13 de mayo 2004 - 00:00

Kirchner en el conurbano ayer para desafiar a los duhaldistas

Néstor Kirchner, ayer en Ensenada, localidad bonaerense a la cual concurrió para participar de un acto de entrega de fondos para la construcción de viviendas, donde el intendente es un vecinalista, no peronista.
Néstor Kirchner, ayer en Ensenada, localidad bonaerense a la cual concurrió para participar de un acto de entrega de fondos para la construcción de viviendas, donde el intendente es un vecinalista, no peronista.
Tras cuarenta días sin pisar Buenos Aires -temporada que anotó su más cruda porfía con Eduardo Duhalde-, Néstor Kirchner volvió ayer al reino del peronismo. Lo hizo con un desafío contra los «caciques partidarios» que, con su «vieja lucha», estorban «la lucha por la justicia y la dignidad» que necesita el país.

No parece, si de gestos de reconciliación se trata, la recepción más grata para Duhalde, que hoy, muy temprano, regresa de Bruselas luego de una gira de casi dos semanas por Latinoamérica y Europa. Desde allí avisó: «Llego y me pongo a disposición del Presidente».

Tampoco, como símbolo, es ingenuo el lugar que eligió el patagónico para su reaparición en el territorio hostil que, por estos días, es Buenos Aires: Ensenada, uno de los pocos municipios del tercer conurbano que domina un alcalde no peronista.

Se trata de Mario Secco, gremialista municipal que patentó un partido vecinal y se abrazó a Elisa Carrió para destronar a Adalberto Del Negro, un peronista cercano a Felipe Solá que intentó, sin éxito, inaugurar el PJ kirchnerista en la provincia.

Para el PJ, que no es «una escuela de señoritas», como dijo Duhalde, es otro motivo de enojo. Menos drástico y relevante pero tan incómodo -según el prisma peronista-como el que originó la foto que hace dos semanas se sacó Kirchner con intendentes transversales: Ibarra-Juez-Lifschitz, más el ex Hermes Binner.

Disfruta el Presidente con esas provocaciones. Y ayer, escoltado por su hermana, la ministra Alicia Kirchner, el anfitrión Secco y Felipe Solá, alineódos frases para molestar al cacicaje:

• «No puede ser que la vieja lucha de los caciques partidarios nos aleje de la lucha por la justicia y la dignidad que necesita nuestra querida patria», dijo en un mensaje dirigido a los cumbristas de San Vicente: Duhalde -que ayer dijo que «no tiene interés» en ocupar cargos partidarios-, el cordobés José Manuel de la Sota y el santafesino Jorge Obeid.

• «No me siento atado a ninguna estructura.» Una vindicación de la transversalidad que Olivos alienta contra el peronismo «pejotista». Y una negativa -aunque mantiene una postura ondulante-a asumir la jefatura del PJ, tal como pide el matrimonio Duhalde.

• Reclamo reiterado

Con su reaparición en Buenos Aires, Kirchner volvió a compartir las tablas con Solá, que reiteró el reclamo de mayor coparticipación para la provincia. Toda vez que puede, Solá recuerda que el santacruceño, siendo candidato, prometióaumentar las remesas a La Plata.

Y ayer, como ocurrió ante otros reclamos llegados de las provincias,
el Presidente se hizo el distraído. Mientras Solá desglosaba el pedido de más coparticipación, Kirchner repartía besos y apretones de mano, haciendo equilibrio al borde del escenario.

A tu turno, el santacruceño reeditó sus críticas contra lo ocurrido en los años '90, período al que llamó la «
segunda década infame», comparándola con la década del '30.

«No vine para estar sentado en el sillón, ni para ser un pasante del poder, como lo fueron otros, o para ser un empleado de los intereses de afuera, como lamentablemente fueron otros que llevaron a la Argentina a la situación en la que está»,
apuntó encendido.

En la misma línea, advirtió que hay «algunos» que buscan descalificarlo y le dicen que tiene que ser un presidente obediente, que se porte «
ordenadamente». Pero, respondió: «No vine ni para que me bajen los brazos ni para claudicar». Luego, agotando ya esa retórica de atacar a adversarios que no menciona, llamó a « tomar la responsabilidad de la hora de la historia».

La de ayer a Ensenada fue la segunda salida de Kirchner luego de la gastroduodenitis que lo mantuvo en reposo durante una semana. La anterior fue el 29 de abril, a Mendoza: para quienes anotan los detalles, allí también gobierna un no peronista, el radical Julio Cobos.

La última vez que visitó una provincia peronista fue el 1 de mayo, cuando viajó a Santa Cruz. No es casual:
con el festival kirchnerista de Parque Norte, la exclusión de los gobernadores de la ESMA y el revoltoso Congreso peronista, marzo fue el mes de la distancia entre Kirchner y el PJ.

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