14 de octubre 2005 - 00:00

Izquierda extrema pide "no voto" o "voto bronca"

En plena campaña electoral, con los candidatos buscando votos, el Partido Comunista Revolucionario -escindido del PJ en los '60, luego pro China de Mao, y vuelto anti de ese país después de la apertura económicaorganiza un acto esta tarde en el microestadio de Ferro para incentivar el «voto bronca». Naturalmente, no compiten en elecciones y reniegan del sistema electoral. A través de su periódico «Hoy», el PCR explica esa actividad, mientras evalúa a Kirchner y cómo encaran los distintos sectores políticos la elección.

Una parte del «ajuste» a los trabajadores estatales, la salud, la educación y la vivienda, que el gobierno llama «superávit fiscal» va al pago de la deuda externa. La otra parte ha ido a la descarnada compra de candidatos y votos.

Un ejemplo: aplicando su «nueva política», el gobierno de Kirchner compró los dos primeros puestos en la lista de diputados de la UCR de Corrientes por 600 millones de dólares.

Otro: Alicia Kirchner, ministra y candidata oficialista por Santa Cruz, mientras prepara el programa de liquidación de los planes sociales, ha llevado la compra de votos al nivel de flotas de camiones cargados de heladeras, lavarropas, cocinas y otros electrodomésticos desfilando hacia los locales oficialistas.

La campaña del frente kirchnerista es ejecutada directamente por el gobierno, con fondos oficiales para los actos, los viajes, los electrodomésticos, la entrega de subsidios y obras públicas.

• Alianzas

El kirchnerismo, sobre la base de su política -el mejor pagador de deuda externa, grandes beneficios a los monopolios y terratenientes-y del manejo arbitrario de las «cajas» del Estado, ha desarrollado su fuerza propia y ha articulado alianzas con sectores que en su momento fueron del «Proceso» (Bielsa, el santiagueño Figueroa, Balza, etc.), del menemismo (Maza, Solá, etc.), del cavallismo ( Alberto Fernández), del duhaldismo (la mitad de los ministros) y de la «izquierda» que se quedó a vivir en la Casa Rosada (Patria Libre, PC Congreso Extraordinario, etcétera).

Kirchner, que llegó al gobierno de la mano de Duhalde con 17% de los votos (del total del padrón electoral), busca el respaldo de un gran triunfo electoral para garantizar la gobernabilidad de la Argentina para su «modelo»: mantener los salarios en promedio por debajo la línea de pobreza; una inflación que licue los aumentos; mantener una masa desocupada que presione los salarios a la baja.

• Objetivo

Kirchner confía en que sus candidatos superen por 20 o 30 puntos al duhaldismo en Buenos Aires, y en aparecer como «gran ganador» nacionalmente. Con esos resultados, se dispone a controlar el peronismo, manteniendo el Frente para la Victoria como estructura política de sosténdel gobierno. La «oposición» dentro del sistema son grupos que no están «cómodos» con el reparto de beneficios que hace el kirchnerismo como «gerente» del Estado oligárquico-imperialista.

El duhaldismo y el alfonsinismo confían en recoger una parte del voto peronista y radical para mantener «sus aparatos», limitar el ascenso kirchnerista y posibilitar la candidatura presidencial de Lavagna en 2007.


Claro que, por si les va mal, «abren el paraguas». Chiche Duhalde (entremezclada con críticas al gobierno) dijo que si a Kirchner le iba bien, ella apoyaría su reelección. El radicalismo se siguió desgranando: una parte del grupo Olavarría y el gobernador fueguino Colazo se sumaron al kirchnerismo, otros gobernadores negociaron o le vendieron puestos de diputados, y algunos se fueron con López Murphy.

Macri, López Murphy y Sobisch repiten la propaganda tradicional de la derecha: un Estado eficiente, con seguridad jurídica para que vengan las inversiones extranjeras, que garantice el orden poniendo fin a la protesta social. Así, en 20 y 30 años se «derramará» la felicidad sobre todos.


Menem denunció como un «golpe institucional» kirchneristael cambio de la Corte Suprema y apuesta a recoger el voto del sector ultrarreaccionario de la Iglesia y el de militares «procesistas».

Macri necesita ganar la Capital Federal; López Murphy, hacer una buena elección en Buenos Aires; Sobisch, aplastar al kirchnerismo en Neuquén; y Menem, ganar La Rioja.

De esto dependerá el armado de un frente de « centroderecha» para el año 2007.

Elisa Carrió aspira a ganar en la Capital Federal, desde posiciones «centristas» (y abrazada al ex delarruista Olivera). Binner, aliado a los radicales, puede ganar Santa Fe. Las ilusiones de este sector (grupo Rosario) en un « frente amplio» como el que ganó en Uruguay han quedado reducidas a Santa Fe.

Si hacia 2007 hay dos frentes, uno kirchnerista y otro del «centroderecha», ¿no será Binner candidato a gobernador en Santa Fe y apoyará, a presidente, a Kirchner, al que una vez definió como «el capitán del barco»?

¿Y no será Carlos Heller el candidato a jefe de Gobierno de la Capital y hará lo mismo que Binner en lo nacional?

• Ilusiones

Varias fuerzas de la izquierda han optado por participar con candidatos. Aspiran a mantener o a lograr diputados, legisladores o concejales. Con muchas de ellas estamos y seguiremos participando juntos en la lucha social, democrática y antiimperialista.

Pero no compartimos ese camino de acumulación de fuerzas parlamentario que alienta ilusiones en que es posibleir, por ese camino, más allá de una oposición testimonial, cuando las brasas del argentinazo, avivadas por la lucha popular, empujan el auge de lucha de las masas.

Lo que se oculta o no se quiere reconocer es que las clases dominantes están alarmadas porque se advierte una «abstención récord en elecciones» de octubre.

• Objetivo

Ya no es comida o zapatillas; los candidatos del sistema reparten heladeras para comprar votos. O agitan el fantasma del «complot» de la derecha. Más allá de la complejidad que entraña el resultado electoral, lo que las clases dominantes olfatean para el 23 de octubre es que la puja entre los candidatos del sistema -que será un dato importante para el futuro-corre el riesgo de no ser el dato esencial del balance electoral. Sienten que la cifra de no votantes, más lo que lo hagan en blanco o nulo, puede imponerse, por su peso, como un dato fundamental de la realidad política nacional.

Ese es el objetivo en el que
los comunistas revolucionarios estamos empeñados, unidos a una corriente de masas.

Tienen miedo de que quede clara la voluntad de una gran parte de la clase obrera y sectores populares y patrióticos, de rechazar la política kirchnerista y a las opciones del mal menor.

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