20 de febrero 2001 - 00:00

Ibarra quiere funcionarios sin sueldo para la Capital

Ibarra quiere funcionarios sin sueldo para la Capital
Aníbal Ibarra despistó en estos días a propios y ajenos con una nueva versión propia de la política porteña: quiere que un centenar de cargos que se crearán en la Capital y elegirán los vecinos sean ad honorem. Busca el frepasista alentar, seguramente, la vocación de servicio dentro de la tropa aliancista. Será para no ahogar las arcas municipales o para desalentar la competencia que planifica la Ciudad.

«Es una idea que está dando vueltas», coincidieron Ibarra y un grupo selecto de sus colaboradores, que suele asistir al jefe porteño cuando requiere opinión ante ese tipo de iluminaciones. Aplaudió el funcionario de Gobierno, Raúl Fernández, quien siempre acompaña las iniciativas del jefe de la Ciudad, incluida la que lo promueve diputado nacional. Enmudeció el legislador Ariel Schifrin, titular del bloque Alianza, quien ante la nueva sólo atinó a preguntarse: «¿Filantropía?», como si la propuesta se tratara de un mandato de aquí en más para todo el ibarrismo. Curiosamente, el postulante Fernández y el legislador Schifrin desde hace varios años están en funciones públicas retribuidas, lo mismo que Ibarra.

Juntas comunales

La propuesta del frepasista es para los siete miembros de cada una de las juntas comunales, un directorio barrial que tendría que comenzar a funcionar a partir de este año, si los legisladores de la Ciudad obedecen el mandato constitucional, claro.

La Capital debería dividirse en comunas mediante una ley y en octubre próximo los vecinos tendrían que votar a las autoridades de las mismas, que luego se ocuparían de administrar su territorio. Será una elección apetecible para punteros barriales, o lo era. Ibarra decidió eludir la bandera blanca que radicales y frepasistas habían plantando para amortiguar la división que les provoca el tema en todas sus aristas. Para empezar no coinciden con el criterio de división: la UCR pide 16 minidistritos y elecciones internas para definir las boletas electorales, mientras que el Frepaso rechazó la compulsa doméstica y propone 8 comunas.

Después de todo, Ibarra, un ex alumno del Nacional Buenos Aires, al que tomar clases de latín lo ufanaron en su adolescencia, habrá querido ser estricto en la traducción de « dieta», «modo de vida». Así se le ocurrió que no habría mejor modo de vida para una porción de la clase política porteña que la beneficencia. En todo caso, la propuesta no es original. Cuando Enrique Olivera era vicejefe de Gobierno de la Capital, envió a la Legislatura un proyecto de ley de división de la Ciudad en comunas, que imponía que las autoridades de las mismas no cobraran sueldos.

La noticia, renovada ahora en boca de
Ibarra, causó desconcierto entre los aliancistas, casi nuevamente en pie de guerra, al dejar librado a otro tipo de posibilidades -ya no de capacidad o de trascendencia política-la hechura de las boletas a los futuros cuartos oscuros.

«
No parece muy razonable que un cargo de responsabilidad sea estrictamente ad honorem, va a limitar a quienes tengan fortuna personal o terminen dedicando dos horas por día», meditó el titular del bloque radical Cristian Caram, que acotó: « No es momento para pelearnos con el Frepaso».

Apaciguamiento

La idea de que los cargos, que treparían a 112 si la Ciudad se divide en 16 minidistritos, sean ad honorem, creen algunos ibarristas que apaciguaría la inquietud por abrir las urnas este año. Seguramente encontrarán 112 porteños ansiosos por concretar su «live motive»: procurar la reparación de baches, podas de árboles, reposición de luminarias, recolección de basura y cobro de impuestos para sus vecinos, sin sueldo, ni dieta.

El jefe de Gobierno aún no decidió presentar formalmente la propuesta ante su propio bloque legislativo para que inicie la etapa de convencimiento con los socios radicales. Uno de los motivos de la demora es que el titular del bloque Alianza,
Schifrin, no estaría convencido de semejante innovación.

La estrategia, sin embargo, es a más largo plazo, más precisamente para cuando radicales y frepasistas, si pueden, terminen acordando de qué manera dividir la Capital.

Sellado ese mapa en cantidad de zonas y correspondientes límites, se pasará a discutir qué porción del presupuesto municipal manejará cada junta comunal y qué retribución se llevarán el presidente y los seis vocales que la tendrán a cargo. Una discusión que en los tiempos de los legisladores porteños no augura llegar a definirse este año
.

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