20 de enero 2006 - 00:00

Kirchner y el "garantismo": señales de una ruptura

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
Acaso la única buena noticia que le llegó a Cristina-Kirchner en las últimas 48 horas fue la designación de Tzipi Livni como la segunda canciller de Israel después de la legendaria Golda Meir. La nueva ministra de Asuntos Exteriores recibió a la primera dama en su visita a Tel Aviv el 17 de mayo del año pasado. Fue ella, por entonces a cargo de la cartera de Justicia, quien la ilustró sobre el significado del conflicto árabe-israelí. Ahora que esa interlocutora pasó a un plano de mayor exposición, ese viaje será recordado por la senadora más placenteramente.

En cambio el pronunciamiento de Human Rights Watch (HRW), una ONG con sede en los Estados Unidos dedicada a la custodia de las libertades individuales en el mundo, en contra de la reforma al Consejo de la Magistratura, arruinó recuerdos de otras travesías. Es que en uno de sus viajes al exterior, la senadora visitó esa institución y divulgó allí lo que venía haciendo el gobierno de su esposo para modificar la composición de la Corte, operación que el informe que ahora divulgó esa entidad elogia.

En ambas excursiones, obra de la casualidad, la señora de Kirchner iba acompañada del cónsul en Nueva York, Héctor Timerman. Este diplomático conoce bien a Human Rights Watch ya que estuvo entre sus fundadores, allá por 1978. Por eso ayer había quienes le imputaban alguna distracción por la elaboración del informe.

Es probable que Timerman encuentre quién lo defienda en la corte de Kirchner -de hecho, ayer se entrevistó precisamente con Cristina-. Pero en el caso del reporte que se conoció ayer hay algunos miembros del oficialismo que están antes que él en la lista de «imputables». El primero de ellos es, obviamente, José Octavio Bordón. El dictamen contra el Consejo de la Magistratura fue producido al lado de su casa, en la sede que HRW tiene en Washington. Es probable que el nivel de interlocución de Bordón con las autoridades de esa ONG, como con la de tantas otras, sea escaso o nulo y que no haya podido defender la iniciativa del gobierno en esa reforma tan delicada. Aunque es cierto que otras ONG con las que el embajador tiene contacto frecuente, como el Interamerican Dialogue, también castigaron a los Kirchner, en este caso por su controvertida conducta durante la Cumbre de las Américas. Peter Hakim, el amigo de Bordón, fue el encargado de usar el látigo. También cabe pensar que el ex gobernador ignore los detalles del proyecto oficial como para poder defenderlo.

Si se miran las cosas con más detalle, acaso tampoco sea Bordón el encargado de rendir cuentas por la crítica que una organización de derechos humanos lanzó contra un gobierno que hace del garantismo su bandera más preciada. Aun cuando no tenga el rango diplomático del embajador, sin duda Horacio Verbitsky comulga con la Casa Rosada con menos reservas que el amigo de Roberto Lavagna. ¿No le avisó el periodista-asesor ( veterano cófrade del staff de HRW) a la pareja presidencial que se los castigaría con un aplazo? El autor del informe que mortificó a la señora de Kirchner es un viejo amigo de Verbitsky, el chileno José Miguel Vivanco. Es raro que antes de emitir un documento sobre cuestiones judiciales no haya consultado a su contacto en Buenos Aires, nada menos que el autor de «Hacer la Corte», un libro sobre el Poder Judicial durante el menemismo cuyo título se volvió premonitoriamente autobiográfico, aun en su bisemia.

• Fisura

¿O las cosas serán al revés y Vivanco consultó a Verbitsky y hasta se inspiró en él? La afinidad que vino manifestando este periodista y militante por los derechos humanos con el gobierno tuvo una fisura perceptible la semana pasada, cuando el organismo que él preside, el Centro de Estudios Legales y Sociales, le envió al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y al secretario de Medios de Comunicación, Enrique Albistur, un memorándum pidiendo que se reforme el régimen de medios de prensa en manos del Estado para asegurar su autonomía. Una disidencia elegante con la Casa Rosada, derivada de la interrupción del programa «Esto que pasa» del periodista José Eliaschev por «Radio Nacional».

¿Llegó la hora de la despedida de algunas ONG admiradoras del gobierno? Si se trata de buscar responsables para las críticas que llovieron, esta vez desde Washington, sobre el proyecto del Consejo de la Magistratura, tal vez la lista esté encabezada por la propia Cristina Kirchner. Al tratarse de un proyecto que modifica un instituto constitucional relativo a la Justicia, la senadora debería ser especialmente cuidadosa de las formas. Si hay una instancia en la que debe «garantizarse el garantismo» es la de los métodos para designar magistrados. Si no se quiere, como parece pretender el gobierno, comenzar regalando argumentos a la oposición por la mera estética de los procedimientos (mucho más que por la naturaleza de la reforma en sí que es, hay que admitirlo, bastante inocua). Ya parece superado el caso Giustiniani y también las diatribas casi domésticas contra el vicepresidente de la Nación ligadas a él. Ahora se suman otras escenas que vuelven cada vez más pesada la piedra que se empeña en levantar el gobierno.

Basta ver lo ocurrido el miércoles pasado con los diputados que responden al cordobés Luis Juez. La senadora, que es además primera dama, intentó influir sobre el pensamiento de integrantes de otra Cámara, la de diputados. Para hacerlo usó un despacho del Poder Ejecutivo sin siquiera cuidar las formas de invitar al Ministro de Justicia, Alberto Iribarne. El sentido de toda la operación es modificar el organismo que designa y remueve a los jueces.Y todavía falta un mes para la « discusión parlamentaria», que ya comienza a parecerse a una enorme subasta de votos dentro de las distintas facciones del peronismo. Ni las dinastías nepalianas han exhibido tan poco aprecio por las reglas del protocolo. Ni qué hablar de la división de poderes. ¿Nadie asesora a la senadora Kirchner en materia de imagen y ceremonial? Como se ve, que se piense que el oficialismo tira por la borda el discurso de la pureza institucional y la división de poderes no es el resultado de un malentendido de gente políticamente correcta en Washington. Es, a esta altura, un objetivo del gobierno. Y cuando las cosas son así, no hay Timerman, Bordón o Verbitsky que alcance.

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