Las dos damas en actos y atriles

Política

En los actos casi simultáneos de ayer Cristina Kirchner reunió 3.000 personas y Chiche Duhalde 8.000. Pero no es eso importante porque en ambos casos 80% o más es gente llevada, sin entusiasmo, que aplaude por compromiso. Más visible esta apatía en el acto de Cristina que, además, siempre va a reunir menos gente porque el oficialismo es extremadamente cuidadoso en cuanto a concurrencias por temor a algún grito inoportuno, a alguna patota piquetera. Tiene pavor de un escrache y por eso limita los extras para la televisión. Ayer en Berazategui puso el gobierno 300 policías para evitar infiltrados. En la concentración duhaldista en Florencio Varela -sólo una hora antes- fue al revés: no más de 30 policías, llevan toda la gente que pueden, no limitan sino que agradecen a los que se agregan y si surgiera un exabrupto probablemente lo agradecerían como el gran favor que le hizo el ministro Aníbal Fernández al opositor Ricardo López Murphy insultándolo soezmente. Ser victimizado por cualquier gobierno siempre es un bien preciado en política.

El número de concurrentes entonces importa poco. Las escenografías también son secundarias. El acto de Cristina Kirchner parecía, por lo prolijo, una convención del Partido Demócrata o Republicano en Estados Unidos. Carteles impresos con marco, como si fueran cuadros, sustituyendo las pancartas de tela blanca pintarrajeada con aerosoles y sostenida por palos -como sucedía en los actos políticos en serio- y con leyendas iguales pro Cristina, algunas banderitas repartidas cada tantas personas, la bandera argentina de fondo con plisados caídos y perfectos, el atril, la iluminación teatral. Todo para la TV, lógico.

El duhaldismo tuvo un acto a la vieja usanza peronista. Claro, ellos no tienen al secretario de medios Enrique Albistur para algo lujoso que, por otra parte, no le conviene. Hubo bombos, pancartas, un escenario montado en un gimnasio en pleno suburbio y la clásica foto de Eva Duarte con el rodete atrás, más la de Perón, el escudo, la marcha y todo lo conocido. Un detalle: la segunda foto de Evita joven con pelo suelto cuando pasaba los fines de semana con Perón en San Vicente, un santuario transformado por los Duhalde. Mucho más tumultuoso que en el frío y casi mecánico acto de Cristina pero sin gran entusiasmo tampoco con Chiche. A uno fue el esposo, Néstor Kirchner, al otro no fue Duhalde. Tampoco significa mucho.

En cambio tiene connotaciones más políticas el estilo de ambas. Sólo coincidieron en que ninguna de las dos tiene nada serio que decir en los discursos y en que, obviamente, alabaron a Evita en el aniversario. Cristina Kirchner ya no atacó a Duhalde. Sólo se preguntó de qué lado estaría Evita y se la adjudicó como propia.

• Destinos

Con lo brava que era Eva Perón probablemente si viviera usaría a Chiche como secretaria, la que le alcanzaría las bicicletas o el pan dulce que sólo ella, por viveza y celos, pondría en manos de los pobres. A Cristina Kirchner, como es violenta, la tendría para ir a sacarles donaciones a «los oligarcas» que, obviamente también, ella repartiría. A Chiche la dejaría vestirse y peinarse igual. A Cristina no.

Como Cristina no puede atacar la situación de la provincia porque la gobierna Felipe Solá, que es aliado, y le pidieron parar el ataque a Duhalde, dedica la casi totalidad de la faz política del discurso a alabar al marido, que es el Presidente. Deberían informarle que a Hillary Clinton los expertos de imagen le silenciaron siempre alabar al marido porque no gusta al público esa actitud. Que siga alardeando tanto el mirar al pasado tampoco agrega votantes.

En general no gusta la agresividad de ninguno de los dos Kirchner sobre todo como leit motiv constante de sus discursos. Poseedor de gran suerte, con óptimo aporte del sector externo, invierno sin frío que eliminó el latente problema energético, desmoronamiento por corrupción de Lula en Brasil con quien en comparación perdía, arcas repletas de dinero para usar políticamente de aquí a octubre, probablemente el principal factor adverso que tenga el oficialismo en las próximas urnas sea su agresividad. Es grave porque, además, ni Néstor ni Cristina Kirchner tienen carisma como para arrastrar a la iracundia. La gente, aun los beneficiados directos, no siente a la pareja presidencial como comunes a ellos (que es la abismal diferencia que tienen con Juan y Eva Perón).

Chiche en cambio usa la humildad en sus discursos, todo lo opuesto. «Si el Presidente nos necesita lo apoyamos», dice. Tan sumisa parece que se asienta la impresión de que, apenas logren un número de escaños legislativos para asegurarse la supervivencia política y la supresión de la amenaza de juzgamientos, peligrosos se entregarán al kirchnerismo al que hoy se oponen por eso, sólo para que no los arrasen. Tampoco los Duhalde tienen carisma y menos propuestas. El carisma les rebotaba de Carlos Menem -cuando compartían todo- y del fluir de dinero de las arcas del Estado y del Banco Provincia para repartir, o sea el «voto pago fácil», como se dice del que prevalecerá en los comicios de octubre.

Para el grueso de la gente no hubo ayer atractivo en los actos, ni en los discursos ni en los personajes expuestos por televisión. Si algún voto se decidió ayer debió ser para Chiche Duhalde sólo por mostrarse no por el discurso: muchas personas -mujeres sobre todo- no la aprecian más ahora pero creen que votarla significará frenar a Cristina Kirchner.

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