La Argentina y Uruguay, peor. El rey, un fracaso
Era previsible el final, pero nunca que fuera tan violento. La gestión de Juan Carlos de Borbón para facilitar el diálogo entre la Argentina y Uruguay demostró su inutilidad: no sirvió ni para resguardar las mínimas reglas de convivencia. Ayer, desde Santiago de Chile, Tabaré Vázquez dio la orden para que Botnia comenzara a operar inmediatamente. Fue el final de un día de desaires entre los dos presidentes. A la noche, Néstor Kirchner se encargó de demostrar que estaba "indignado". Tomó la decisión de Uruguay como una provocación innecesaria y "una falta de respeto". Resta para hoy otra reunión con el facilitador español que aparecía anoche imposible.
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Antes de
conocer la
decisión de
Tabaré
Vázquez de
autorizar el
funcionamiento
de
Botnia todo
era sonrisas
en la
delegación
argentina.
Néstor
Kirchner
abrazó,
como un
padre, a
Michelle
Bachelet y a
su esposa
Cristina.
Kirchner armó un cóctel incendiario de gestos y palabras: de arrebato, en un movimiento inesperado, se acercó a saludar a los asambleístas de Gualeguaychú que viajaron hasta Chile a protestar ante los que defendió «la causa» de la mudanza. Luego encapsuló la crisis a «la resolución en La Haya».
Fue una respuesta directa a los dichos del miércoles de Tabaré Vázquez que expresó su pesimismo sobre el diálogo bilateral y condicionó cualquier atisbo de entendimiento entre la Argentina y Uruguay a que se levanten los «piquetes» que, desde hace meses, llevan adelante los vecinos de Entre Ríos.
Con Kirchner y Tabaré en la trinchera, el facilitador José Antonio Yáñez Barnuevo y el canciller español, Miguel Angel Moratinos, trataban de parar una hemorragia con curitas. Una reunión clave entre los mediadores y funcionarios de ambos países se agotó sin resultados. El trato fue «amable»; el balance cero.
Salvo un milagro, nada bueno queda por esperar de lo que ocurra hoy: sólo por cortesía, para no intoxicar la cumbre con un incidente que sólo atañe a dos países, y particularmente para no despreciar la intervención del rey Juan Carlos de Borbón, está previsto que por la mañana se retomen las conversaciones.
Con Botnia a punto de empezar a humear, es probable que queden en suspenso las reuniones bilaterales que estaban programadas para hoy entre las comitivas de la Argentina y Uruguay con la delegación de España. Eso sí: no habrá contactos formales entre argentinos y uruguayos.
Temprano, Juan Carlos desayunará con los presidentes; a las 9 recibirá a Cristina de Kirchner y es probable, aunque anoche no estaba confirmado, un mano a mano entre Kirchner y José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Y una foto de Kirchner y Tabaré con el rey? Nunca más lejana.
Anoche, antes de que trascienda la novedad sobre la habilitación, el único objetivo era cuidar las formas: agradecer, entre elogios de todo color, la colaboración de la Casa Real que «permitió establecer un diálogo» entre los dos países, según el canciller uruguayo Reynaldo Gargano, a pesar de que «no dio resultado».
Los voceros argentinos eran menos drásticos. «La facilitación dio resultado porque permitió el diálogo aunque no se haya logrado resolver una de las cuestiones de fondo que es Botnia.» Y destacaban un dato: recordaban que la mudanza de ENCE, la otra pastera, fue por gestión de la corona española.
La historia de ese fracaso se escribió en poco más de cinco horas. Kirchner llegó a Santiago a las 17; apenas pasadas las 19 ya había naufragado la reunión convocada porYáñez Barnuevo y Moratinos con las comitivas de la Argentina y Uruguay para intentar acercar posiciones. A las 22, trascendió la noticia de la autorización.
Un movimiento del patagónico fue determinante. Antes de encabezar un acto en la residencia del embajador argentino en Santiago, salió a la calle a saludar a un grupo de 20 asambleístas que querían entregarle un petitorio. Cuando le hablaron de relocalización, les lanzó una sola frase: «Yo siempre defendí la causa».
Luego, ante la prensa, insistió con la propuesta de mudar Botnia o, de no ocurrir eso, dejar la resolución en manos del tribunal de La Haya. Las charlas que Yáñez, Moratinos, los cancilleres Gargano y Jorge Taiana, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fueron apenas malabares en el aire.




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