14 de octubre 2005 - 00:00

Insistirá en que sigan españoles sin Suez

Antoni Brufau
Antoni Brufau
Para el gobierno argentino, según se podía escuchar de sus principales jerarcas ayer, antes de que partieran hacia Salamanca, el trofeo más importante que podría conquistarse en este viaje sería la ratificación de que aún está viva la negociación con Aguas de Barcelona (AgBar) en el caso Aguas Argentinas. La presencia de Julio De Vido en la comitiva presidencial está dirigida, principalmente, a llevar adelante esta gestión.

¿En qué consiste esa negociación? En que la empresa catalana se mantenga dentro de Aguas Argentinas como operador técnico del servicio, mientras un fondo de inversión se hace cargo de la propiedad de la compañía. No se trata de una aspiración fácil de satisfacer. Por eso también se habla de darle a la participación de Aguas de Barcelona un formato más discreto, de «asistente técnico».

• Escollos

¿En qué radica la dificultad? En primer lugar, en la ecuación económica de la compañía: el negocio es tan controvertido que el gobierno no encuentra todavía al financista que quiera intervenir en él. Aunque por ahora la estatización, de la que se habló en un primer momento, estaría descartada. A este escollo se le suma otro: AgBar es una filial de Suez, la empresa francesa que decidió retirarse de la Argentina. Si Suez se fue de Aguas Argentinas, ¿por qué habría de volver a involucrarse a través de AgBar?

Néstor Kirchner supone que habría un mínimo estímulo político para hacerlo: también la Caixa de Catalunya es socia de AgBar, aunque de modo minoritario. La Caixa es la entidad financiera que hoy controla Repsol -Antoni Brufau, el presidente de la petrolera, proviene de allí-, Gas Natural BAN, Abertis y otras importantes compañías de servicios públicos españoles con intereses en la Argentina. Siempre según esta lógica más política que empresarial, la Casa Rosada recurrió precisamente a Brufau para que él interceda ante Ricardo Fornesa (presidente de la Caixa y de AgBar desde hace 26 años) y ante Isidro Fainé (director general de la Caixa) para que accedan a una ecuación capaz de solucionar el problema que se abrió con el fracaso de las negociaciones con Suez.

Sin embargo, esos empresarios tienen un doble límite. Por un lado, representan a la minoría en AgBar, como se dijo. Por otro, no querrán irritar a sus socios franceses de Suez por quedar bien con un gobierno que rompió las negociaciones por su propia iniciativa. Dificultosa gestión, entonces, la de Kirchner en Salamanca, que lo pondrá nuevamente frente al espejo de una intemperancia que tuvo consecuencias que no imaginó en pleno proceso electoral. Por eso anoche, antes de partir, los funcionarios se daban «por hechos» si se conseguía apenas mantener la negociación con los catalanes.

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