27 de julio 2001 - 00:00

Graciosa vuelta de Firmenich

Si le faltaba algo a la crisis argentina es que surgieran, debajo de la alfombra, los Montoneros. Ayer apareció Guillermo Martínez Agüero -embajador de Mario Eduardo Firmenich, según se delató- para presentar un grupo de «nueva expresión» para ser una «alternativa al modelo para el año 2003». ¿Bajo qué advocación? «Rescatando nuestra historia proyectamos un movimiento de desarrollo con justicia social», explicó el vocero en la superficie. Considera «legítimo» -nadie lo duda- que se vuelvan a agrupar todos aquellos que fueron militantes en el pasado de la organización Montoneros. Aunque no precisó que esa «orga» se desintegró, en muchos casos por razones económicas -es decir, que unos se quedaron con parte de los otros-, y que ahora tal vez sea difícil volver a reunirla. Inclusive, habrá una lucha en Tribunales para saber quién es el verdadero dueño intelectual de la sigla.

• No vuelve

Vuelve Montoneros a ejercitarse políticamente, pero alejado de cualquier expresión -dijo- que se canalizara en algún tipo de guerrilla. Por ahora, el pacífico delegado de Firmenich anticipó que su jefe no vuelve -está radicado en España- hasta que «no estén dadas todas las condiciones». No las precisó. Por lo tanto, Firmenich debe aguardar a que las masas lo esperen en Ezeiza, sus adherentes se desplieguen por todo el país, las encuestas lo sospechen como un ídolo popular o algún amigo le pague el pasaje. Por el momento, nadie puede tentarse con el retorno del mesías: estiman que hay persecución política en el país y que a Firmenich no lo dejan expresarse tranquilamente. Aunque esas condiciones nunca figuraron en el diccionario de Firmenich, extraña totalmente que las solicite: que se sepa, nadie le impidió hablar (hace poco se le publicó un reportaje anodino por el protagonista no por el periodista) y se supone que ningún Falcon verde lo esté buscando. Bastante precaria, entonces, esta presentación de Montoneros.

Como siguen en el pasado «glorioso», Martínez Agüero habló sobre los setenta, sobre la derrota en el campo popular, habló hasta de los militares como si existieran, también de la dictadura y, en un arranque de actualidad, consideró que «De la Rúa es un administrador de este modelo». Bajo estas condiciones, por lo visto, no se puede vivir ni mucho menos pernoctar. Eso es lo que declaró el embajador de Firmenich, al menos para la calidad de vida que exige su jefe: no tiene, en cambio, problemas con el modelo español, con la derecha que allí gobierna ni con el liberalismo europeo. Esas condiciones favorables, por cierto, son irrepetibles por el momento en la Argentina. Y, con el regreso de los Montoneros a la actividad, seguramente se volverán absolutamente utópicas en la Argentina. Hasta lo reconocen ellos mismos o su líder afincado en Madrid: la master voice llegó como en los tiempos de Perón, vía intermediarios, para unos cincuentones nostálgicos. Pero no importa el mensaje, ni la idea, lo importante es salir en los diarios. Y no en necrológicas, claro.

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