre, irritó esta vez especialmente. «Ante el desconocimiento de la facultad de iniciativa parlamentaria, propia de los legisladores, se ve en los hechos que se ha impuesto la tendencia del más absoluto hiperejecutivismo presidencial. Esta deformación patológica oscurece, no sólo a los representantes de la oposición, sino también a los propios legisladores del oficialismo ya que sólo tienen «luz verde» los proyectos emitidos por el Ejecutivo», le dijo ayer Jorge Vanossi al oficialismo.
Las críticas no se limitan al PRO o el ARI. El diputado y economista de la CTA, Claudio Lozano, no se sorprendió por la ausencia -«Este gobierno mantiene en una situación de postergación al Congreso», dijo-, pero no se privó de hacer públicas algunas preguntas que tenía preparadas: «Quiero saber por qué siete días después de que se discutió y aprobó el Presupuesto 2006 y que se rindieron cuentas por el ejercicio 2005, el gobierno hizo una operación en la cual dio seis mil millones de pesos a los bancos por una compensación».



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