La historia detrás del laudo: los argumentos y una pulseada
-
Adorni expone en Diputados y la oposición se prepara para acorralarlo
-
Milei participó en un debate sobre Keynes y aseguró que "sirvió para que políticos corruptos arruinen la vida de la gente"
Romina Picolotti
Este abogado fue designado árbitro por la parte argentina para integrar el tribunal, pero renunció luego de trazar la estrategia cuando el gobierno lo designó director en representación del Estado en Repsol YPF. Experto en arbitrajes -integra el tribunal que discute un reclamo de los constructores de Yacyretá- a este abogado se debió el gesto de recurrir al auxilio del politólogo Roberto Gargarella, que ha desarrollado en libros el argumento de que la protesta callejera en este caso es una forma de ejercer el derecho de expresión.
Esos argumentos fueron desarrollados por la jefa de abogados de la Cancillería, Susana Ruiz Cerrutti; la abogada Romina Picolotti (antes de asumir la secretaría ambiental)y el constitucionalista Juan Vicente Solá, firmante de la demanda. Los defendió el árbitro de la parte argentina, Enrique Barreira, a quien se debe el esfuerzo del fallo unánime que es un inusual logro argentino en materia internacional.
En la decisión del tribunal pesaron dos argumentos que opuso la Argentina ante la pretensión del Uruguay: uno es analítico y el otro de jurisprudencia. El primero es haber elegido como fundamento de la defensa que el corte de los accesos fue una forma que tuvieron los vecinos de Gualeguaychú de ejercer el derecho de expresión. Ese derecho, dijo la demanda, tiene jerarquía supraconstitucional por los tratados internacionales incorporados a la Constitución de 1994, y domina por sobre el otro derecho, el de la libre circulación.
No hubiera habido cortes, agregaba la demanda, si el Uruguay no hubiera avanzado en la construcción de las plantas sin las consultas previstas en el Tratado del río Uruguay. Esos cortes no perseguían arruinar la economía uruguaya ni hacerles la vida imposible a los turistas sino impedir las construcciones.
El segundo argumento fue un hallazgo en la jurisprudencia europea, la sentencia a favor del gobierno de Austria ante la demanda de una compañía de transportes porque no había reprimido un corte de rutas en ese país organizado por ambientalistas que protestaban por la eventualidad de que se transportasen materias peligrosas.
Esa sentencia del Tribunal de Luxemburgo -la Suprema Corte de Justicia de la Unión Europea- se introdujo como base argumental del derecho de los vecinos de Gualeguaychúa protestar y en defensa de la no represión de esas manifestaciones.
Inevitable que estos dos argumentos no los aprovechasen los críticos del piqueterismo criollo que alentó el gobierno desde la era Duhalde como una forma de acción política que no tiene nada que ver con esta manifestación de los vecinos entrerrianos, que no buscaron prebendas ni poder sino manifestarse con una energía que les faltaba a los funcionarios.
Uruguay percibió ese filón y por boca de uno de sus voceros se refirió a la Argentina, con ironía, como la «República Occidental Piquetera»; también incluyó en los alegatos de parte en este tribunal copia de artículos de periodistas argentinos que sostenían la misma posición para confrontar con la postura argentina defendida hacia afuera como si fuese una participación de activismo piquetero doméstico.
Raro que al país se le reconozca algo en tribunales internacionales y más cuando la Argentina ha jugado una cuestión de principios -de los vecinos, más que del gobierno-. Este actuó tarde pero empleó todos los recursos técnicos que tenía a la mano, incluso los propios de un litigio con fintas procesales que explotaron más de una desprolijidad del trámite siguiendo el criterio de la «defensa en cascada».
El sorteo de los árbitros fue impugnado por la Argentina por irregular; también el reemplazo del primer presidente del tribunal por el español que actuó al final, por provenir de España, país de una de las empresas que construyen en Fray Bentos. Nada de eso prosperó pero seguramente los árbitros vieron que la Argentina actuaba con firmeza, algo que seguramente los forzó a dar un dictamen unánime.




Dejá tu comentario