Las incógnitas que todavía le falta despejar a Lavagna
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Es cierto que, en el caso de Merrill, hizo alguna concesión estética en favor del gobierno. Por ejemplo, apartar a uno de sus vicepresidentes, Jacob Frenkell, del centro de la escena. No debe atribuirse esta ductilidad a que este ejecutivo esté de capa caída en la interna del banco. O a que Frenkell fue demasiado peyorativo con la gestión de Lavagna en su última presentación en el World Economic Forum de Davos, hace apenas semanas. Más bien hay que pensar en que en Merrill predominó el afán de lucro -se trata de un banco, finalmente- sobre el orgullo herido del funcionariado de la entidad. «París bien vale una misa.» Lo que no se sabe, y Lavagna todavía no se lo explicó a Kirchner, es cuánto más vale París. En otras palabras: ¿cuál será el monto de la comisión que pedirán los bancos, sobre todo el último en llegar a la mesa? y ¿cómo se presentará esa factura ante un público que se cebó con un discurso antifinanciero desde hace más de dos años?
Otra pregunta que quedó ayer sin despejar es el papel que cumplirá en adelante Nielsen. Los que conocen la entretela de las gestiones realizadas en los últimos meses saben que el secretario de Finanzas admitió hace tiempo que sus superiores se habían pasado de la raya en sus arrebatos retóricos. Pero por jerarquía burocrática, por la falta de conocimientos técnicos que se le imputaron desde la primera hora (y que no logró desmentir al cabo de casi 24 meses) y hasta por la petulancia con que trató siempre al Merrill Lynch (ahora su salvador), se teme que la suerte de Nielsen está echada. Y que eso explica la presencia de Leonardo Madcur en todas las escenografías montadas por Lavagna desde Boca Raton en adelante. Este funcionario, hijo del dirigente de la Cámara Argentina de la Construcción, constituyó desde hace tiempo su propio equipo en relación con el ministro. Allí figuran otros nombres célebres del sector, como el de Sergio Chodos, hijo de Gregorio y ex integrante del staff de un estudio de abogados que ahora aparece junto a Merrill Lynch para operar el canje.
Precisamente la selección de los abogados será otra de las condiciones que debe satisfacerse todavía para que el sindicato de bancos comience a funcionar. Será tema de discusión la semana que viene, cuando se identifiquen a los profesionales que actuarán en Nueva York y Buenos Aires.
El Fondo Monetario Internacional celebró ayer, indirectamente, el paso que dio el gobierno en relación con los bancos que negociarán el canje. Casi anunció que, ahora sí, se puede acceder a la aprobación de las metas en su segunda revisión y al «roll over» de los 3.100 millones de dólares que vencen en marzo. Sin embargo, habría que tener más prudencia en esa evaluación. Los bancos sindicados todavía no comenzaron a analizar la ecuación financiera ya que antes pretenden que se resuelvan los enigmas pendientes. Sobre todo, uno: si Kirchner aprobará, finalmente, el giro que dio Lavagna después de Boca Raton en todas sus consecuencias. Ya Duhalde conoció, en su momento, estas vueltas en el aire del ministro y decidió negociar él, personalmente, con Horst Köhler y enviar a Eduardo Amadeo como embajador a Washington para tener allí ojos y oídos propios. El respaldo presidencial a la revisión de Economía es más que probable pero los banqueros quieren tener constancias. Esperan ver el decreto firmado, en detalle. No vaya a ser que toda la operación sea sólo «una mise en scènne» para pasar los «idus de marzo». Lavagna arrastró tanto los pies hasta ahora que nadie confía demasiado en sus nuevas condiciones de velocista.




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