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Luis D’Elía
En rigor, luego de patinar con la propuesta de un salario mínimo de $ 730 -incluyendo asignaciones por 2 hijos-, planteo que no lograron instalar ni con su minirrebelión en el Consejo del Salario, la CGT los «primerió» al pedir un incremento de $ 100 y una rebaja en el IVA.
Urgidos a recuperar protagonismo, la línea crítica instaló la agenda en el plenario nacional de lunes y viernes y, con presencia de delegados de todas las provincias, definió una protesta escalonada en tres turnos:
• El lunes próximo, la CTA volverá a la Plaza de Mayo pero para renegar del gobierno. A media tarde, se instalarán frente a la Casa de Gobierno para reclamar la liberación de «los presos políticos» que calculan en «más de 5.000», muchos de los cuales son dirigentes ceteístas, entre ellos el líder piquetero de la FTV. El viernes último, la mesa de la CTA planteó esa queja que comparten con el grueso de las agrupaciones piqueteras, también opuestas a lo que definen como « criminalización de la protesta».
• Una semana después, volverán a salir con los bombos a la calle para protestar frente a la Casa de la Provincia de Neuquén por el inicio, en esa provincia, de un juicio contra 6 dirigentes de la CTA por la toma, dos años atrás, de una planta de Repsol YPF. Pesa sobre los gremialistas un rosario de imputaciones que fijarían la pena máxima, en caso de ser condenados, en 5 años. D'Elía se mira en ese espejo y tiembla.




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