20 de agosto 2002 - 00:00

La discusión política gira en torno a la Ley de Lemas

No fue exitosa en el país. Sin embargo se la considera hoy la mejor solución, por única vez, para dirimir la complicada elección presidencial próxima. Ya se la consideraba así en diciembre cuando el Congreso la aprobó para elegir presidente electo tras el interinato de Rodríguez Saá. Luego designó a Eduardo Duhalde que, ya presidente, no la quiere ahora. Con padrones partidarios propios depurados, algo que llevará tiempo, no sería necesaria en el futuro. El hecho de haber sido apoyada por Carlos Reutemann y no rechazada por José Manuel de la Sota, que la había propuesto en diciembre, ni por Carlos Menem, le da fuerza al proyecto. Además no obligaría a Rodríguez Saá y Kirchner a ir «por afuera» del Partido Justicialista. Pero no conviene y la enfrentará el duhaldismo que, por razones de mantener poder político y de seguridad frente al avance de investigaciones judiciales en su contra, no quiere que se elija un futuro presidente de la Nación sin su apoyo para lograr resguardos. Duhalde cuenta con el aval de un sector del radicalismo, el populista bonaerense que lo acompaña desde hace años, y se sumarían otros radicales que ven en la oposición a la Ley de Lemas una forma de lograr una cohesión interna que hoy no tienen. Además tal forma de resolver, en la mejor democracia posible, un presidente sólido para reencauzar al país no les sirve en lo partidario porque no ven chance de ganar tal cargo y podrían quedar más en evidencia con pocos votos si hay tantas opciones o lemas para el electorado, cuando el radicalismo puede ofrecer tan pocos atractivos. Por esto hasta dudaría Alfonsín aunque huele antidemocracia en estas internas como están planeadas. El duhaldismo confía en que sus 62 diputados pueden evitar cualquier intento de sancionar una Ley de Lemas que, por ser tema electoral requiere mayoría calificada (mitad más uno de los miembros de ambas cámaras, no de los «presentes»). Más aún: se espera un decreto del gobierno más controvertido todavía limitando el voto de ciudadanos en internas aunque ninguna ley autoriza disponer algo así. De cualquier manera todo es posible ya porque los principios constitucionales han sido muy vulnerados en la Argentina actual. Por empezar, el veto de Duhalde a la intervención de afiliados de un partido en internas de otro ni siquiera fue sometido al Congreso porque vivimos en un clima anticonstitucional: nunca se formó la comisión bicameral, que fijó la Constitución reformada de 1994, precisamente para tratar decretos del Ejecutivo. De cualquier manera se cree que la Corte Suprema deberá anular el veto de Duhalde a la sanción original del Congreso sobre esa prohibición a afiliados porque violó el espíritu de la ley que sancionaron los legisladores y hay fallos desde 1967 en ese sentido en el alto tribunal. Que la Corte Suprema anule el veto, como debería hacerlo por la jurisprudencia existente, no resuelve nada porque habría que usar padrones de afiliados a partidos políticos que están totalmente adulterados. Precisamente el atractivo de la Ley de Lemas por única vez se sobrepone a todas esas irregularidades y veto ilegítimo. Pero se están anteponiendo intereses particulares y partidarios antes que los constitucionales y por ende nacionales. Una variante que se le atribuye como posible a Duhalde es que facilite de sus legisladores que den quórum especial para sancionar la Ley de Lemas pero exigiría que revea Carlos Reutemann su decisión y presente su candidatura ya que públicamente se lanzó a apoyarla. Y no se sabe si Reutemann lo haría De cualquier manera eso calmaría a Duhalde, que imagina cualquier variante posible con tal de no entregarle jamás la banda presidencial a Carlos Menem. Pero no calma al duhaldismo, que sólo quiere retener poder y preservarse de las investigaciones judiciales. Se avecinan tiempos políticos tormentosos en discusiones y decisiones. Por ahora, el enfrentamiento político no afecta a la economía porque se especula que cualquier variante presidencial que en definitiva salga será mejor que la actual y merecerá, al menos inicialmente, apoyo internacional, salvo que sea demasiado grotesca la forma en que se eligió nuevo presidente de la Nación y si se burló o no la libre voluntad de la ciudadanía. Se está cayendo en autoritarismo. Duhalde dijo «la transparencia de las elecciones la garantizo yo».

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