13 de febrero 2004 - 00:00

Las incógnitas que todavía le falta despejar a Lavagna

Como sucedió durante la negociación del último acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Néstor Kirchner y Roberto Lavagna estuvieron desconectados respecto de las decisiones que se tomaban en el momento crucial. En aquel momento, las riendas las tenía Kirchner, quien se negó a atender los llamados telefónicos del ministro durante más de 36 horas. En cambio, en esta oportunidad la línea estuvo muda en el sentido inverso: recién ayer, durante la reunión que mantuvieron en la Casa Rosada, el ministro informó a su jefe sobre algunos detalles de la negociación que tuvo como desenlace la formación de un sindicato de bancos con Merrill Lynch, Unión de Bancos Suizos y Barclays Capitals. Hasta ese momento, tanto Kirchner como Alberto Fernández, el jefe inmediato de Lavagna, estuvieron en ascuas sobre el alcance de lo negociado en Boca Raton y, sobre todo, de los que se entregó a Merrill Lynch para que accediera a intervenir en la operación.

La charla de ayer tampoco sirvió para despejar todas las dudas. Se concluyó, eso sí, en que el gobierno no debería seguir insistiendo con 75% de quita y tampoco tendría que aparecer abrazado a una dureza que se atribuye más a su mentalidad -»ideología» para este caso sería una palabra excesiva- o a su capricho. ¿Cuál puede ser la operación de marketing capaz de corregir ese flanco de irracionalidad que se exhibió desde lo más alto del gobierno? Esta es la primera cuestión que la Casa Rosada deberá despejar en combinación con Lavagna.

• Letra chica

Otras incógnitas son más inquietantes para Kirchner y no quedaron en claro todavía. Por ejemplo, cuál es la letra chica del convenio con los bancos, en especial con Merrill, a cuyo humor el Presidente y su ministro quedaron peligrosamente atados ahora. Porque ¿qué sucedería con la administración argentina si Johnny Casas, el titular de la filial porteña de esa institución, o sus jefes neoyorquinos deciden desembarcar antes de marzo? No es una pregunta fantasiosa: el caso estuvo a punto de suceder en las últimas 48 horas, cuando los bancos se quejaron de algunas modalidades de Guillermo Nielsen para llevar adelante la negociación del contrato.

Es cierto que, en el caso de Merrill, hizo alguna concesión estética en favor del gobierno. Por ejemplo, apartar a uno de sus vicepresidentes, Jacob Frenkell, del centro de la escena
. No debe atribuirse esta ductilidad a que este ejecutivo esté de capa caída en la interna del banco. O a que Frenkell fue demasiado peyorativo con la gestión de Lavagna en su última presentación en el World Economic Forum de Davos, hace apenas semanas. Más bien hay que pensar en que en Merrill predominó el afán de lucro -se trata de un banco, finalmente- sobre el orgullo herido del funcionariado de la entidad. «París bien vale una misa.» Lo que no se sabe, y Lavagna todavía no se lo explicó a Kirchner, es cuánto más vale París. En otras palabras: ¿cuál será el monto de la comisión que pedirán los bancos, sobre todo el último en llegar a la mesa? y ¿cómo se presentará esa factura ante un público que se cebó con un discurso antifinanciero desde hace más de dos años?

Hay un interrogante más que debe resolver Lavagna: la explicación que se ofrecerá al público para pasar de 75% de valor nominal en la quita a 75% en el valor presente de los bonos, que es el primer criterio -muy grosero todavía- que imaginan los banqueros para sacar al gobierno de su empantanamiento verbal. Hay malpensados que ya temen que pagarán este giro con su propio pellejo: menemistas, delarruistas, también duhaldistas temen que, para ocultar el paso dado hacia la ortodoxia, se alentarán desde la Casa Rosada todas las operaciones posibles, en general judiciales, con nombres de famosos como combustible. Se advierte mucha paranoia en la Argentina de hoy. ¿Habrá motivos?

Otra pregunta que quedó ayer sin despejar es el papel que cumplirá en adelante Nielsen
. Los que conocen la entretela de las gestiones realizadas en los últimos meses saben que el secretario de Finanzas admitió hace tiempo que sus superiores se habían pasado de la raya en sus arrebatos retóricos. Pero por jerarquía burocrática, por la falta de conocimientos técnicos que se le imputaron desde la primera hora (y que no logró desmentir al cabo de casi 24 meses) y hasta por la petulancia con que trató siempre al Merrill Lynch (ahora su salvador), se teme que la suerte de Nielsen está echada. Y que eso explica la presencia de Leonardo Madcur en todas las escenografías montadas por Lavagna desde Boca Raton en adelante. Este funcionario, hijo del dirigente de la Cámara Argentina de la Construcción, constituyó desde hace tiempo su propio equipo en relación con el ministro. Allí figuran otros nombres célebres del sector, como el de Sergio Chodos, hijo de Gregorio y ex integrante del staff de un estudio de abogados que ahora aparece junto a Merrill Lynch para operar el canje.

Precisamente la selección de los abogados será otra de las condiciones que debe satisfacerse todavía para que el sindicato de bancos comience a funcionar
. Será tema de discusión la semana que viene, cuando se identifiquen a los profesionales que actuarán en Nueva York y Buenos Aires.

• Prudencia

El Fondo Monetario Internacional celebró ayer, indirectamente, el paso que dio el gobierno en relación con los bancos que negociarán el canje. Casi anunció que, ahora sí, se puede acceder a la aprobación de las metas en su segunda revisión y al «roll over» de los 3.100 millones de dólares que vencen en marzo. Sin embargo, habría que tener más prudencia en esa evaluación. Los bancos sindicados todavía no comenzaron a analizar la ecuación financiera ya que antes pretenden que se resuelvan los enigmas pendientes. Sobre todo, uno: si Kirchner aprobará, finalmente, el giro que dio Lavagna después de Boca Raton en todas sus consecuencias. Ya Duhalde conoció, en su momento, estas vueltas en el aire del ministro y decidió negociar él, personalmente, con Horst Köhler y enviar a Eduardo Amadeo como embajador a Washington para tener allí ojos y oídos propios. El respaldo presidencial a la revisión de Economía es más que probable pero los banqueros quieren tener constancias. Esperan ver el decreto firmado, en detalle. No vaya a ser que toda la operación sea sólo «una mise en scènne» para pasar los «idus de marzo». Lavagna arrastró tanto los pies hasta ahora que nadie confía demasiado en sus nuevas condiciones de velocista.

Dejá tu comentario

Te puede interesar