6 de junio 2005 - 00:00

Intenta Duhalde un cerco para retener a intendentes

Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde
Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde
A su regreso de Ecuador, Eduardo Duhalde intentará bloquear el éxodo de intendentes del PJ hacia los brazos de Néstor Kirchner. Será un empeño del que espera cosechar algo más que reconocimientos de respeto y la promesa, brumosa, de que regarán la opción de un pacto interperonista.

La mudanza de caciques del conurbano desde el PJ duhaldista hacia el kirchnerismo forzó a Duhalde a moverse para impedir que el camino que abrieron Julio Pereyra y Alberto Descalzo se amplíe a otras migraciones.

Para mañana, el ex presidente tiene agendadas reuniones con algunos de los intendentes que, a pedido de Kirchner, amenazan con iniciar un proceso de captura de dirigentes para engordar el armado del presidente en Buenos Aires, con el lema «Cristina Senadora» como bandera.

Ninguno se negará a una charla con el ex presidente a quien le deben mucho pero, tampoco, ninguno llega con el sí fácil para revisar la decisión de reorientar su norte político y mutar su veneración al lomense en veneración y juramento de lealtad a Kirchner.

Puede, incluso, que al ex presidente lo abrumen con su propio archivo. «Duhalde siempre dijo que el PJ no puede ser bicéfalo. Y dijo también que él se estaba retirando de la política. ¿Qué quería que hagamos?: ahora el poder es Kirchner», señaló un intendente.

En todo caso, como aporte consuelo, Duhalde escuchará de boca de sus ex soldados que trabajarán por un acuerdo con Kirchner. La mayoría de los intendentes del PJ prefiere un entendimiento a pesar de que poco y nada pueden hacer, tanto a favor como en contra de un entendimiento.

• Rupturistas

No todos piensan igual. Alberto Balestrini (La Matanza) y Sergio Villordo ( Quilmes) hace tiempo se pararon frente a Duhalde y prefieren una ruptura con el duhaldismo.

«Si queremos cambiar la provincia, no podemos hacerlo con las mismas caras de siempre»,
dicen cerca de uno de ellos.

Allí un primer cortocircuitocon el eje que comandan
Descalzo y Pereyra, y al cual se suman Humberto Zúccaro (Pilar), Andrés Arregui (Moreno) y Mario Ishi (José C. Paz). También puede anotarse a Raúl Othacehé, de Merlo, pero «el Vasco» es un acertijo en sí mismo.

La lógica es lineal: muy pocosintendentes pueden permitirse estar enfrentados a la Casa Rosada y La Plata. Veamos, para graficar, un caso:
Andrés Arregui, de Moreno, responde al diputado provincial Mariano West, ex ministro de Felipe Solá, ahora enfrentado ferozmente con el gobernador.

West
ficha -o fichaba- en el duhaldismo por lo cuál no tenía margen de acción. Al final, eligió y aceptó la seducción de la Casa Rosada. Situaciones similares pueden encontrarse a la largo y lo ancho de la provincia.

Sobre esa fertilidad, saldrán a sembrar
Pereyra y Descalzo para sumar adherentes a la Casa Rosada. Convocarán a intendentes duhaldistas pero también llamarán a jefes comunales ligados con el felipismo, lo que ya generó cortocircuito con operadores del gobernador.

• Aclaración

Fue el segundo en pocas horas: el sábado, desde el entorno de ese dúo, se avisó que su vínculo es con Kirchner sin que eso implique identificarse con Solá. «Somos kirchneristas, no felipistas», aclararon para apagar el rumor de que habían firmado su pase hacia el felipismo.

No es un capítulo fácil. ¿Cómo se ensamblará el armado que vienen haciendo
Solá, intendentes como Balestrini o Carlos Kunkel, en general a partir de su antiduhaldismo, con lo que construyan estos nuevos coroneles del kirchnerismo en la provincia?

Nadie tiene una respuesta precisa. Ante un acuerdo integral -hoy por hoy improbable- todos confluirán en un mismo espacio, pero
si hay pacto a nivel nacional y confrontación por cargos provinciales, ¿cómo se unirán esos fragmentos?

A eso deben agregarse otros dos actores: el vecinalismo y los radicales disidentes del Grupo Olavarría que, desde la Casa Rosada -al igual que desde La Plata-, muestran como potenciados aliados electorales en octubre.

Esta tarde,
Kirchner firmaráacuerdos con siete intendentes vecinalistas, encabezado por Alberto Groppi (Esteban Echevarría). Esos alcaldes llevarían al Frente para la Victoria (FPV) a nivel provincial y nacional colgadosde sellos propios en sus ciudades.

Lo mismo ocurre con la porción del Grupo Olavarría -
Gustavo Posse, de San Isidro, y Helios Eseverri, de Olavarría,- que Kirchner y Solá imaginan a su lado. El gobernador podría, incluso, ofertarle bancas provinciales y hasta un ministerio a esa rama radical.

Pero de allí a compartir listas sumándose al Frente para la Victoria hay un largo trecho. El peronismo entiende poco de internas radicales y no es fácil retirar a algunos intendentes del sello UCR, como es difícil hacerlo con alcaldes peronistas respecto del lema PJ. Y a los vecinales, ya divorciados del partido de origen, como
Posse,hasta ahora les va bastante bien sin padrinos nacionales.

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