19 de febrero 2002 - 00:00

Ibarra aprovecha a una dama para romper con los radicales

La renuncia de la directora del Banco Ciudad de Buenos Aires, Mónica Almada, acusada por lo menos éticamente de «saltar el 'corralito'» aprovechando el cargo, se convertía anoche en una causal más de divorcio entre la UCR y el Frepaso, si es que esta Alianza todavía puede ser considerada como un matrimonio.

Ambicioso y personalista, Aníbal Ibarra busca ampliar los espacios propios en la Ciudad, y promete remontar su gestión moviendo tres fichas que significan una mortaja para los radicales.

La silla de Almada -una delarruista que parece haber quedado más que acorralada, atrapada en su declarada inocencia-podría ser renovada por una frepasista. De esa manera Ibarra quitaría la cuota de la UCR en el directorio de la entidad financiera. Esa posibilidad irritaba anoche al radicalismo que se mortifica con los desplantes de sus socios, como por caso cuando Ibarra, la semana pasada, se reunió con sus ex socios socialistas democráticos para pedir pista en un frente de centro izquierda al que ya aporta su hermana, la senadora Vilma Ibarra.

Comentaban ayer radicales aliados a Ibarra, los terragnistas, que el episodio Almada no había caído bien. La directora fue increpada en una reunión de los ocho ejecutivos de la entidad bancaria por el titular de la casa, el frepasista Roberto Feletti. Le pedía a la radical que renunciara porque en una auditoría había descubierto que el 30 de noviembre ella había precancelado fuera de horario un plazo fijo de $ 315.000 (tuvo que hacer abrir el tesoro especialmente). Se puso a llorar, la mujer cuentan, y a recriminar porque no era tema para hablar con tanto director a la mesa. Feletti insistió, pero luego se convino con el resto del directorio en armar una delegación para hablar con ella. La compusieron el peronista Diego Santilli, el frepasista Pablo Magioli y el cavallista Luis Murina. Santilli finalmente la convenció de reintegrar al día siguiente la suma que Almada había guardado con el fin de comprarse un departamento.

Lo que más disgustó a algunos radicales fue el show mediático que imperó el fin de semana. Feletti hizo hincapié en que debía haber defensa corporativa para defender a una colega. Almada contaba cómo al igual que otros argentinos había corrido al banco a sacar el producido de ahorros y la venta de un departamento que no pudo reemplazar hasta el momento. Claro, con algunas ventajas de funcionaria. Tanto escándalo terminó con la renuncia de Almada, ayer, evitando que la juzgue la Comisión de Etica de la Legislatura a cargo de la frepasista Sandra Dosch.

•Sueldos

Como contrapartida a esta repentina dimisión, se ventilaron los altos y desconocidos sueldos de los ejecutivos del Ciudad y otros beneficios que ayer formaron parte de un pedido de informes en la Legislatura que piloteaba el peronismo. Pobre Duhalde, que sólo gana 3.000 pesos y debe tolerar revelaciones de salarios altísimos -se dice que llegan a los $ 15 mil por cada director-. Los legisladores quieren saber, además, a qué tasa se colocan las inversiones de esos directores. Internas al margen, todos los radicales se sintieron atrapados por la estrategia mediática de Ibarra y piensan que perderán la posición en la entidad o que se verán inhibidos de reclamarla.

Esta movida es parecida al desplazamiento de la jefatura del bloque Alianza en la Legislatura porteña. La ocupa Ariel Schifrin -aceitero con intereses en La Rioja-, quien en el último tiempo desgastó sus relaciones con la oposición y dentro del magro bloque Frepaso -siete legisladores-, un desliz que es intolerable para Ibarra, con minoría en la Legislatura.

•Descentralizador

Con la consigna de que los «caceroleros» se instalen un día frente al palacio municipal y deba huir en una ambulancia del SAME (como lo hizo el 20 de diciembre), Ibarra piensa que Schifrin -más cercano a su hermana en la teoría de alianzas sin radicalespodría ocuparse de una gestión ejecutiva sobre descentralización de la Capital. Es algo así como una barricada para atender los reclamos vecinales en los barrios y evitar marchas y batucadas hacia el centro, donde mora Ibarra. Intentaría inclusive enviarlo a Schifrin para que desembarque en asambleas barriales: es simpático.

Al asumir ese puesto (esta semana, si se cumple el cronograma previsto), Schifrin pasará a estar por encima del actual encargado de la oficina de Descentralización, el radical Daniel Sciciliano, hombre de confianza -el único que le queda en puestos de mediana jerarquía-de Cecilia Felgueras, la inexistente vicejefa de Gobierno de la Ciudad.

La otra carta será anunciar una rebaja de los gastos del Ejecutivo -incluidos sueldos de los secretarios-que sintonizará con una ley por la cual se bajarán las dietas los ediles y el personal de planta política (al menos hasta el escalafón de directores). Los legisladores terminarán de acordar al mediodía cuánto de sus sueldos será suficiente para evitar la crítica porteña, una aritmética que los mantiene a tal punto divididos que podría quedar todo en la nada. Actualmente reciben alrededor de $ 4.800 que serían rebajados entre 10% y 15%. A eso agregarán ahorros en útiles y otros menesteres que prometen sumar a un fondo que llegaría a $ 14 millones. Ese monto será nuevo motivo de discusión: no hay acuerdo a qué tipo de ayuda social se derivará recibirá.

•Superpoderes

Ibarra ya hizo una corrida contra sus socios radicales el mes pasado. Fue cuando reglamentó la Ley de Emergencia Económica de la Capital Federal, que le brindó superpoderes como para renegociar contratos con proveedores, emitir bonos o redireccionar partidas. Esas atribuciones, naturalmente para la secretaría de Hacienda del radical Miguel Pesce, fueron en cambio asumidas por la jefatura de gabinete que comanda el frepasista Raúl «Colorado» Fernández, el principal ladero hoy del jefe de Gobierno.

Ibarra mantiene con esos movimientos su estrategia ambivalente: permite que su hermana Vilma, y Schifrin, mantengan un acercamiento con el ARI de Elisa Carrió, el Frenapo y las cacerolas; reniega de lo que llaman «el partido de la responsabilidad institucional», la porción del desvencijado Frepaso que quedó en manos de Darío Alessandro; se enfrenta con el chachismo nostálgico del tucumano José Vitar, pero termina pidiendo allí un lugar, con el que sueña renovar su mandato en 2003.

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