9 de septiembre 2005 - 00:00

Kirchnerismo quiere Congreso inactivo hasta las elecciones

Carlos Snopek
Carlos Snopek
El oficialismo kirchnerista de Diputados comenzó a dar muestras de la intención de no sesionar, al menos por unas tres semanas y posiblemente hasta después de las elecciones. Dos son las causas que hoy se suman para esto: la falta de proyectos de importancia por tratar -después de votar la ley que aumenta facultades a la AFIP, es poco lo que queda de interés para el gobierno- y el peligro que hoy significa reunir en el recinto a todos los diputados que, en alianzas entre duhaldistas y la oposición, pueden provocarle un dolor de cabeza a la Casa Rosada. Con ese panoramaes mejor para el oficialismo pagar el costo de no sesionar que arriesgarse.

• Ejemplos de los problemas que puede haber sobraron en los últimos días. El kirchnerismo salió contento de la sesión de Diputados del miércoles pasado: «Condujimos permanentemente toda la sesión», aseveró uno de los cuatro conductores de la bancada. Pero lo cierto es que, como sucede en todo bloque, no todos los diputados que integran el núcleo fiel a Kirchner se hacen presentes en toda sesión. Sea por haber viajado, enfermedad o cansancio, de los más de 70 que lo integran, ese día bajaron al recinto sólo 54, más tres aliados circunstanciales del macrismo.

• Relación

Quedaron así expuestos a una abrumadora mayoría conformada por duhaldistas, radicales, aristas e izquierdistas, que consiguió ganar una votación aunque reglamentariamente ese número no fue suficiente para debatir una suspensión de ejecuciones hipotecarias.

• La relación entre el kirchnerismo y el subloque duhaldista no es pareja. En ocasiones hay acuerdos que permiten avanzar en alguna ley que exige el gobierno, y en otros casos la oposición bonaerense es feroz. Fue el ejemplo que se dio el miércoles con la ley que otorga poderes a la AFIP para combatir la evasión previsional que, aunque políticamente antipática y resistida por toda la oposición, fue votada por el duhaldismo (sólo hubo alguna excepción que se abstuvo), cuando minutos antes los mismos diputados se habían aliado con todo el arco opositor para intentar doblegar la resistencia del gobierno a sancionar la suspensión de ejecuciones.

• En este escenario, Roberto Lavagna no consiguió frenar una ley de promoción de la actividad algodonera. El periplo de esa norma, finalmente sancionada el miércoles, es digno de una comedia de enredos.

El proyecto se votó en el Senado con algunas inclusiones inquietantes:
establecía una reducción de retenciones a las exportaciones algodoneras y de la aplicación del IVA para incentivar la siembra.

Lavagna fue alertado inmediatamente y pidió que el tema se congelara en Diputados
.

Cuando llegó el proyecto a la Cámara baja, los diputados decidieron introducirle modificaciones para frenar ese antecedente que se estaba sentando sobre reducción de retenciones y eliminaron los cambios en el IVA. Convirtieron la ley, entonces, en un subsidio por $ 50 millones a cargo del Tesoro para incentivar a los productores de algodón. Se firmó el dictamen en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, y quedó, supuestamente, listo para el recinto.

El miércoles por la noche, cuando mediaba la sesión, la santafesina
María del Carmen Alarcón -lo hizo a las apuradas antes que se cayera el quórum- pidió el tratamiento de ese proyecto. «Señora diputada, no se me notificó la existencia de esa iniciativa», dijo con sarcasmo Eduardo Camaño, sabiendo lo que había sucedido: el jujeño Carlos Snopek, presidente de Presupuesto y Hacienda y hombre de confianza de Lavagna en el Congreso, había frenado la presentación reglamentaria del dictamen a la Presidencia de la Cámara para que el tema no se tratara.

Sin inmutarse,
Alarcón metió la mano abajo de su banco y le respondió: «Acá tengo el dictamen, presidente». Un minuto después el proyecto se habilitó para tratarlo sobre tablas y luego se aprobó a mano alzada incluso con el voto de algunos kirchneristas.

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