Kirchnerismo actuó dividido para apoderarse de control en Diputados
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Por lo pronto, no se recuerda desde la vuelta a la democracia en 1983 que una autoridad de la Cámara no haya sido elegida por el consenso del cuerpo. Ayer, el Frente para la Victoria y su anexo del Peronismo Federal bajaron al recinto con la novedad de pretender nombrar al vicepresidente tercero del cuerpo, un cargo que está pendiente de definición desde diciembre del año pasado y que el kirchnerismo usó hasta ahora como zanahoria para negociar votaciones con cada bloque de la oposición. Mucho se lo prometió, y ayer el gobierno finalmente definió oficialmente quiénes son sus aliados preferidos -en realidad, parte integrante del bloque oficial-.
La conducción que quedó ayer consagrada en Diputados supera en porcentaje incluso a la que el gobierno consiguió en el Consejo de la Magistratura. Tiene ahora en la Cámara baja 75% de los cargos, hecho que debe sumarse a otros abusos como los apuros antirreglamentarios en la votación de la prórroga a la Emergencia Económica en diciembre pasado o la ratificación del decreto correctivo de Néstor Kirchner al DNU por el que se creó AySA, que fue sancionado sin estar habilitado para la votación.
Pero si la arremetida del peronismo ayer en el recinto fue una ruptura de las mínimas reglas parlamentarias, la torpeza con la que se defendió la oposición tampoco reconoce antecedentes. El Justicialismo Nacional, escindido hace poco del peronismo de José María Díaz Bancalari, comenzó el ataque con una tibia exposición de Jorge Sarghini: «No sea que una cuestión de orden político de tiempo reciente nos esté llevando a resolver de manera veloz algo que ahora está sentando un precedente negativo». La cuestión en el recinto era saber qué bloque tenía el número suficiente para consagrarse como tercera fuerza. El radicalismo, otro hecho histórico, anunció que no apoyaba la candidatura propuesta. Hermes Binner pidió en dos ocasiones que le leyeran los integrantes del Peronismo Federal y del Justicialismo Nacional las otras dos variantes del PJ que podían acercarse a ocupar el puesto. El interbloque de macristas y provinciales protestó en boca de Federico Pinedo reclamando que se respetara la representatividad como regla para distribuir los cargos de conducción, pero el oficialismo no parecía escuchar. «Es un fraude a la representatividad, queda en claro que esto sigue un estilo presidencial, una orden de Néstor Kirchner que no repara en límites», dijo después la neuquina Alicia Comelli, candidata al cargo en juego por los provinciales.
Balestrini aceptó el pedido del socialista habilitando entonces la discusión sobre los diputados en licencia. Si los adolfistas Alicia Lemme y Hugo Franco, ocupando cargos en San Luis, eran reconocidos como activos en el Justicialismo Nacional, ese bloque hubiera quedado en 20 miembros. Al mismo tiempo, Balestrini se negó a computar como integrantes de ese grupode ex duhaldistas rebeldes a los tres diputados del PAUFE -partido de Luis Patti- que media hora antes habían comunicado su pertenencia a la bancada presidida por Sarghini. No hubo razón que aceptara el presidente de la Cámara, ni siquiera cuando el propio Carlos Bonacorsi -integrante del patismo junto a Nélida Mansur y Adriana Tomaz- le dijo en el recinto que no los computaran como votos para el Peronismo Federal sino en el peronismo rebelde, lo que hubiera bloqueado inmediatamente la candidatura de Graciela Camaño lanzada en el recinto por Díaz Bancalari.
Finalmente, Balestrini apuróla votación que terminó con 113 a favor -más el voto de Jorge Argüello, que no quedó registrado-, 41 negativos y 49 abstenciones. Como es de costumbre, el PJ festejó luego en las bancas, como cada vez que consigue este tipo de victorias.




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