13 de noviembre 2002 - 00:00

La memoria selectiva de los Kirchner

Cristina Kirchner demostró ayer que la buena relación de la familia con todos los ministros de Economía que ejercieron el cargo desde 1991 es una ley. Trató a Carlos Verna, su colega, de manera mucho menos amigable que la que aplicó hace un mes para Roberto Lavagna, a quien casi agasaja. Una curiosidad en esta senadora, que en general se muestra rebelde con los poderosos (salvo los que ejercen su fuerza en Santa Cruz, como su esposo, claro). Con Verna, en cambio, el interrogatorio tuvo el tono de una indagatoria.

La animadversión por el colega pampeano tiene su explicación, claro. La Kirchner le reprocha a todo el «viejo Senado» la expulsión del bloque con la que la sancionaron en 1997. Sin embargo, su memoria es selectiva: quien pidió en aquel momento que se fuera fue José Manuel de la Sota y se le sumó después Eduardo Menem. Fue a raíz de que ella acusó al cordobés, en plena sesión, de estar defendiendo un proyecto cuestionable desde el punto de vista ético: la ley de aeropuertos. Ahora, De la Sota comparte con la legisladora los congresos organizados por Duhalde, donde aquellas disidencias parecen olvidadas. En otros campos, como el Senado, los odios siguen.

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